Opinión: “Aborto” esa palabra tantas veces censurada

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A pocos días de la sesión en el Senado, el docente y ex candidato a intendente por el Partido Obrero se refiere al tema • “Más temprano que tarde la ley saldrá porque el cambio cultural esta concretado”, aseguró.

Por Sergio Resquin*

El año 2018 transcurrió hasta el presente con una gran vertiginosidad en todo sentido. Tal vez la dinámica socioeconómica haya empezado a acelerarse a partir de la sanción en diciembre de la “reforma previsional” y la resistencia callejera de la que fue acompañada. Creo que ni la brutal devaluación que se abatió sobre los bolsillos de los trabajadores pudo apagar los fuegos encendidos por la emergencia a la superficie de uno de los temas más negados por la hipocresía de décadas. Pero lo que asombró a más de un desprevenido fue la magnitud del movimiento social que acompañó la instalación en la agenda legislativa de la legalización del aborto. La historia es conocida, la media sanción en diputados una mañana evocó la sanción de la ley de matrimonio igualitario o, algo que parece perdido en el tiempo, la sanción de la ley de divorcio vincular. Para algunos, entre los que me cuento, movió a la evocación personal y colectiva. En un sentido aquella consigna “legalización del aborto” que figuraba en la plataforma del Partido Obrero del ‘83, era asombrosa en aquel contexto tanto como el “no pago de la deuda externa”. Es lo que pueden exhibir las vanguardias, más allá de la coherencia con una postura.

 

Mejor no hablar de ciertas cosas

La media sanción en diputados y la certeza de que más allá de lo que decida el Senado, más temprano que tarde la ley saldrá porque el cambio cultural esta concretado, también evocaba a la relación personal con el tema. Una de las primeras imágenes que vinieron a mi cabeza fue una clase en la escuela Normal donde un alumno introdujo el tema a mediados de los ‘90. Recordemos que por entonces la palabra “aborto” estaba censurada aunque no apareciera en ninguna normativa oficial. Se generó un debate más plagado de dudas, que certezas. Lo que hubo quedado claro es que la ilegalidad favorecía un gran negocio entre jueces y policías, que por supuesto subía el precio para los que pudieran pagarlo y condenaba a las practicas más insólitas a las que carecieran de esas sumas y encima sí, terminaban en un hospital lo hacían esposadas. Lo curioso es que dos días después la entonces directora Elisa Respuela me convocaba a su despacho para informarme que la madre de una alumna de apellido Espil, no solo pretendía quejarse por el haber tratado en un 5to año semejante tema sino que le anunciaba que iba a accionar contra mí “por apología del delito”. Mi cara de asombro debe haber sido notable. Pero Elisa había logrado convencer a la iracunda madre de no llevar el tema a los estrados judiciales. Conste que solo se había tratado de un intercambio de opiniones pero la palabra “tabú” había sido mencionada más de una vez. De ahí en más se implementó un sistema por el cual había que solicitar a los padres autorización para tratar ciertos temas o ver alguna película “que pudiera herir susceptibilidades”. La primera película que corrió tal suerte fue The Wall de Alan Parker, con música de Pink Floyd. Aquélla alumna no pudo ver la película obviamente.

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Unos años antes en la misma escuela un sacerdote que había logrado impartir lógica en el último año del nivel medio, había sido el autor de algo que hoy sí podría ser considerado un hecho peligroso. En plena epidemia del Sida un tal Mario Bonabotta, por entonces un hombre de confianza del arzobispo Emilio Ogñanovich, había dado en clase a los alumnos un sermón sobre lo indebido del uso del preservativo. Todavía aún a pesar del tiempo transcurrido “el consejo” del grajo sería lamentable. Por no decir un crimen. Si bien el sermón fue sobre un método no solo anticonceptivo, sino la única barrera contra las enfermedades de trasmisión sexual, las relaciones con el tema hoy en debate abierto, público y menos acotado, son evidentes. La irresponsabilidad de aquel cura fue con los años más flagrante aun ya que según la OMS el preservativo tiene un 98% de efectividad no solo para evitar embarazos no deseados sino también la trasmisión de virus como el HIV. ¿Por qué no lo denunciamos en aquel momento?

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Es autorreferencial ¿y qué?

El debate que atravesó la sociedad en los últimos meses y la fenomenal movilización de las organizaciones femeninas por la legalización del aborto, seguro, público y gratuito fue y será muy emotivo. Al igual que ocurrió con el tratamiento de la ley de divorcio vincular o más acá en el tiempo el matrimonio igualitario, a veces no llegamos a percibir los virajes que la cultura produce hasta que nos estallan ante los ojos. Durante muchas décadas ciertos temas parecían condenados al arcón de los sueños imposibles, guardados por los censores de turno para evitar siquiera ser pensados.

Hace un par de años pude enterarme que mi abuela paterna, que siempre supe había muerto muy joven, fue una de las tantas víctimas del aborto clandestino. Corrían los años 40 y durante toda mi vida esa mujer fue solo una foto que cada tanto movía a algún comentario de los más viejos respecto al parecido con una de sus hijas. Hoy puedo conjeturar la muerte terrible a causa de una septicemia generalizada, tras una práctica inevitable en su caso. Ya no podré saber dónde la encontró la muerte, si al menos el hospital pudo ser un refugio o tal vez, el oprobio y la vergüenza la recluyeron a esperar el fin en una casa pobre. No es difícil suponer que hace 70 años todo lo que hoy es un calvario para miles de mujeres que no cuentan con los 50 mil pesos para garantizarse un aborto en condiciones de asepsia mínimas, debió ser un verdadero infierno.

La legalización de un aborto legal, seguro, público y gratuito será realidad más allá de lo que pase el 8 de agosto. Sacar de la clandestinidad a esas miles de mujeres será a la vez cortar el negocio de los que lucran con esa prohibición. Se abrirán nuevas luchas para lograr que la salud pública en general sea lo que nunca ha sido y que hoy se pretende seguir ajustando.

La lucha por los derechos no se detiene a pesar de los retrógrados y oscurantistas que pretenden anclarnos al Medioevo.

Los dinosaurios van a desaparecer.

* Docente de nivel secundario y terciario, co-fundador del SUTEBA Mercedes, ex candidato a intendente por el Partido Obrero

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