La ruta imposible

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El gobierno provincial debería comprender que es necesario realizar un profundo cambio en materia vial, al menos en la ruta 41. Independientemente si las reparaciones se hacen o no en forma correcta, la actual situación no da para más.

Por Javier Guevara

El gobierno provincial debería comprender que es necesario realizar un profundo cambio en materia vial, al menos en la ruta 41. Independientemente si las reparaciones se hacen o no en forma correcta, la actual situación no da para más.

Año tras años se suman las víctimas fatales a lo largo de esta ruta que cruza la provincia de Buenos Aires y por ende es el camino obligado de millones de turistas que quieren llegar a la costa atlántica. Y también de miles de vehículos de gran porte que transportan mercadería.

Sin ir más lejos, las reparaciones que se hicieron en este lustro dentro de nuestro partido de nada han servido. Más allá de las buenas intenciones de algunos integrantes de la UDUV de Mercedes, es clara la utilización política partidaria de los vecinos, razón por la cual la misma termina perdiendo legitimidad. Y de nada sirve la campaña de concientización que intentan realizar. Prueba de ello es que la semana que se apostaron a lo largo de la ruta 41, fue uno de los peores del año. Es cierto que sin dicha labor tal vez podría haber sido peor, porque era el recambio de una temporada que sorprende a propias y extraños.

Para que dicha ruta sea transitable en forma segura, el estado provincial debería tomar la decisión política de realizar férreos controles a los vehículos de gran porte respecto al peso que trasladan. Y para ello deberían contar con la colaboración de los municipios. Que se apuesten a verificar si estos vehículos pueden seguir circulando sin afectar el estado de la cinta asfáltica y en caso contrario, impidan que sigan circulando. No realizar un control fiscal, ni bromatológico: solo de peso. Caso contrario será muy difícil que alguna vez los bonaerenses tengamos rutas seguras.

La década del noventa que trajo consigo el cierre de ramales ferroviarios, incrementó el uso de camiones para transporte de mercadería. Y es una de las asignaturas pendientes de la década K: lograr un servicio ferroviario eficiente y que comience a reducir la presencia de camiones.

Hasta que ello no suceda, no importa el dinero que el gobierno bonaerense invierta en el mantenimiento de la ruta 41: nunca será suficiente. Y por ello seguirá en pésimo estado, con tramos intransitables, verdaderas trampas mortales para otros argentinos que desconocen la peligrosidad de la misma con sus banquinas descalzadas, su carencia de iluminación y otras falencias tantas veces denunciadas, tantas veces emparchadas y tantas veces cuestionadas.

Por supuesto que sería mejor contar con una autopista de dos o tres vías. Pero mientras ello sucede, sería positivo realizar más controles para que el dinero invertido no se vaya por la borda llevándose consigo infinidad de muertes.

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Autor: Redacción

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