Natalia Zabala: “Todo en mi vida tiene que ver con la música”

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Se recibió el año pasado en el Conservatorio de Música de la ciudad, trabajando en un supermercado • Hoy le dedica su tiempo a sus alumnos de jardín y de primaria, enseñándoles el arte de cantar.

Luego de una observación innata en la mirada de Natalia acerca de cómo camina una persona y lo que le hace falta a su cuerpo para lograr la armonía del cuerpo a la hora de cantar, encontrándose la apertura de los “chacras”, lejos de ser un campo donde se siembra y se cosecha, se vuelve un poco tímida al momento de deslizar su sinceridad arriba de la mesa del Café Martínez.

“Mirá que yo sé más enseñar que cantar”, se defiende ante la pregunta inminente de la falta de una noticia con que encabezar esta nota. Pero sin embargo, su llegada a la enseñanza del arte de cantar es de mucho esfuerzo y valoración para agendar una historia más en las columnas que no llegan a ser tales en la sección de cultura.

Trabaja en los talleres Encontrarte, ubicados en la calle 26 entre 35 y 37, casi todos los días de la semana. Es docente musical en el Jardín de Infantes 902. Ha hecho suplencias en primarias y tiene una gran vocación  por la enseñanza.

  • ¿Cuándo te diste cuenta que tu pasión pasaba por la música?
  • Desde muy chica. A los 8 años, empecé a estudiar guitarra con Osvaldo Wilches. Cuando a mí me enseñaban algo, por ejemplo, las canciones “Vuele Bajo”, o ese estilo de canciones que son muy profundas, como “Carta de un león a otro”, o lo que fuere, siempre leía la poesía e interpretaba el texto antes de cantarla. Hoy por hoy es muy difícil que se haga eso. Hay que saber lo que dicen para poder expresarlo y transmitirlo.
  • ¿Y cuando fuiste más grande?
  • Marilina Ares fue una de las impulsoras para que empiece canto en el Conservatorio. Trabajo desde que soy muy chica y nunca tuve el tiempo. Pero ella me insistió para que empezáramos. Nunca dejé de trabajar: salía de trabajar del supermercado y a veces cursaba. A la vez que cumplía el rol de madre, estudiando y trabajando. De lunes a lunes levantándome a las 7 de la mañana. Los francos que tenía los aprovechaba para estudiar. Dormía poco. Pero quería cumplir el sueño de recibirme en la carrera de canto popular y educación musical. Hacía mucho que venía con esta idea de estudiar. Recién ahora me siento plena.
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Se dedica más a enseñar que a cantar. Canta como invitada, generalmente, pero está más avocada a sus hijas, Juliana (14) y Paula (11). Le cuesta combinar la vida artística con la materna, pero prefiere esta última.

Fue un esfuerzo muy grande que hizo para llegar al Conservatorio, estudiar y recibirse. Terminó la carrera, como pocos, con un empuje gigante. “Feliz y agradecida totalmente a la educación pública. Sino no lo hubiese podido hacer”, cuenta recibida el año pasado, luego de 10 años de haberse esforzado por conseguirlo.

Hoy con 38 años ya es una profesional de la música recibida en el Conservatorio de Mercedes, cosa que cuenta con un gran orgullo. “El encuentro con Marilina (Ares) me cambió la vida. Hacer esto trabajando en un supermercado casi full time fue algo que no cualquiera lo puede hacer. Tengo buenos recuerdos y todo. Era mi último año de la cursada y tenía materias presenciales; hablé con el gerente diciéndole que me quería ir y arreglamos. Agarré una licencia en lugar de Marilina Erramuspe enseguida. Así que empecé en el Jardín 907. Después hice primaria, volví al jardín y bueno, un poco de todo”, cuenta satisfecha.

  • ¿Cómo ves la educación hoy desde la docencia de música?
  • Yo genero mi espacio. Me pasa eso. Me gusta la gente pero entiendo que cada cual genera lo suyo. En un jardín te vas a encontrar a gente a la que le vas a gustar y a gente que no. En realidad, yo trabajo con los nenes. Entonces llego y me dedico a ellos y estoy la media hora trabajando con los nenes. No es que me pongo a charlar con un docente o con otro. Llego, saludo y me pongo a trabajar.

“Todo en mi vida tiene que ver con la música”, desliza luego de contestar acerca de si tiene alguna actividad extra musical. Se autodefine como una “loca capricorniana caprichosa. Como buena capricorniana, necesitamos que nos den un lugar importante. Los cumpleaños de un capricorniano son en verano. No están los amigos, generalmente, y cuando tenes que invitar, es complicado. Como que portamos un carácter especial”, revela y agrega: “soy un poco estructurada. Como que me gusta tener todo bajo control. Me desespera cuando se me van las cosas de las manos. Según cuenta, le cuesta relacionarse con la gente. Prefiere la soledad a estar con gente que habla mal de otra gente. “Soy muy de la terapia o del yoga. Busco la tranquilidad y me cuesta mucho encontrarla”, confiesa.

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Sabalera, pescadora de un sueño

Nació el 13 de enero de 1980 en Mercedes. Hija de Juan Carlos Zabala, un muchacho que arreglaba radios en la calle 45 y 18, frecuentemente, se juntaba a tocar la guitarra con sus amigos, reuniones que Natalia mamó de chica. Con su familia vivía enfrente de Radio Vida, a la que asistían con su padre, para ver a los músicos que tocaban en vivo.  Su madre es una mujer muy tranquila. Se llama Estela Mónaco y es ama de casa. Natalia era una niña muy especial a la que le gustaba mucho el arte. “Siempre fui muy sensible”, recuerda de su infancia.

La escolaridad primaria la hizo en la Escuela 2. Fue a cantar hace dos años para el día del maestro. Tuvo la sensación de encontrarse con que el patio no era tan grande como lo veía de chica. La secundaria la cursó en Nacional. Trabajó en el Disco de cajera y en la panadería del supermercado. De esta manera, pudo financiar su viaje a Bariloche. De vez en cuando se junta con sus compañeros de la promo ´97.

Cuando se egresó no sabía que quería hacer de su vida. Empezó a trabajar en varios lugares: vendía rifas, trabajó en un Salón de Fiestas, en una YPF y en un supermercado.

A los 26 años se casó con el padre de las nenas, de quien está divorciada, pero con una gran relación. Hoy a los 38 está sin pareja y con un gran sueño pescado: la música y la pasión que le nace cuando va a enseñarle a los chicos.

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