“Sueño con vivir de la música”

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Arrancó escuchando Los Carabajal a los 10 años • Mamó el folklore de chico, hasta que fue invitado por los músicos de Lucas Maidana a formar parte del proyecto •  Acompañó a Ivana Cestari en el Teatro Astros de Capital, a Pablo Aschero y hoy es el bajista de Nicolás Cércola, un ex Sentires oriundo de Luján.

Hernán Leza es el actual bajista folklórico del lujanense Nicolás Cércola (34), un ex integrante (voz principal) del grupo Sentires, un célebre conjunto folklórico ya desintegrado en el que también formaban parte “El Negro” Coronel y Lucas Maidana. Además de Hernán al “Negro” Cércola lo acompaña Marcos Barreto, en guitarra, oriundo de Jáuregui y “Pelo” García, baterista. Están produciendo algo nuevo con “el Flaco” Desivo, un productor de la banda. Hace un año que Hernán se integró a este conjunto, tiempo en el cual se fundó el proyecto en su totalidad. Además de su proyecto folklórico, fue convocado a tocar el bajo en una banda de ska que se está gestando en la ciudad.

Fue bajista de Ivana Cestari, a quien supo acompañar durante su paso por el Teatro Astros, de la avenida Corrientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Con Ivana fue una gran experiencia. Me llamó y me propuso formar parte de su grupo. Cuando se presentó en la Fiesta del Durazno y en la Fiesta del Salame. Me llamó a mí en el bajo y a Cirillo en bandoneón cuando tuvo que agrandar la banda. Hacíamos covers, temas de Ivana y de Diego Saavedra”, cuenta el bajista que supo incursionar en el tango también acompañando a Pablo Aschero, destacando la diferencia abismal entre uno y otro género: “el tango es un hermoso desafío. Es difícil”, define.

  • ¿En qué momento de tu vida decidiste avocarte a la música?
  • A los 9 o 10 años con Seba (Giovanetone) nos conocemos desde chicos, del barrio; y con el ´Ketchup´ (Jesús López, percusionista), nos juntábamos a tocar la guitarra. Con Cristian Cardozo, también jugábamos con las guitarras. Teníamos una guitarra tres cuartos. Nunca me pregunté en qué momento surgió el gusto por la música. Mis viejos no eran músicos. Pero siempre estuve influenciado por lo que escuchaba mi viejo. Mucho folklore había y desde chiquito lo mamé. Me encantaba. Mientras los demás escuchaban La Renga, era como algo raro en ese momento que una persona a los 12 ó 13 años escuche Los Carabajal, mientras tus amigos se colgaban una mochila de La Renga. En ese momento era raro. Mi viejo siempre ponía los Hermanos Cuesta en el disco. Cantaban y hacían ruidos de pájaros chiflando. Sé que también le gustaba Hernán Figueroa Reyes. Mi viejo siempre fue de escuchar mucho folklore.
  • ¿Cómo llegaste a elegir el bajo como instrumento en el que te sentís identificado?
  • Siempre que escuchaba música me detenía en los instrumentos. La batería, el bajo, la guitarra. Qué es lo que hace cada instrumento. A veces ni sé de qué se trata la letra. Pero de la música se todos los arreglos que van haciendo los instrumentos. Y siempre me llamó la atención el bajo. Va dándole el tono a la batería. Por ahí la guitarra no tiene esa integración que tiene el bajo con la batería.
  • ¿Con quién arrancaste a tocar el bajo?
  • Con Lucas Maidana, Nico y Santi Vola. Me invitaron para una peña en el Club Unión. Me llama Nico y fui. Cuando llego había dos guitarras y faltaba un bajo. Tenía una idea de cómo se tocaba porque le prestaba atención. Nunca fui bajista hasta ese momento. Ni estudié el instrumento. Ahí arranqué, me gustó y empecé a investigar más el instrumento. Para ese entonces no tenía bajo. Me lo había prestad Andrés Moreno, el “Gato”.
  • ¿Cuál fue tu primer bajo?
  • Un Cort negro que compré en lo de Mar And´s. Después tengo uno de 6 cuerdas.
  • ¿Qué diferencia hay entre un bajo de 4, de 5 o de 6 cuerdas?
  • Con el de 5 le ganas una nota más al grave. Y para resolver o darle efecto más pesado, tocas la nota arriba, bien grave. Y el tema de la resolución de escalas. Al tener más cuerdas no tenés que desplazarte tanto por el diapasón.
  • ¿Qué proyectos tenés hoy?
  • Mi proyecto, más que proyecto es un sueño: Vivir de la música. Es algo que nunca me animé. Por la comodidad de tener un laburo fijo y nada más. A mí me gusta hacer música. No digo ningún género porque me gusta la música. Si es folklore mejor. Hice una especie de folklore urbano donde fusionamos folklore y rock con Maxi Conti (músico de Luján).
  • ¿Qué significa la música para vos?
  • Es una forma de vivir, ¿no? Mejorarse. Es un mundo aparte. Y lucho y estudio para formar parte de él.
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Nació el 1° de abril de 1987 en la ciudad de Mercedes. Hijo de Susana Frustoli y de Roberto Leza, y hermano de Manuel Leza, más chico, también músico, que se desempeña en la guitarra y en el violín. Su infancia transcurrió en la calle 16 y 55, en el barrio Malvinas. Allí recuerda jugar mucho con los chicos del barrio, los vecinos, la familia Giovanetone y la familia Cardozo, “que son como mi familia postiza”, revela.

Fue al Colegio San Patricio durante la primaria y la secundaria. “Si bien tenía una materia que se llamaba “Música”, no le daba mucha bola. Hizo grandes amistades de las que se acuerda pero que hoy se fueron dispersando por distintos motivos laborales y de estudio. Egresó en el año 2004.

En el 2005 intentó meterse en la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional de Luján (UNLU). Allí duró un año y medio. “No me fue bien. Me mató. Yo me había recibido con orientación a las ciencias sociales en San Patricio. Y me fui a meter en ingeniería”, reconoció.

  • ¿Qué te impulsó a estudiar ingeniería?
  • Por mi viejo. Trabajaba en una fábrica, en un taller. Es metalúrgico de toda la vida. Me costaba bastante. Perdí mucho tiempo. Sabía que no iba a funcionar.
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Luego de abandonar la primera carrera que había elegido en su vida, se metió a estudiar Analista de Sistemas en Parroquial. Tampoco lo convencía mucho esa carrera. Hasta que decide anotarse en un curso de Autocad en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Ni bien termina el curso empieza a trabajar en Micromecánica JR, atrás de Gendarmería, en la parte de desarrollo industrial. Luego se fue y empieza a trabajar con su padre en el taller de la 113, alrededor de 5 ó 6 años, hasta que lo pasaron a Indemet, donde está trabajando actualmente. Una fábrica metalúrgica orientada al desarrollo industrial del rubro gas y petróleo. Allí cumple el rol de control de calidad: el registro de todo lo atinente a la fabricación de los equipos. Materiales certificados que se cortan para soldar con soldadores calificados. Todo va a un libro de registro.

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