Santiago Maldonado

El concejal Benítez y el Síndrome de Estocolmo

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En un panel televisivo sobre el caso Santiago Maldonado, el concejal de Cambiemos, ex detenido desaparecido, hizo una defensa del gobierno particularmente perturbadora • Y se confesó autor de un proyecto que sienta un precedente para instalar la figura del delito de opinión.

Por Claudio Fabián Guevara

Juan Carlos Benítez, antiguo militante del Ateneo Eva Perón, ex detenido desaparecido durante la dictadura, alguna vez justificó haber comenzado a deambular por el partidismo de conveniencia con una frase lacónica y resignada: “Me sirve para vivir”.

Recordé esta anécdota hace pocos días, cuando en un panel televisivo conducido por Marcelo Melo sobre el caso Santiago Maldonado, Benítez hizo una defensa del gobierno de Cambiemos particularmente perturbadora.

Por un lado, porque el ahora concejal de Cambiemos relativizó la gravedad del caso, minimizó la responsabilidad política del Gobierno, y echó mano de maniobras de bajo nivel para encogerse de hombros. Cualquiera que conozca desde adentro los entretelones de un sistema carcelario como el que se engulló misteriosamente a Maldonado, sabe que gestos explícitos como mantener en su lugar a los ministros y jefes militares del área, equivalen a un salvoconducto para la impunidad, y en suma, a una sentencia de muerte para la víctima.

Por otro lado, porque Benítez se confesó autor de un proyecto en el Concejo que pretende explicaciones del funcionario Sergio Carini sobre sus dichos en Facebook, que relacionaron la desaparición de urnas con la desaparición de personas durante la dictadura. La figura retórica de Carini es debatible, pero el fin y al cabo, cuando la dictadura que encabezó Videla desarrollaba su práctica sistemática de desaparición de personas, el Grupo Macri participaba en la creación fraudulenta de la deuda externa a través de su empresa Sevel. Estos datos no provienen de un blog trasnochado: forman parte del expediente sobre la deuda que durante 18 años impulsó el juez Ballesteros. Si un funcionario puede ser llevado al “banquillo de los acusados” por insinuar esta relación en las redes sociales, se sienta un preocupante precedente para instalar la figura del delito de opinión en Argentina, que hasta el momento no existe. ¿Es la antesala de una Ley Mordaza para delimitar las opiniones “lícitas” de las “ilícitas”? ¿Deberemos, en el futuro, solicitar autorización a un Tribunal de Cambiemos para expresarnos en público?

– “Revise por favor, Su Señoría, si mis pensamientos son lo suficientemente higiénicos como para ser expresados en mi muro…”

La mordaza, la imposición de un pensamiento único, es un engranaje clave. El sistema mundial de medios nos está enseñando a amar a carceleros y torturadores. Poco a poco a todos los medios de difusión marchan en esta dirección. Actúan en manada, se basan en la manipulación de emociones y arremeten con saña contra víctimas escogidas. Convencen al ciudadano de que los medios son honestos y que las personas denunciadas no lo son. El objetivo del periodismo corporativo no es ofrecer una mejor comprensión del mundo sino destruir la reputación de los individuos “incómodos”: en este caso Santiago Maldonado y todos los que reclaman su aparición con vida.

Esta es una tendencia mundial. Sin embargo, que la exprese un ex detenido desaparecido, un hombre que fue golpeado, encarcelado y torturado por su militancia política, equivale a una impúdica exhibición mediática del Síndrome de Estocolmo. Muchos antiguos combatientes resignan su voluntad juvenil de luchar, pero sobreactuarlo es humillante para los que aún la conservan.

La desaparición de Santiago Maldonado es grave no sólo porque está involucrado un cuerpo policial del Estado. Se inscribe en una avanzada general contra la población y las garantías constitucionales, y por las formas públicas que asume el gobierno, se traduce en una admonición tácita contra todo gesto de rebeldía popular. Funciona como un mensaje, como funcionó la desaparición de los 42 estudiantes de Ayotzinapa (México): “De nada valen los derechos legales ni el valor supremo de la vida: si nos desafían estamos dispuestos a todo, y tenemos el poder suficiente para aplastarlos con total impunidad”.

Benítez se embanderó con un gobierno que, en este caso, no ha demostrado mayor respeto por la gente que la dictadura. Porque al concejal de Cambiemos lo devolvieron con vida. A Santiago Maldonado todavía lo estamos esperando.

Author: Redacción

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43 comments

Extraño personaje …sé de alguien que lo respeta mucho,estando en las antípodas,por no haber “cantado” estando bajo tortura,protegiendo así a compañeros de militancia.Que sucedió en el medio? Solo él lo sabrá.

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