Sobre música: Así habló Lautaro Ferrer

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Vastar es su último proyecto musical en el que participa tocando el bajo • Desde la adolescencia viene apostando al rock, pasando por varios estilos: Motín, Sweet Pain, Pecos Bill, y otras • Se cansó de la gente y empezó grabaciones solistas • “No confío mucho en el hombre. Siempre hay uno más fuerte que se aprovecha del débil”, confiesa.

Por Agustín Castro

Isat Vastar fue uno de los tres hijos que tuvo Zaratustra, ese personaje célebre de Nietszche, quien escribió “Así Habló Zaratustra”, entre 1883 y 1885. Se trata de una novela filosófica y ensayo a través del cual el autor expresa, en forma poética, los hechos y reflexiones de este personaje llamado Zaratustra, en honor a la religión llamada “zoroastrianismo”, fundada por Zoroastro, quien vendría a inspirar dicho personaje que trata la voluntad de poder, la muerte de dios y el eterno retorno de la vida. Se trata de un personaje hermitaño que se va a vivir a la montaña para adquirir conocimientos y luego de estar “hastiado” de ellos, baja al mundo cual mesías, para salvar a la humanidad.

Zaratustra tenía tres hijos. Uno de ellos le da el nombre a la banda donde Lautaro hoy ensaya los acordes de un bajo, el instrumento que constituye su fuerte en materia musical y en el que ha brillado tantas veces en los escenarios locales y en las afueras de la ciudad. Fernando Ferrero es uno de los compañeros de banda que componen este nuevo proyecto, un muchacho que ha tocado la segunda guitarra de blues. En este proyecto tiene el desafío de estar sólo en la viola con efectos y demás dándole un toque espacial. Tincho Ortiz es el otro que acompaña a Lautaro, el nietszcheano de cabecera. “Es la formación que a mí me gusta”, refiriéndose a este futuro power trío que se presentará oficialmente en junio.

Con 36 años, ya cansado de ensayar con gente que interpone problemas personales a los ensayos, está muy entusiasmado con este nuevo  proyecto que cuenta entre mate y mate pos laboral, en una casa con guitarras eléctricas colgadas, bajos, teclado, plaquita de sonido y todo un ambiente musical que ya forma parte de su vida, acompañado de tres gatos, en un departamento de la calle 22.

-¿Cómo se formó el grupo?

-Se formó borracho (carcajadas) nos empezamos a juntar en Vinilo con Tincho. El me atendía y yo tomaba, jajaja. Yo venía tocando en el proyecto de Joa (Romero), donde Fernando (Ferrero) tocaba la guitarra. Tenía ganas de hacer algo que tuviese ganas yo de tocar. Componer. A mí nunca me gustó mucho hacer covers. Y con lo de Joa era como hacer sus covers. Y acá son temas de los tres. Componemos en la sala de ensayo. Ensayamos 4 hora semanales. Poco. Le empecé a agarrar el gustito a los efectos. Si bien nunca estudié música teórica, siempre me gustaron los sonidos. Toda la parte sonora. De técnica no sé mucho. Lo que sí se es de técnica de sonido. Nunca lo había aplicado al bajo. Me puse a ver eso y terminé comprando sintetizadores que usamos en la banda. Y es algo que, la verdad, me gusta mucho.

Con 36 años, recuerda su paso por la música. La primera banda que tuvo fue con Hernán Barletta (que hoy toca en Fuster), y José Meis en la bata de Prisión. No le duró mucho el encierro porque se amotinó. Lo llamaron de Motín, una banda de punk rock que tenía a Nahuel Fusco en voz y que lo llamó para reemplazar la ausencia de su bajista. A los 15 años arrancó entonces con esta banda que hace poco volvió sin Lautaro con el Colo Logiódice y Grassi.

-¿Por qué no estuviste en la vuelta de Motín?

– No me llamaron.

-¿Por qué?

-No tengo ni idea. No estábamos peleados ni nada, pero igual no sé si me hubiese gustado tampoco. Yo toqué sólo dos años en Motín pero ellos tuvieron varios bajistas. Ellos ya tenían un tiempito armado.

Lautaro tiene una fama del tipo renegado que camina por el mundo escupiendo su bronca, intensamente, y sin acordar con nada, intransigente en su andar. Sin embargo, se encarga de desmitificar ese personaje que camina por la calle diciendo: “nooo, nada que ver. Sino no estarías acá. No te estaría cebando mate”, y se ríe.

Fue parte también de Redomón, una banda armada con el Colo de Motín (reemplazante de Gabo Martino en la bata), el Chiva Lemos y el padre Lazarte, un cura que tocaba trash metal que se presentaba en los encuentros de moto, que fue quien casó a Lautaro, ya divorciado. Era una cosa cambiante formada con su hermano. Después Ad Noctum era black metal, con Maxi Colussi en la voz. Cada tema que terminaba, la gente pedía otra y Lautaro preguntaba: “¿Están seguros?”

Corría el año 2001/2002. Empieza Sweet Pain con el pelado Barrionuevo, “lo más grande que le pasó a Mercedes y le duró poco. Era un gran maestro. Aprendí mucho con él. Tocamos en Sweet Pain hasta el 2006. Duró unos 6 años como una onda Level Society, bien roquero. El pelado falleció en el 2010 más o menos de un ACV. Ya nos habíamos separado. Y estábamos haciendo un proyecto con un par de temas que venía grabando sólo y queríamos tocarlos en vivo. Y falleció de una manera terrible. En Mercedes hubo pocos violeros que tocaran tan bien como él”, recuerda y agrega: “dejé de hacer heavy por mucho tiempo. Me pegó mucho la muerte del pelado”.

Posteriormente, formó MareMagnun con Iván Moleres; Terrapín con Luis Passaro y Joa Romero. Y luego empezó a grabar canciones solistas con su propio estilo, en inglés para no decir lo que decía en castellano, ya que era pesado y denso como Rayuela de Julio Cortázar. “Me cansé de la gente, de ensayar con gente y me quedé sólo, grabando sólo en una pieza, haciendo lo que yo quería y que suene como yo quería”, revela, mientras escuchamos lo que grabó, cantado por él con una voz parecida al cantante de Pearl Jam, agradecido por la comparación.

Nunca fue un buen alumno cuando tomaba clases de bajo. Hacía lo que él quería como quería. Jano sudaba la gota gorda ante semejante irreverencia. El creía que lo que hacía estaba bien así. Entonces decidió no tomar más clases con nadie y ser su propio profesor.  “A mí me gusta mi propio método”, desliza.

-¿Qué es la música para vos?

-La música es la mejor manera que encontré para expresarme. Hoy me siento cómodo con esta gente (Vastar). Es difícil convivir con un grupo. Las bandas son como un matrimonio de 4 o 5 personas.

Minibiografía

De chico era tímido. La timidez se la fue sacando la música. Subirse a un escenario. “me subo a un escenario y es otra cosa”, revela. “Mi cara de orto no es de mala onda, es de tímido. Me cuesta mucho acercarme a las personas”, confiesa. De muy pequeño estudiaba inglés, idioma que maneja muy bien a través de su madre, que es docente de inglés, Elizabeth Uncal Basso de Ferrer. Su padre falleció. Se llamaba Miguel. Son cuatro hermanos: Lautaro es el mayor, Joaquín (35), Juan Luis (32) y Fermín (30). “Somos muy unidos con ellos”, cuenta. Vivió toda la vida en el barrio del Parque, donde iba a pescar al arroyito, andaba todo el día en bicicleta. No hacía deportes “porque soy de madera”, aunque confiesa que le hubiera gustado jugar al rugby.

Fue a San Patricio hasta 6° grado. Lo cambiaron de colegio por una crisis económica familiar. Séptimo lo hizo en la escuela 2. 1994 fue un año duro. El colegió público le gestó grandes amistades. Secundaria en Nacional, recibido en el 1999. “Es cuando tus amigos se compran una guitarra y te la muestran. Una época linda donde conocí a mis amigos del alma: el Flaco Passaro, Joaquín Fabrasil, Joa Romero y Darío Siri”, enumera.

Empezó el cbc de medicina y el de abogacía. Los dos los dejó por la mitad. Mientras tocaba con gente en Capital. Y se dio cuenta del nivel que tenía Mercedes acerca de la música. Pibes con grandes instrumentos de grandes marcas. “Eran una mierda las bandas”, sentencia.

Deja el estudio, se vuelve a Mercedes y empieza a trabajar con su tío de plomero. Trabajó de electricista hasta que entra de empleado en el Sindicato de Luz y Fuerza, de administrativo, con un salario que le permite vivir su vida de una manera moderada, financiándose sus sueños.

Con viejos amigos

 

 

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Autor: Mariano Oyarzu

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