Las regadoras, declaradas como “especie en peligro de extinción”

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EL NUEVO BROMISTA. Primero, allá lejos y hace tiempo, fueron los dinosaurios. Luego, más acá en la historia, el rinoceronte de Java. Y ahora, en un dudoso privilegio mercedino, la lista de especies en peligro incorpora un nuevo espécimen.

 

regadora

Primero, allá lejos y hace tiempo, fueron los dinosaurios. El hecho, entonces, se consumó.

Luego, más acá en la historia, el rinoceronte de Java, el leopardo de las nieves, el tigre, el atún rojo, el elefante asiático, la vaquita marina o el gorila de montaña.

Después, y ya cerca en la geografía, el yaguareté, el huemul o el tatú carreta.

Y ahora, en lo que representa un dudoso privilegio mercedino, la lista de “especies en peligro de extinción” acaba de ampliarse con la incorporación de un nuevo espécimen: la regadora, el camión regador o, según su nombre científico, regadorum municipalum.

La decisión se venía masticando a partir de comentarios de vecinos, protagonistas de interminables discusiones sobre la fecha exacta en que se la vio por última vez: “Fue el 3 de abril de 1972, a las 17,32, por el barrio del Parque”. “No señor, fue el 17 de diciembre de 1975, alrededor de las 9 de la mañana, en cercanías de la entonces fábrica Tedo. Lo recuerdo muy bien porque yo iba caminando y me mojó las patas”.

A partir de allí comenzaron las investigaciones, en las que intervinieron de igual modo paleontólogos y mecánicos, arqueólogos y chasistas, geólogos y especialistas en alineación y balanceo, soportando verdaderos nubarrones, abriéndose camino con las manos entre mantos de tierra suelta sin saber con qué se toparían al siguiente paso.

Lo primero que encontraron fueron dos ruedas enterradas en cercanías del arroyo Balta. Más tarde, y gracias a la fortuna de un pescador ocasional, parte de un tanque de agua en las profundidades del río Luján. Y finalmente, lo que les resultó un hallazgo histórico, tres ejemplares fosilizados dentro del Corralón que esperan ser trasladados: bien al Museo Ameghino de nuestra ciudad, bien al museo del automóvil que se encuentra en Balcarce.

La tristeza de lo que consideraban una pérdida irrevocable, sin embargo, se les transformó en esperanza cuando allí mismo, dentro del Corralón, vieron el regreso de una regadora tras su paseo del día. Algo vetusta, es cierto; con apenas un hilito de agua, también; pero con posibilidades de conservación y recuperación de la especie, tal vez cruzándola con una barredora. Aunque de la barredora también advirtieron: “Como a la regadora, el problema es encontrarla. Son ariscas ambas, por eso se las ve poco”.

Autor: Redacción

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6 comentarios

Igual no hay que perder las esperanzas, para mi puede haber rastros de las especies extintas debajo de la montaña de basura que hay en el corralon.

Yo propongo que las pilas de hojas que ocupan ya el lugar de un auto en las calles empiezen a pagar el estacionamiento medido. Posta, se hacen verdaderas montañas que impiden estacionar, una cosa de locos!!!

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