La obra de la buena pipa

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El autor de esta nota es padre de un alumno del jardín de la Escuela Normal • Relata las vivencias de los familiares, los reclamos no escuchados y palabras de funcionarios que alarman.

Por Pablo Stasiuk

“Si quieren ver fútbol gratis, vayan a vivir a Cuba” (F.Niembro)

A fines del 2017, en una cena a beneficio de la Escuela Normal, la presidenta del Consejo Escolar Ana Darritchon anunciaba la tan esperada obra de reparaciones y reformas en la escuela. Todos los padres recibimos la noticia con mucha alegría, ya que los mercedinos sabíamos que el edificio no había tenido obras importantes de mantenimiento en muchísimos años.

Pasó el tiempo y a mediados de 2018 aparecieron algunos andamios que se armaron en el frente sobre calle 29 pero la obra empezó en realidad hacia fines de año y principios del 2019. A fines de enero empezaron los trabajos en la parte superior que es donde se encuentra el jardín Nº 915.

Cerca del comienzo de las clases varios padres empezamos a preocuparnos porque veíamos que la obra no iba a estar terminada para la fecha de inicio. Ahí empezamos a organizarnos para poder tener contacto con las autoridades y transmitirles nuestras objeciones con respecto a la “planificación” de la obra. Fue en ese mismo momento que los padres advertimos que desde los lugares que correspondían se negaban a darnos explicaciones sobre las medidas de seguridad ya que nuestros hijos iban a concurrir a clases al mismo tiempo que la obra estuviera en marcha. Propusimos el traslado de los alumnos a dos establecimientos que cedían sus instalaciones ya que contaban con un solo turno cada uno y los dos tenían todo lo necesario: cocina, baños, calefacción, salas separadas, etcétera.

Agregamos también que accediendo al traslado, la empresa iba a contar con el jardín libre para hacer todos los trabajos juntos sin tener que parar en las horas de clase. La conveniencia era mutua. Recibimos un NO como respuesta y desde la misma presidenta del Consejo un: “Nosotros garantizamos un normal desempeño del año lectivo en jardín y en todo el colegio”.

Bueno, desde el inicio de clases todo se convirtió en un caos… cortes de luz, de agua y movimientos de obra que obligaron a la suspensión semanal de clases ( 1 ó 2 días por semana). El primer día de clase en jardín pareció un chiste de mal gusto: el SUM central era una pila de escombros rodeada por un cerco de fenólico, paredes a medio revocar, los baños de los nenes sin puertas, techos con problemas en la mampostería del techo (sala amarilla principalmente). Allí se desarrollaron las clases durante unos días hasta que en abril se decidió bajar el jardín al salón de actos. Las tres salas teniendo clases juntas en un mismo espacio (80 chicos de 3, 4, y 5 años). Los directivos y el personal docente y auxiliares hicieron lo imposible para que los nenes estén lo mejor posible…peeeeero, llegó el invierno! Abajo no hay cocina y el gas estaba sin aprobar, así que los nenes tomaban jugo con pan o masitas. Al enterarnos los padres, aportamos unas pavas eléctricas para que puedan hacerles un té caliente ya que el frío en semejante salón es insoportable.

La vuelta al jardín que debería ser en mayo no ocurrió… ni en mayo, ni en junio y hoy, 11 de julio, después de suspender por enésima vez las clases, se anuncia para el lunes próximo. Se vuelve al jardín sin cocina (está vacía), sin baño de docentes, puertas de baño que no cierran, vidrios que faltan, calefactores que se apagan, luces que faltan, etc…. tres meses para volver a un jardín sin terminar.

El jueves a la mañana, en un cruce radial de Ana Darritchon con un padre de Jardín, la presidente del Consejo desconocía descaradamente las fallas que se pueden ver tranquilamente si uno se hace presente en el lugar (si te dejan pasar).

Lo más preocupante fueron unas frases que largó la funcionaria que se vio acorralada por las evidencias del papá de la alumna: primero dijo “tengo la sensación que los padres están en pié de guerra contra nosotros” cuando en realidad estamos colaborando en todo lo que podemos ante el primer llamado (llevamos galletitas para los nenes, papel higiénico, servilletas, pavas eléctricas, una mamá hizo confeccionar una zapatilla eléctrica especial para las pavas, yo hice el pulido del piso de la sala de música clausurada durante dos años, llevamos jugo, algunos padres ayudan con la limpieza en las mudanzas, etc…).

Pero la frase más terrible la tiró en el final de la charla ( ya la había dicho hace un tiempo en una reunión): “Si ustedes siguen trayendo los chicos acá es porque saben que están bien, si no se los llevarían a otro lado”… lo que se traduce en si no les gista el jardín así, lleven a sus hijos a otra escuela.

Nosotros elegimos la escuela pública a conciencia, aún sabiendo de los problemas que tienen las instituciones del estado y que se han agudizado en los últimos tiempos.

Los padres estamos totalmente de acuerdo con la obra, lo que nos pareció una falta total de responsabilidad es haberla hecho con los alumnos adentro. Pero bueno, parece un modus operandi de la gestión provincial, ya que hay problemas y sentadas de alumnos en todos los establecimientos.

Así como don Niembro nos mandó a Cuba si queríamos ver fútbol gratis, parece que si queremos condiciones dignas en donde se eduquen nuestros hijos también tendremos que partir rumbo al Caribe, o a un colegio pago.

El que no haya pasado un accidente no es señal de que se hicieron bien las cosas. Se jugó y se juega con la integridad de alumnos, docentes y padres… pero parece que los caprichos pesan más.

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Autor: Mariano Oyarzu

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