La venganza de la tierra

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El problema de las inundaciones crónicas en la zona evoluciona más rápido que la capacidad de la sociedad para organizar soluciones. El panorama global es tal magnitud que no se resolverá con un simple recambio de autoridades.

Por Claudio Fabian Guevara

El problema de las inundaciones crónicas en la zona evoluciona más rápido que la capacidad de la sociedad para organizar soluciones. Los sucesivos anegamientos en Mercedes, en 2014 y 2015, hacen temer por un estatus de zona de desastre periódico, que va a costar mucho revertir.

El paleontólogo José Bonaparte, que ha dedicado mucho tiempo en los últimos años promoviendo propuestas realistas para enfrentar el problema, reflexiona amargamente esta semana: “Nada tuvo resultados positivos ante la indiferencia e impermeable actitud de las autoridades locales, tal vez porque las inundaciones son pasajeras y tan espaciadas que tanto autoridades como candidatos electorales se “olvidan” o no les alcanza el número de neuronas para evaluar la compleja problemática física y social del problema”.

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La política como show electoral se viene reduciendo a sí misma a un contrapunto de eslóganes y frases efectistas, de escaso contenido técnico y sin proyección en el tiempo. Por lo tanto, toda obra de magnitud -como una nueva red cloacal, un abordaje integral del problema de la basura, o trabajos bien planificados para facilitar el escurrimiento de las aguas- es ignorada o sistemáticamente aplazada. Pocas cosas que no tengan impacto mediático y alto rendimiento electoral figuran en la agenda cotidiana de los administradores del Estado.

Al mismo tiempo, nuestras instituciones de gobierno son maquinarias complejas y enmarañadas. El Estado en sus diferentes niveles -municipal, provincial y nacional- tiene dificultades para dialogar y llegar a acuerdos. A menudo se suman el choque de legislaciones y jurisdicciones, y la actitud burocrática de algunos agentes, para que soluciones simples a problemas complejos se obstaculicen durante años.

Y el problema de las inundaciones sin duda tiene muchos niveles de realidad.

Por un lado, la obra del hombre siempre tiene un impacto ambiental: allí donde se levanta una nueva ruta o erige un nuevo terraplén o urbanización, hay escurrimientos naturales que se alteran. Esta circunstancia ha sido respondida por diferentes particulares y organismos de gobierno con sus propias acciones aisladas y descoordinadas: canales que desagotan hacia los vecinos, o desagotes tapados para impedirlo. Urge una voz con autoridad que ponga orden en este proceso.

Por otro lado, las aguas parecen ser la avanzada de la venganza de la tierra por la depredación sin freno a la que la sometemos. El calentamiento global y otros factores vienen provocando un sostenido aumento del nivel de los mares en todo el mundo. Hay costas, islas y regiones enteras condenadas a desaparecer bajo las aguas, y los casquetes polares se derriten a un ritmo asombroso.

El panorama global sintetiza un problema de tal magnitud que no parece realista creer que se va a resolver a partir de un simple recambio de autoridades.

Autor: Redacción

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1 comentario

bonaparte, coherente, realista, oportuno, habla como tecnico y ciudadano.su voz autorizaa es poco escuchada, mientras los politicos, persoanas que no estudian, las problematicas, as en el mediodan aulas de oralismo vacio. cuando selva dice que van a empezar a dragar el rio, da una voz de ignorancia . las cuencas se empiezan a trabajar desde la naciente, nunca, jamas desde el medio. quien lo asesora, cantinflas?

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