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Restaurante “Martín Fierro”: 35 años y la misma esencia de siempre

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En 1977 Nora y Carlos Vigolongo decidieron poner su propio negocio y lo lograron por medio de la audacia y las ganas de progresar • Hoy el local sigue vigente gracias al sacrificio, la constancia y el respeto por el cliente • La historia del restaurante de calle 14 entre 5 y 3 donde se puede degustar la típica comida casera.  

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En septiembre de este año, el restaurant Martín Fierro cumple 35 años de vida. Sus dueños, Carlos y Nora Vigolongo, fueron sus fundadores  y son quienes siguen llevando adelante este negocio que se caracteriza por ofrecer deliciosas comidas caseras en un ambiente familiar donde el cliente siempre está en el primer lugar. 

Tener el restaurant propio siempre fue el sueño de Carlos y lo logró gracias al sacrificio, la audacia propia de la juventud y el apoyo de su mujer. Proveniente de una familia humilde, tuvo que trabajar desde los 11 años para ayudar a su madre. Sus primeros trabajos fueron como cadete, en un almacén, en una carnicería y en una pescadería, hasta que a los 17 comenzó a transitar sus pasos dentro de un restaurant: primero fue lava copas y luego pasó a ser mozo en distintos restaurant y diferentes eventos. En ese puesto aprendió cada detalle de la gastronomía y empezó a soñar con la idea de tener su propio negocio. “Yo quería progresar y de empleado no progresaba nunca. Era muy audaz entonces decidí animarme a poner un negocio propio”, cuenta y su mujer agrega: “Además yo soy muy orgullosa, y cuando me propongo algo no paro hasta lograrlo, entonces así fui empujándolo a él”.

Así fue como en 1977, junto a su esposa –con quien se casó a los 22 años- compraron un negocio en la ruta frente a la fábrica de alfombras y empezaron a “remar”, como él mismo dice. “El lugar estaba muy caído y lo levantamos de a poco con mucho esfuerzo. Mientras yo trabajaba de mozo también era empleado en una fábrica, entonces fui ahorrando para poder comprar el local. Fue todo a fuerza de juventud y coraje”, dice y recuerda que en sus inicios el restaurant se llamaba “El Gauchito”.

“Los comienzos fueron muy difíciles, los primeros meses apenas sacábamos para los gastos. Después empezamos a levantar y se empezó a correr el boca en boca de que teníamos buena mercadería y no cobrábamos caro”, menciona Carlos.

Después de cuatro años de tener el negocio sobre la ruta, decidieron mudarse y compraron otro local en la calle 26 entre 27 y 25 donde el restaurant ya tomó el nombre que sería definitivo “Martín Fierro”. Y unos años más tarde, en 1984, se mudaron a la calle 14 entre 5 y 3, donde funciona el restaurant actualmente.  Al hablar de esa mudanza desde el centro a otro sector de la ciudad, Carlos asegura que no provocó una merma en la clientela sino todo lo contrario: “Vinieron más clientes”, sostiene y cuenta que en esa época era el único lugar de Mercedes donde había un patio interior para sentarse a comer.  

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Carlos y Nora Vigolongo, propietarios del restaurant “Martín Fierro”.

Las claves

El restaurant está próximo a celebrar su 35° aniversario, un número al que no todo negocio se da el lujo de llegar. Pero Carlos aclara que para llegar a lo que tienen hoy se esforzaron mucho y siempre trabajaron bajo distintas claves: administración, buena atención, responsabilidad y respeto al cliente. “Al cliente hay que tratar de conformarlo, y sino le gusta algo –por más que esté bien hecho- hay que ofrecerle otra cosa. Hay que tratar de hacer un amigo y no un cliente”.

Por supuesto que también atravesaron momentos difíciles pero pudieron sobrellevarlos gracias a las mencionadas características. “A pesar de haber pasado momentos difíciles nunca pensamos en cerrar. Siempre miramos para adelante… en la vida siempre hay que mirar para adelante, si se te presenta un obstáculo tenés que tratar de pasarlo como sea y encararlo, nunca retroceder. Si retrocedés tiene que ser para tomar carrera y pasar”, reflexiona el propietario.

Y a la hora de hablar de este logro que ya cumple 35 años, ambos coinciden en algo: “No te das cuenta del logro porque lo vas haciendo con sacrificio y despacio, no es que de un día para otro apareció esto”, dice Carlos y Nora agrega: “Nos damos cuenta cuando nos detenemos a mirar desde el patio para adelante”. 

La cocina

Desde el comienzo, Nora se hizo cargo de la cocina con el asesoramiento de Carlos que era quien le decía cómo armar los platos. “Nosotros implementamos todo a base de la comida casera, de acuerdo a lo que me había enseñado mi madre. No hacemos gastronomía profesional sino las típicas comidas caseras como en la época de las abuelas”, indica Nora y cuenta que al principio no sabía amasar más que ñoquis, pero después pudieron comprar las máquinas necesarias y todo se solucionó.

Otra característica distintiva del restaurant “Martín Fierro” es tener la cocina a la vista lo que otorga un ambiente familiar que a muchos clientes llama la atención. “En el primer local se podía ver la cocina desde el salón, en cambio cuando nos fuimos al centro no estaba ese contacto directo. Muchos clientes no iban porque se encontraban incómodos. Entonces cuando nos hicimos el propio negocio quisimos hacer la cocina bien a la vista”, cuenta Nora y asegura que ella es muy exigente con la limpieza, lo que se puede observar en cada rincón del negocio.

Por otro lado, la encargada de la cocina asegura que para ella “los clientes son todos iguales”. “Así sea un obrero, alguien de clase media o el presidente, para mí son todos iguales. La atención es para todos igual, no por un status determinado le voy a dar el mejor plato”, remarca Nora.

Familia

Carlos y Nora están juntos desde los 16 años y se casaron a los 22. Tienen dos hijos: Mauricio (42 años) y Germán (38), y cinco nietos. Mauricio está casado con Mariana Márquez y tienen tres varones: los mellizos Mateo y Tomás que están por cumplir 8 y Joaquín de 10 meses. Germán está casado con Juliana Marrafeiro y son padres de dos nenas: Alma (8) y Ema (3).

“La vida de abuelo es maravillosa, porque les puedo dar todos los gustos que no le pude dar a mis hijos porque trabajaba. La vida de padre es muy diferente a la vida de abuelo”, dice orgulloso de sus nietos.

A la hora de hablar de proyectos, ambos coinciden en que el objetivo es mantener lo que tienen y disfrutar. “Tratamos de salir a pasear y disfrutar los nietos”, señalan y reconocen que a los 66 años ya están un poco cansados de una ardua vida de trabajo: “Aflojar no podemos porque el negocio no te lo permite. Para mantener el estándar de vida tenemos que seguir ”.

Autor: Redacción

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