Maduro, Macri, Vidal y Pepsico

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Los canales anti K insisten en que Maduro es un dictador que debe ser derrocado. Pero al mismo tiempo, cuestionan las manifestaciones en contra de Macri por ser un presidente electo democráticamente (al igual que Maduro) y entienden necesario el uso de la fuerza para evitar los piquetes.

Los canales noticiosos anti K insisten en dos cuestiones: a) que Maduro es un dictador que debe ser derrocado y b) que Maduro debe detener la represión.

Pero al mismo tiempo, cuestionan duramente las manifestaciones en contra de Mauricio Macri por ser un presidente electo democráticamente (al igual que Nicolás Maduro) y entienden necesario el uso de la fuerza para evitar los piquetes.

Macri –al mismo tiempo- manifestó su solidaridad con López (considerado un preso por razones políticas) pero se desentiende de Milagros Salas (a quienes organismos internacionales de derechos humanos, la considera presa política).

Parece pues que el Macrismo se terminó pareciendo a su odiada Venezuela chavista, aunque en la versión de Nicolás Maduro. Macri y Vidal –al igual que Nicolás Maduro- utilizan la represión para combatir las movilizaciones en contra de la política económica. Es cierto: no hay muertos. Pero si la escalada de violencia sigue en alza, lo puede haber en cualquier momento.

Y al igual que Maduro, desprecia las opiniones de los organismos de derechos humanos internacionales. Y ambos tienen más o menos la misma lógica: los organismos internacionales no saben lo que hablan.

El cierre de Pepsico pone en evidencia que las empresas tienen una visión excesivamente utilitarista de los trabajadores. Y si bien es cierto que la empresa tiene la potestad de hacer los petetes y emprender viaje, no es menos cierto que la justicia no debía ser tan lacaya de los empresarios y comprender que era posible trabajar una salida sin la violencia ejercida. Más aún: se supo que horas después del violento desalojo, la justicia laboral ordenó la reincorporación de los despedidos porque entendían que no se había cumplido con el procedimiento preventivo de crisis.

Macri –claramente- estaba más preocupado porque los empresarios de Pepsico no se enojen, que en atender la problemática de los trabajadores. Extrañamente para la empresa la excusa fue que el gremio había aceptado el acuerdo, como si solo con eso bastara. Los gremios son fieles representantes de los trabajadores cuando los empresarios así lo entienden.

Se insiste: la empresa tiene derecho a cerrar, pero los trabajadores deberían tener derecho a patalear. Y aquella toma simbólica no ha quedado acreditado que generaba algún gravamen irreparable entre los empresarios.

La decisión de Vidal de bancar al ministro de seguridad y acceder al pedido del macrismo de avanzar en el desalojo es –a no dudarlo- un mensaje hacia el futuro. Para los trabajadores que quieran resistir el modelo de desindustrialización que se ha puesto en marcha.

Sucede que estas protestas son más “grasas” que las que se escuchaban hace un par de años. Y por eso merecen ser apaleadas, como ya la fueron en centro porteño hace unas semanas atrás.

Mientras eso sucede, el relato M sigue mirando Venezuela como si aquello hubiese sido el fin del modelo K. Pero en realidad Maduro, al igual que Macri, se escribe con M.

Author: Paloma Rocío Guevara

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