Venezuela en el nuevo mapa del Pentágono

Venezuela en el nuevo mapa del Pentágono: el espejo de Libia

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Los planes imperialistas de intervención militar en el hemisferio no prevén un “recambio democrático” con posterior florecimiento de la economía, sino un proceso de disolución nacional al estilo de Libia, que se extendería por toda la región. Eso predicen los estrategas del Pentágono, y lo explican en sus charlas públicas.

Por Claudio Fabian Guevara

Hace siete años, Libia, la nación más próspera de Africa, comenzaba a derrumbarse bajo una invasión militar que la dejaría sumida en el caos. El guión noticioso de aquellos días afirmaba que la OTAN había decidido bombardear el país como represalia contra el gobierno de Muamar el Gadhafi, acusado de bombardear marchas de oposición interna. Era un contrasentido: ningún gobierno tiene necesidad de usar un bombardeo para reprimir protestas. Y en el caso de que tal bizarra situación tuviera lugar, bombardear el país entero equivale a que los bomberos, para combatir el incendio de una casa, prendieran fuego toda la manzana.

Las noticias absurdas, transmitidas en cadena, suelen ser la antesala de las más crueles operaciones de guerra. La operación militar de la OTAN, bendecida por la ONU y jamas cuestionada por quienes forman la opinión pública de Occidente, no tuvo por objeto solamente el desplazamiento del gobierno libio, sino también la destrucción de la infraestructura civil que hacía de Libia es país más desarrollado de Africa.

Antes de 2011, Libia había conseguido la independencia económica, su propia alimentación, explotaba en beneficio de la nación su petróleo, y su banco estatal se aprestaba a lanzar, junto con naciones africanas, una moneda basada en el patrón oro. A partir de la revolución independentista que encabezó Gadafi, Libia se había convertido en el país más rico de África. “La educación y los tratamientos médicos eran gratuitos; la vivienda se consideraba parte de los derechos humanos y los libios participaban en un original sistema de democracia local. El país se jactaba de tener el sistema de irrigación más grande del mundo, el proyecto del Gran Río Artificial, que trasportaba agua desde el desierto a las ciudades y las zonas costeras; Gadafi estaba embarcado en un programa para extender este modelo por toda África” (1)

Balance de la invasión “liberadora”

Un Estado que reunió a expertos y forjó una Constitución moderna, base de una democracia original que fue alabada como la “tercera vía” por importantes pensadores, está convertido ahora en una zona gobernada por 1.500 milicias criminales.

Siete años después de la invasión “democratizadora” de las potencias occidentales, “la población de las ciudades de Libia, incluyendo la capital Trípoli, donde vive una tercera parte de la población libia, sufre escasez de agua, vive en la oscuridad debido a los cortes de electricidad y carece de instalaciones médicas y de lo necesario para satisfacer las necesidades humanas fundamentales. Según la ONU, 65% de los hospitales están cerrados, mientras que el dinar libio se ha desplomado y la producción de petróleo ha pasado de 1,9 millones de barriles diarios a 250 000 barriles… Las principales carreteras están interrumpidas por causa de las operaciones militares y de la proliferación de bandas… Las noticias cotidianas más frecuentes son los secuestros con pedidos de rescate y el tráfico de armas que florece a través de internet” (2)

Otros detalles del presente de Libia luego de que Occidente “velara por su población” hacen especialmente escalofriante la indiferencia hacia su destino:

  • Un Estado que atraía inversionistas del mundo entero se ha convertido en un exportador de migrantes. El 55% de su población se ha refugiado en el extranjero.
  • Un Estado que reunió a expertos y forjó una Constitución moderna, base de una democracia original que fue alabada como la “tercera vía” por importantes pensadores, está convertido ahora en una zona gobernada por 1.500 milicias criminales.
  • Un Estado que había logrado satisfacer las necesidades básicas de toda la población, donde el robo era inhabitual, ha sido convertido en un lugar donde cuerpos humanos mutilados y en estado de descomposición aparecen cotidianamente en las calles y carreteras.

¿Cuáles son los motivos de semejante desastre, y de que Libia hoy no pueda ser “presentada en sociedad” como un ejemplo de la acción civilizadora de las instituciones occidentales? ¿Se trata de ineficacia, un error de cálculo de los estrategas militares, o hay algo más?

Los líneamientos de la agenda profunda

“Los planificadores del mundo no han previsto un retorno la normalidad para las nuevas zonas introducidas dentro de la guerra. Esto es importante para analizar el presente y el futuro de Venezuela”.

Los motivos de la operación militar, según surge de miles de e-mail de Hillary Clinton desclasificados, no solo giraron en torno al pillaje de los recursos petroleros y financieros de la nación africana. En realidad, parece haber tenido mayor peso la represalia imperial ante la “insolente” iniciativa de Gadafi de establecer una moneda africana independiente, anclada en el patrón oro.

Detrás de esta superficie, hay indicios de una agenda profunda que revela mucho más.

El Gran Río Artificial era un grandioso proyecto de infraestructuras que estaba convirtiendo regiones áridas de Libia en un verdadero granero. El proyecto, un sistema de irrigación civil que daba servicio al 70 por ciento de la población, había costado 33.000 millones de dólares. Se había financiado sin intereses y sin crear deuda externa, a través del propio banco público libio. Podía suministrar agua durante los próximos 2.000 años a Lybia y Egipto. El modelo, además, se pretendía exportar a los países hermanos de Africa.

Un primer detalle sugestivo es que esta infraestructura fundamental fue destruida en 2011 por los bombardeos. Ningunos de los motivos de la intervención “humanitaria” puede explicar la decisión militar de demoler esta infraestructura de servicios básicos a la población.

El profesor canadiense Maximilian Forte lo explica así en su libro Slouching toward Sirte: NATO’s war in Lybia and Africa: “El objetivo de la intervención militar de EE.UU. era trastocar un modelo de independencia emergente y una red de colaboración dentro de África que habría permitido incrementar el nivel de autonomía africano, contrario a las ambiciones geoestratégicas, económicas y políticas de las potencias extracontinentales europeas, concretamente, de EE.UU.”

Desde este enfoque, destruir infraestructura tendría por objeto desalentar a la población y facilitar la captura militar del enclave.

Sin embargo, un segundo detalle sugestivo revela otro nivel de la agenda profunda. La OTAN no solo bombardeó el sistema de canales y tuberías, sino que terminó definitivamente con el proyecto al destruir la factoría que fabricaba las tuberías necesarias para repararlo. Si los planes invasores eran acaban con la autonomía de esa nación, para volver a dirigirlo bajo una nueva administración neocolonial ¿Por qué no preparar el terreno para restablecer los servicios a la población una vez tomado el control del país? ¿Por qué bloquear un “retorno a la normalidad”?

Al parecer, los planificadores del mundo no han previsto un retorno la normalidad para las nuevas zonas introducidas dentro de la guerra. Esto es importante para analizar el presente y el futuro de Venezuela.

Bienvenidos a las “zonas no integradas”

“The Pentagon’s New Map: War and Peace in the Twenty-First Century”, de Thomas Barnett, afirma que la superioridad militar de Estados Unidos es aplastante en todos los escenarios, y como tal, debe ser ejercida para “eliminar a los chicos malos”.

Las noticias del sistema hegemónico de medios presentan a un grupo creciente de países del mundo envueltos en conflictos que aparecen desconectados unos de otros. En estos momento hay guerra, con movimientos de blindados y tropas regulares e irregulares, en Túnez, Libia, Egipto, Palestina, Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudita, Bahréin, Yemen, Turquía y Afganistán. Al mismo tiempo, las noticias anticipan que Venezuela puede ser el próximo foco de un enfrentamiento bélico, fogoneado por un clima de “linchamiento mediático” y por amenazas de intervención militar de Estados Unidos.

¿Qué tienen en común todos estos territorios? Todos se ven envueltos en conflictos confusos e interminables, inducidos y/o realimentados por fuerzas irregulares donde agentes extranjeros participan en el combate o en el entrenamiento de los “rebeldes” que reciben generosa provisión de armamentos desde el exterior; y todos figuran, en el nuevo mapa del Pentágono, dentro de las “zonas no integradas” del mundo, una concepción militar que plantea un análisis de la guerra y de la paz en el contexto de “todo lo demás”: comercio interno e internacional, sistemas de sanidad y educación, fuerzas de seguridad, etc.

A fines analíticos, el nuevo mapa del Pentágono divide al globo en dos áreas:

  • Una zona “integrada” (el “núcleo”), que goza de los beneficios del sistema: Norteamérica, Europa, Japón, Rusia, Sudafrica, China, India, Australia y Nueva Zelanda, Brasil, Uruguay y parte de Argentina y Chile.
  • Otra zona “no integrada” (la “brecha”) sumida en un caos donde la población es incapaz de organizar su desarrollo colectivo y sólo se piensa en sobrevivir el día a día: el resto del mundo. Para dotar de cierta organización social a estos territorios (aunque no se planteen explícitamente metas y plazos) hace falta una Fuerza de Administración de Sistemas dependiente del ejército estadounidense.

El nuevo mapa del Pentágono

Esta concepción se encuentra resumida en el libro “The Pentagon’s New Map: War and Peace in the Twenty-First Century”, de Thomas Barnett, y parte de la presunción de que la superioridad militar de Estados Unidos es aplastante en todos los escenarios, y como tal, debe ser ejercida para “eliminar a los chicos malos”. La novedad es que debe prepararse además una fuerza de ocupación de largo plazo que “administre los sistemas” que fueron destruidos.

Para Barnett, el problema de Irak no fue haber invadido el país ilegal e insensatamente, bajo falsas acusaciones, sino no haber previsto un colapso tan rápido del país. De haberse preparado una segunda fuerza de ocupación (“System Admin”) encargada de la administrar el caos generado por la ocupación, tal vez sus habitantes no se hubieran “convertido en enemigos” de los invasores (3). Seguramente, el estratega aplica una similar explicación autoindulgente para el caso de Libia (4).

Barnett pide que el ejército norteamericano y sus aliados actúen en el terreno con la mayor flexibilidad posible, es decir, sin controles institucionales y con una total impunidad, expresamente fuera del alcance de la Corte Penal Internacional. Se trata de soltar a una jauría de chicos malos, jóvenes y feroces, que maten a quien se les ponga por delante, destruyan todo a su paso y desaparezcan de escena. Los sustituirán, una vez liquidado el enemigo militar, una fuerza de ocupación más amigable, que se hace cargo de “todo lo demás”: reconstruir las ruinas, darle de comer a los hambrientos, proveer de víveres básicos a los hospitales… cuando el presupuesto lo permita.

VER VIDEO: Thomas Barnett explica la nueva estrategia militar del Pentágono

Aunque nada justifica pensar que todos los conflictos de la humanidad deban resolverse en guerras devastadoras, este enfoque del Pentágono asume que en el futuro cercano grandes áreas del mundo serán convertidas en campo arrasado, completamente dependientes de las fuerzas invasoras para resolver necesidades básicas, y cuya vida cotidiana se militarizará por años, o para siempre (5).
Este panorama ya empieza a ser realidad en el presente. Todos los países envueltos en la guerra en curso están, en el nuevo mapa del Pentágono, dentro de las zonas no integradas (ver figura arriba). Y adivinen qué: también figuran Venezuela, Colombia, Ecuador, Ṕerú, Bolivia y Paraguay, junto con el norte de Chile y Argentina.

Sumiendo a los pueblos en la desesperación

“El imperialismo contemporáneo ya no tiene como prioridad apoderarse de los recursos naturales. Hoy domina el mundo y lo saquea sin escrúpulos. Ahora apunta a aplastar a los pueblos y destruir las sociedades…” (Thierry Meyssan)

En su trabajo “Interpretaciones divergentes en el campo antiimperialista”, Thierry Meyssan sostiene que las intervenciones militares desde el 2001 en adelante han aplicado esta doctrina.

Tradicionalmente, el campo antiimperialista estimaba que Estados Unidos agredía sucesivamente a Afganistán e Irak, y posteriormente a Túnez, Egipto, Libia y Siria sólo para derrocar los regímenes que se resistían a su imperialismo y controlar los recursos energéticos. “Los hechos han echado abajo ese razonamiento”, dice Meyssan. “El objetivo de Estados Unidos no era derrocar los gobiernos progresistas –en los casos de Libia y Siria–, ni robar el petróleo y el gas de la región, sino destruir los Estados, hacer retroceder sus pueblos a los tiempos de la prehistoria”.

Enfatiza Meyssan: “El imperialismo contemporáneo ya no tiene como prioridad apoderarse de los recursos naturales. Hoy domina el mundo y lo saquea sin escrúpulos. Ahora apunta a aplastar a los pueblos y destruir las sociedades…”

Meyssan relata que la misma táctica destructiva de sociedades se ha empleado en los distintos escenarios: acusaciones de crímenes horribles contra funcionarios de gobierno, y eventos catastróficos planificados para enfrentar al gobierno y la oposición entre sí, desatando un proceso de disolución social generalizado.

VER VIDEO: THIERRY MEISSAN: “Los venezolanos no se dan cuenta de lo que está preparándose”

Las piezas se van armando de una manera que encaja perfectamente con la distopía trazada por Barnett: los derrocamientos de Saddam Hussein y Gadhafi no dan paso al restablecimiento de la paz; las guerras continúan a pesar de la instalación de un gobierno de ocupación en Irak y en otros países; y los conflictos se extienden a lo largo de toda la “zona no integrada”, con millones de personas escapando de la guerra y alimentando la sistémica crisis de refugiados (6).

Ahora, el mismo proceso de destrucción intenta iniciarse en el noroeste de Latinoamérica. El griterío mediático crea la percepción generalizada de que Venezuela está atravesando por una crisis que requiere el uso de la fuerza internacional. Las naciones vecinas no podrían evitar verse involucradas. El nuevo mapa del Pentágono amenaza con seguir pasando de la teoría a hechos concretos (7).

Las audiencias cautivas de los medios hegemómicos que se ilusionan con una eventual “normalización” de Venezuela si fuerzas extranjeras remueven al gobierno de Nicolás Maduro, debe echarle un vistazo a los actuales teóricos de la guerra de Washington, repasar los promesas que hicieron hacen siete años en Libia, y contrastarlas con el presente ominoso de la nación africana.

Hoy más que nunca, se impone mirarnos en el espejo de nuestros semejantes.


Referencias

  1. Dinero, poder y petróleo. Los emails de Hillary Clinton revelan el plan secreto de EE.UU en Libia”. Ellen Brown. 19 de Marzo de 2016. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=210154
  2. Memorándum sobre Libia – Mentiras contra el Estado, el Guía y el ejército”. Saif al Islam Gadafi. Red Voltaire, 12 DE NOVIEMBRE DE 2017. http://www.voltairenet.org/article198665.html

  3. Esa estrategia, radicalmente nueva, comenzó a ser impartida como enseñanza por Thomas P. M. Barnett desde el 11 de septiembre de 2001. Fue dada a conocer y se expuso públicamente en marzo de 2003 –o sea justo antes de la guerra contra Irak– en un artículo de la revista estadounidense Esquire, y posteriormente en el libro titulado The Pentagon’s New Map, pero parece tan cruel que nadie ha creído que pudiera llegar a aplicarse”. Thierry Meyssan, “Interpretaciones divergentes en el campo antiimperialista”, Red Voltaire, 15 de Agosto de 2017. http://www.voltairenet.org/article197482.html

  4. No hay un solo caso de intervención de la OTAN en que los motivos oficiales de la guerra hayan resultado ciertos. No fue cierta la justificación oficial de la guerra contra Afganistán (motivo invocado: una supuesta responsabilidad de los talibanes en los atentados del 11 de septiembre de 2001), como tampoco lo fue en la guerra contra Irak (motivo invocado: un supuesto respaldo del presidente Saddam Hussein a los terroristas del 11 de septiembre y la preparación de armas de destrucción masiva que planeaba utilizar contra Estados Unidos), ni en Libia (supuesto bombardeo del ejército libio contra su propio pueblo), ni en Siria (dictadura del presidente Assad y de la secta de los alauitas). Y en ningún caso el derrocamiento de un gobierno ha puesto fin a la guerra”. Thierry Meyssan, ídem.

  5. Huelga decir que este discurso, que sublima la opción militar en todos los terrenos y le asigna a EE.UU un especial papel redentor, le imputa discretamente a los pueblos de las zonas no integradas la responsabilidad por su ruina.

  6. Mientras tanto, como en un proceso de destrucción controlada cuidadosamente planificado, agentes de inteligencia y escuadrones especiales de las potencias juegan un rol crucial, organizando atentados de falsa bandera, entrenando y financiando tropas irregulares y jugando cartas diplomáticas funcionales a la prolongación de los conflictos.

  7. Aunque parezca irreal, la lógica del nuevo mapa del Pentágono se encuentra incrustada dentro de las lógicas sistémicas del capitalismo global. La noción de pensamiento abismal de Bouventura de Souza Santos la describe como un sistema de distinciones invisibles entre sociedades metropolitanas y territorios coloniales, que atraviesa todas las dimensiones del mundo actual. Véase Bouventura de Souza Santos, “Más allá del pensamiento abismal: de las líneas globales a una ecología de saberes*”, en http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/coedicion/olive/05santos.pdf

Autor: Redacción

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