Vuelve la campaña

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Este domingo arrancó oficialmente la campaña proselitista de cara a las elecciones de octubre. Y todos parecen estar molestos. Desde varios medios se alienta la idea que votar tantas veces cansa, que la gente está cansada de votar, que no tiene ganas de ir a votar y cosas por el estilo.

Por Javier Guevara

Este domingo arrancó oficialmente la campaña proselitista de cara a las elecciones de octubre. Y todos parecen estar molestos. Desde varios medios se alienta la idea que votar tantas veces cansa, que la gente está cansada de votar, que no tiene ganas de ir a votar y cosas por el estilo. Lo preocupante es que algún sector del gobierno también lo piensa. Y es así que analizan eliminar las PASO (no sirven para nada) dicen a pesar que cientos de distritos definieron así a sus candidatos y hasta llegaron a opinar que las elecciones de medio termino habría que eliminarlas.

Existe –al igual que sucedió en los noventa- una decisión de desideologizar la política: la ideología –según esa premisa- es nociva porque sería una suerte de religión que fanatiza. Y ese discurso permisivo y nocivo a pegado en la sociedad a punto tal que la única tragedia que se uso políticamente es la de Maldonado. Según esa premisa los reclamos de justicia por Nisman o por las víctimas de Once no habrían tenido connotación política. Y es más: algunos hasta afirman públicamente que a nadie se le movió un pelo.

La tragedia de Once se metió en la campaña (y bien hecho está) y le transfirió poder a Randazzo. Se modificó el esquema de subsidios truchos para los empresarios privados que se enriquecían con la venía del poder de turno. O sea que la tragedia de Once generó cambios en la política local. Es falso que no haya pasado nada a nivel político.

¿Qué pasa con Maldonado?. Nada. Nadie se pregunta cómo fue posible que un solo gendarme haya plantado tanta prueba falsa y que nadie se haya dado cuenta de nada.

El fin de semana el ministro de Justicia, Germán Garavano, advirtió que “hay gendarmes que no dijeron la verdad” al inicio de la investigación por la desaparición de Santiago Maldonado y pidió terminar con las “operaciones o mentiras que se le dicen a los jueces” para poder esclarecer este caso. Entre estas operaciones y mentiras ¿incluirá Garavano los dichos de Patricia Bullrich?. Y no existe ni siquiera la decisión de separar ‘preventivamente’ a los gendarmes que participaron de la represión.

En ese contexto vuelve la campaña: CFK arremete con la desaparición de Maldonado y la acusan de perversa por hacer campaña sobre un hecho tan lamentable y dicho esto recuerdan la tragedia de Once y –sin ponerse colorados- determina que eso es información objetiva.

La subjetividad se encuentra presente en todos y cada uno de los títulos periodísticos, de los zócalos noticiosos y de los anuncios de los funcionarios del estado. ¿Alguien puede dudar eso?. Es cierto que en el medio están los ciudadanos y los hechos que suceden contra o con la voluntad estatal.

Maldonado es un disgusto para el gobierno nacional que aún no se explica cómo es posible que tanta gente se pregunte por el ‘pseudo mapuche’ -como peyorativamente lo trata parte de la prensa canalla.

Y es que mapuche o no, buena o mala persona, los argentinos tenemos presente las atrocidades que se cometieron en este país en nombre de buenas intenciones. Y todos queremos que existan juicios que determinen la suerte de los argentinos. Sean o no pseudo mapuches.

Y si un argentino desaparece en el marco de un operativo policial, al unísono reclamaremos ‘Con vida lo queremos’. Y –como ocurre siempre- se le exigirá al gobierno que brinde respuestas. Pues para eso también se lo eligió.

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Autor: Redacción

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