Crónica de una búsqueda y viaje al mundo del terror

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La investigación en soledad por parte de una familia mercedina llegó a ser determinante en el juicio a represores emblemáticos. Pasó casi desapercibido el protagonismo de los Bojorge en un mega juicio.

Por Sergio Javier Resquín

Hace un par de meses  terminó de sustanciarse el juicio oral que llevó al banquillo a los responsables del chupadero La Cacha, nombre usado por las fuerzas de   seguridad que operaban desde este predio cercano a  la cárcel de Olmos, a poco de la ciudad de La  Plata.

En gran medida este juicio tomó impulso por la búsqueda admirable de la familia Bojorge de los restos de una de sus  integrantes: Stella Maris.

La investigación en soledad por parte de la familia mercedina reconstruyó los días de detención y casi como en una reconstrucción del horror, llegó al   lugar donde yacían sus restos como NN en el cementerio de La Plata. La recopilación de datos respecto a este chupadero fue tan minuciosa como   alejada del apoyo del Estado nacional o provincial y de organismos de derechos humanos que, nunca tomaron este rumbo en la búsqueda de los   cuerpos de los desaparecidos, sencillamente por estar cooptados por el gobierno. Lo curioso es que si bien el juicio tuvo su trascendencia en medios  nacionales pasó casi desapercibido, aún siendo una familia mercedina la principal impulsora, casi fundacionalmente del  juicio.

Raro en un lugar donde se exacerba desde los medios locales cierto chauvinismo mercedino ante un jugador de fútbol o de lo que fuera, que es  exaltado como un “héroe” del pago chico. Ni el Floro cultor de esta especie de nacionalismo mercedino se hizo eco del protagonismo de los Bojorge  en un mega juicio de importancia nacional. Casi, que pasó desapercibida la noticia de que la impresionante investigación en busca de los restos de   Stella Maris llegaba a condenar entre otros a Echecolatz, uno de los dueños de la vida y la muerte en  el “chupadero“ designado como “La Cacha“.

Welcome  to  chupadero

Ciertas palabras o frases van perdiendo con el  tiempo la fuerza que tuvieron en algún  momento. Las razones deben ser híper variadas, pero ¿Quién   logra asociar la palabra “chupadero “ a lo que significó en  los 70 y casi todos los 80 y aún en los 90? Más  aun si la palabra  es escuchada por un   joven de  entre  16  y 30 años. Difícilmente le remita al  terror que el  vocablo inspiró, aún en  la evocación pos dictadura.

La potencia de “el chupadero“ inventado por las fuerzas armadas y demás grupos parapoliciales es impactante y lo fue durante un tiempo en que lo   que allí ocurría se hizo masivo . En plena dictadura “el  chupadero“ venía a corroborar que el terrorismo de Estado era eso: “Terror”. Ser chupado era  ingresar en el infierno de las catacumbas represivas, donde el calvario podía ser tan duradero como el represor quisiera. Las técnicas de tortura más  minuciosas supervisadas por años de adiestramiento de las bestias uniformadas y de las otras, buscaban no sólo quebrar al detenido desaparecido sino  también divulgar de lo que eran capaces para quebrar por años a la clase obrera . Ser “chupado” era ser desaparecido, como  dijera el genocida: “No  está, no existe“. Pudo haber  agregado: “Fue  chupado”. La sinonimia aquí es aberrante.

La palabra “chupadero“ fue reemplazada por una expresión más del argot legal: “Centro  clandestino de detención”.

Pero la  frase  “centro clandestino de detención” siendo  un  sinónimo parece correr igual suerte que la palabra “chupadero”. “El Olimpo”, “Automotores  Orletti“, El  Pozo,  El  Vesubio, La Cacha o La  Perla ya  han perdido la significación de  otrora. La expresión trae en el que la escucha  una suerte de reminiscencias dictatoriales, algún operativo  famoso acaso surgen los uniformados, pero salvo para algunos, la nebulosa de lo que fue  el “terrorismo de Estado” se aleja cada vez más de la palabra “chupadero”. ¿Estaremos tan lejos de los acontecimientos que la memoria va dando  paso al olvido interesado? o ¿Serán las propias políticas de uso del tema las que lo han ido desgastando, alejando, cerrando oídos de muchos, sobre  todo jóvenes?

El gatopardismo K o el manoseo de los derechos humanos 

Porque existió una política determinada por parte del kirchnerismo sobre cómo usar las secuelas del   terrorismo de Estado para construir poder, o su  propio poder en todo caso, escriturando el tema de la dictadura y sus consecuencias como propiedad privada K.  Ni siquiera tiene importancia el mito   de un Néstor militante, cuando allá en el sur se enriquecía con la 1050, o tampoco abordaremos el silencio del ex matrimonio presidencial en épocas  de obediencia debida punto final y el apoyo al indulto menemista.

La búsqueda exitosa de los restos de Stella Maris por parte de su familia retrata un aspecto de la ausencia de un Estado que desde hace 12 años   gobernado por una fracción del peronismo, que se embanderó en los derechos humanos obligadamente, para construir poder, pero nunca abrió  totalmente los archivos de la SIDE ni tampoco creó  fiscalías o tribunales especiales ocupadas de rastrear el destino del desaparecido desde que fue   apresado por la patota hasta llegar al chupadero y tristemente ejecutado y cumpliendo parte del libreto represivo, eliminado su cuerpo. Peor aún un   Estado y un gobierno que tiene sobre sus espaldas la desaparición de un sobreviviente que posibilitó la primera condena a Etchecolatz: nada se sabe    de la suerte de Jorge Julio López.

La investigación de los Bojorge es una imputación al Estado y por qué no a los organismos de derechos humanos más corroídos por la cooptación K. Pero es a la vez una interrogación pendiente  ¿Cada familia víctima del aparato represivo de ayer y de hoy debe ocuparse de investigar el destino de  su desaparecido?  La búsqueda de una aguja en un pajar llevó muchas horas, días, meses y años. Desde el 2008 los restos de Stella Maris están en la  bóveda familiar del cementerio local. Para muchos fue una luz de esperanza de cómo continuar la búsqueda de sus desaparecidos. Algo que bien pudo  haber ocurrido mucho antes pero el plan de la burguesía fue preservado por el Estado: el destino de  los  cuerpos también es parte de aquel plan  sistemático.

Autor: Redacción

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