Los problemas de agua

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Año tras año el servicio es cada vez más deficiente producto del crecimiento de la red y de la ausencia de una obra de infraestructura que permita garantizar el servicio en épocas de mayor consumo.

Por Javier Guevara

“No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”. Lo podría haber dicho cualquiera, porque no hace falta un doctorado para arribar a esa conclusión. Pero lo dijo Albert Einstein y la frase adquirió la condición de verdad revelada.

Para el presupuesto del corriente año se destinaron 200 mil pesos para obras de agua potable, destinados a llevar el servicio al barrio Nueva Austral. Desde que Carlos Selva asumió el gobierno, todos los años se ha venido ampliando la red de agua corriente. Lo cual es una buena noticia para los vecinos que pasan a gozar del servicio. Pero al mismo tiempo es un nuevo problema para el resto de los ciudadanos que están conectados a la red.

Y es que –año tras año- el servicio es cada vez más deficiente producto del crecimiento de la red y de la ausencia de una obra de infraestructura que permita garantizar el servicio en épocas de mayor consumo.

Cada vez es más habitual que los vecinos tengan dificultades para acceder al vital elemento y deben o instalar ‘bombitas robadoras’ o bien una cisterna. Todo ello para subsanar la deficiencia del estado comunal que sabe que la presencia del agua corriente es bienvenida pero ignora (o parece ignorar) que el sistema está a punto de colapsar.

Algo similar a lo que ocurre con el suministro de energía eléctrica en la Cooperativa Levin, solo que –de ocurrir una cuestión similar- el ejecutivo no podrá cargar las culpas sobre nadie. Hace años que viene afirmando que el problema es el derroche, pero se niega a modificar la base imponible de ese servicio y pasar a cobrar el servicio por consumo y no por metros de frente como se hace actualmente. Año a año presupuesta dinero para la instalación de medidores de agua que nunca se compran y nunca se colocan.

Pero a pesar de ello, insisten en aumentar las obras de agua corriente en un claro gesto demagógico. Nadie está poniendo en tela de juicio que los vecinos que no reciben ese servicio, tengan derecho a recibirlo. Lo que se pone en duda es que –de persistir en esa política- lo puedan utilizar.
El verano anterior se realizaron mediciones informales donde se denunció que en algunos barrios la presión era 10 veces inferior a la mínima requerida para que el agua ascienda a un tanque ubicado a 2,5 metros. Y que dicha carencia de presión no estaba íntimamente vinculada con el calor, sino con el mayor consumo del verano.

Siempre se habla del problema de las piletas y otras yerbas. Lo cierto es que si ese fuese problema, sería fácil deducirlo colocando medidores. Y –de esa forma- o bien los ciudadanos restringirían su consumo o abonarían más. Y con ese dinero se podrían encarar las obras necesarias para garantizar el suministro del vital elemento cuanto más se necesita que es –precisamente- en el verano.

Pero nada de ello ha sucedido. Todos los años los funcionarios salen a advertir sobre la necesidad de cuidar el consumo y dando cifras que dan cuenta de la gran cantidad de agua que generan. Pero –a pesar de todo- hay centenares o miles de familias que tienen dificultades para acceder al servicio. Y no se podrá esperar que algo cambie, porque no se ha hecho nada para que ello suceda.

Autor: Redacción

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