Belén Montenegro: “Decidí dedicarme más a la danza que a la obstetricia”

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La mercedina presentará por primera vez su muestra en el Teatro Argentino • Además, es obstetra y forma parte de un grupo que atiende a clientes top • Tuvo una beca en Nueva York para aprender jazz • Y hoy enseña en nuestra ciudad

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No estaba cuando llegué. Su madre, Marisa Pachianni, me atendió muy amablemente invitándome con una taza de café que acepté sin dudar. Belén llega nueve minutos tarde y se disculpa como si se hubiera atrasado una hora. Se sienta en la mesa y despliega su vida, de la que tenía mucho para contar y que relata fácilmente, cuando había confesado su vergüenza con la entrevista y su poca tendencia a explayarse en estas cuestiones. En el río de palabras que esbozaba como pintando un cuadro, contó que nació el 25 de enero del 85 a las 14:00, cuando su madre se dirigía rumbo a su trabajo en una oficina. Abrió los ojos por primera vez en la Clínica Cruz Azul de Mercedes. Hija de Miguel Montenegro, cuenta con una hermana que se llama Milagros, sin pareja, sin hijos.

Hasta octavo año cursó en el Colegio Santa María, cuando estaba atrás de la Escuela Normal. “Yo hice primer grado en el ´91 y creo que fue cuando arrancó el colegio”, dice con dudas. De ahí pasó a Parroquial en noveno y el Polimodal hasta que terminó la secundaria. Las compañeras que recuerda de esa época cuya amistad perdura hasta nuestros días: Eugenia Zubillaga, ‘Nati’ Giordano, Eva Valerga, ‘Pame’ Campodónico, Estefanía Borzi y ‘Trini’ López. “Cuestiones de la vida hicieron que nos separemos, pero no por peleas ni nada. Cosas que te llevan a otras relaciones. Igual cuando nos juntamos o te encontrás, es hablar como si te conocieras de siempre”, reconoce.

Terminada la secundaria en el 2002, no quería ir a Capital porque le resultaba una tortura, la que terminó siendo hasta hoy, confiesa.  Por lo que arrancó Trabajo Social en Luján. Pagaba 1,50 pesos cada viaje, lo que resultaba muy oneroso a la familia. Mantener una carrera de la cual Belén no estaba convencida.

Más allá de que la acompañaba Natalia Giordano, una compañera suya, cuando volvían las caras no las podían disimular ante tanta incertidumbre vocacional. Un año tardaron en decidirse después de charlas y períodos de crisis. Pero tampoco querían ir a Capital.

“No me gustaba la carrera. Bah, en realidad, es una carrera muy linda y en nuestro país debería haber mucho trabajo de eso. Pero tenés que tener una personalidad muy especial para ser trabajadora social. Es fuerte serlo. Pero qué iba a hacer. Ir a Capital era mucho sacrificio. Y era una época bastante jodida el 2002. Llorábamos con Nati porque no sabíamos qué hacer. Ella quería estudiar psicología en la UBA. Conseguimos entonces un departamento en Buenos Aires, donde pagábamos 450 pesos el mes con expensas incluidas. Entonces pagábamos, no sé, cien pesos cada una y podíamos. Ahí fue que agarré el libro de carreras de la UBA y empecé a mirar todas las carreras: Mmmmm, Obstetricia. ¡Qué lindo! La embarazada.  Y me metí a estudiar obstetricia”, recuerda.

  • ¿Cuántos años son?
  • Cinco años con el CBC.
  • ¿Por qué no medicina directamente?
  • Porque medicina es mucho tiempo. Aparte porque yo bailo desde los 6 años. Y era como que no quería dedicarme a la medicina. Es otra cosa.
  • ¿Te atrapó el mundillo de las embarazadas?
  • La verdad que sí. Es una etapa bastante importante en la mujer y me gusta. Soy como muy compañera a la hora de trabajar con la paciente. Y eso lo adquirí en Capital, en privado, en un equipo de parteras bastante copadas.
  • ¿En dónde es?
  • ¿En dónde trabajé? En donde trabajo. En realidad entré en las prepagas: Osde, Swiss Medical, Medicus y eso me llevó a un equipo de parteras de allá, que viven allá y trabajé con muchísimos médicos. Y vas a donde va la paciente. Vas a la Suizo, a la Otamendi, según el diagnóstico.
  • ¿Puede ser que hayas atendido a Paula Chaves?
  • Ja ja ja. No. En realidad soy compañera de la partera que la atendió. Nos manejamos en un ambiente muy top donde van algunos famosos que tienen Osde, Swiss Medical. Caen varias famosas. Lo que pasa es que yo, estos tres o cuatro años, desde que me recibí, trabajando ahí, fui haciendo reemplazos. Entonces, a todos los famosos los atienden las parteras titulares. Uno va al parto de las 4 de la mañana, del sábado y el domingo, de las fiestas, de las vacaciones. Eso es lo complicado. El máximo famoso que tuve fue al custodio de Maradona, ja ja ja.
  • Entonces desmitificamos el tema de Paula Chaves. No es así.
  • No. Soy muy amiga de la partera que la atendió y nada…nació el bebe de Paula Chaves y ya tenía la foto en el Watssapp, pero no mucho más que eso. Pero se revoluciona el sanatorio cuando llega un famoso.

Belén Montenegro reparte su tiempo entre las embarazadas y sus alumnas de jazz. Unas que ven cambiar su cuerpo y otras que se matan por cuidarlo y estar a la merced de lo que pide el este estilo de jazz que requiere de una excesiva expresión corporal.

Tal como contaba, empezó a los seis años con Gisela Bufager en Mercedes. Hizo hasta el año pasado con ella. Estudió toda una carrera de danza clásica de tres años. Ello le brindó un título. Sin embargo, la danza clásica no era su fuerte. Le gustó siempre,  pero era como que le faltaba algo. A pesar de que reconoce que es la base de toda danza y es lo que brinda la técnica que uno tiene que transitar siempre para bailar, se dio cuenta que su norte en la danza estaba por otro lado.

En Capital empezó a tomar clases y a viajar muchísimo estos últimos tres años. De hecho, le salió una beca en Nueva York y se fue a tomar clases allá. Aprendió mucho y recorrió otros países como Colombia.

“Y una vez enloquecí y me fui sola a Colombia. Estaba como en crisis y me quería ir de viaje. Saqué pasaje y me fui. Allá encontré un centro cultural donde tomé clases de afro. Me di cuenta que hay otras danzas. Evolucionó demasiado la danza. Finalmente me quedé con danza jazz. Que es lo que hago yo ahora…”, confiesa.

  • ¿Por qué la danza jazz?
  • Yo hago mucho lyrical. Que es una mezcla con lo neoclásico. Tiene como mucha expresión. Y eso es lo que me gusta. La danza es como el lenguaje a través del cuerpo. De eso se trata. Quizás con lo clásico me pasa que ya está hecho. Me parece que lo que tiene el jazz es que está bueno y no todo el mundo se mete. Cuesta mucho entrar ahí, que es la expresión del sentimiento. De lo que te pasa. Cada paso tiene una palabra. Eso no es fácil que salga. Y el jazz lyrical tiene mucho más sentimiento que el jazz común, más asociado a Chicago. Y decidí dedicarme más a la danza que a la obstetricia.

Jazz lyrical-Jazz Común

El Lyrical tiene una mezcla con el neoclásico. Son melodías muy lentas. Como las que cantan las famosas como Adele. El Adagio es el tiempo de la música.

La muestra

El 29 y 30 de noviembre a las 20.30, en el Teatro Argentino, Belén Montenegro estará presentando su primera muestra que se llama “Con los Pies en la Tierra”, a puro rock nacional. Las entradas ya están a la venta. “Toda música nacional, bailada por mis alumnas de y de Capital, que son todas de Mercedes. Este año empecé a dar clases para chiquititas. Que es otra cosa que descubrí que me gusta. Y hacemos todas canciones de Fito Páez, de la Bersuit, de Charly García, Abel Pintos”.

  • Hay un DVD dando vuelta de Julio Bocca donde hizo una temática similar.
  • Claro. Lo vi hace mucho tiempo y no lo quise volver a ver para no repetir.

Las clases

Belén Montenegro dicta clases en el Club Mercedes (sede 31 y 18); los lunes y miércoles de 16 a 17 para chiquitas, de 17 a 18.30 para adultos. Lunes y miércoles en Capital, en La Huella. De 21 a 22.30

 

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Autor: Agustín Castro

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Abogado, periodista y artista. Integrante del grupo Otra Vez Vos

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