Jorge Antonio Santos: “Prefiero ser sincero conmigo mismo”

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De niño, fue dado en guarda a la familia Capoferri que se hizo cargo de su vida • Estudió historia en el Instituto 7 y en la Universidad de Luján, adquiriendo vastos conocimientos sobre la materia • Actualmente trabaja en el Archivo Histórico del Poder Judicial y se dedica a componer canciones con su última banda: Disritmia.

Trabaja en el Archivo Histórico del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, sobre la calle 27, entre expedientes viejos, de principios del siglo XX. Reconstruye expedientes para que puedan ser investigados, música, por momentos clásica, por momentos rock, el “extraño de pelo largo” y una barba larga, que le alarga la pera, se sienta en una de las antiguas sillas que habitan el archivo, entre objetos de antigua data como máquinas de escribir, un busto de Mitre, el famoso amparo de Siri que sentó jurisprudencia en su momento y tanto otros objetos que utilizaba la justicia de principios del siglo pasado. Y siempre un libro lleva consigo: en este caso, “Cómo cambiar el mundo”, del historiador de Alejandría, Egipto, de ideología marxista, Eric Hobsbawm.

Con su hija Francesca y su madre Clorinda Busca

Nació el 24 de noviembre de 1978, “la peor parte de la dictadura, uno de los momentos más críticos, que fue cuando desaparecieron más personas”, recalca quien vino al mundo en Del Viso, cerca de Pilar, Provincia de Buenos Aires. Su partida de nacimiento miente acerca del lugar donde nació: figura nacido en Capital Federal. A los 2 años de edad conoció Mercedes. Su llegada a esta ciudad tiene que ver con sus orígenes biológicos. Sus padres biológicos lo dejaron con sus tíos abuelos, que lo criaron: la familia Capoferri integrada por Eduardo Capoferri, fallecido en el 2005, Clorinda Busca y Silvia Capoferri, a quienes llama “mi familia. Estoy con ellos desde los 2 años. Hoy tengo 40. Pero no fue una adopción. Fue una guarda”, aclara.

Con su hija Francesca, su hermana Silvia Capoferri y su madre Clorinda Busca

La infancia de “Tatín” -como le dicen desde niño- transcurrió en el barrio Roberto J. Payró (llamada “El Sapo”): “En la época mía no había celulares. Se jugaba mucho al fútbol, a la mancha. Había mucha libertad para andar en la calle. Nada que ver con lo que es hoy. Los amigos que uno va conociendo de la calle misma: Agustín Castro, Ariel Solezzi y el taller de Solezzi, Debora Levisman, Willy Fajardo, que después por cuestiones de trabajo o de estudio nos hemos separado. Pero la vida siempre termina uniendo esos caminos. Uno no puede escapar a eso. Mi infancia fue normal, con mi familia, mi papá y mi hermana que siempre en la medida que podían me enseñaban todo lo que podían. El aprendizaje se lo debo mucho a mi viejo”, cuenta quien de niño era llamado a los gritos por su madre, cuando este se mandaba alguna macana: “Tatín”, con una voz muy aguda. “A veces era bastante revoltoso. Pero tuve que pagar lo que hice porque mi hija (Francesca Santos) es bastante igual a mí. Pero éramos sanos. No había maldad. Tocábamos timbre y salíamos corriendo. Era lo máximo que hacíamos”, confiesa.

En su última presentación en la Plaza San Martín, en el contexto de Música en las Plazas, con Disritmia

El jardín lo hizo en el que está sobre la avenida 29, al lado de la escuela 7, del que no recuerda su nombre. La primaria la arrancó en la escuela 7, hasta segundo grado. El motivo no lo quiere revelar y ríe, recordando que era revoltoso y que no lo podían tener quieto. Fue así que lo mandaron a la escuela 3, donde termina la primaria. La secundaria siguió en Industrial. “En Industrial me parece que se habían puesto en contacto con la escuela 7 e hicieron lo mismo. Me sacaron (ríe). Fue un complot con la escuela 7. El problema era la educación, no yo”, afirma en forma semiseria. Luego terminó la secundaria en Normal: “yo creo que no hubo contactos con las otras escuelas”, se ríe y fuma.

En uno de los ensayos con Disritmia, en “El Bosquecito”, donde tocarán este sábado.

Era el año 1997 cuando terminó la secundaria. En el año 1998, tenía 19 años de edad y estaba muy desorientado respecto de su futuro. No sabía a qué dedicarse. Sus padres le habían dictaminado la clásica sentencia de la opción entre el estudio o el trabajo. Fue así que arrancó el CBC de abogacía. “No me da la cabeza para abogacía”, dice autosubestimándose. Pero después arrancó el profesorado de historia en el Instituto 7, durante 3 años. Siguió en la Universidad de Luján, pero había algo que no le gustaba. “Me aburrí”, se confiesa, aunque aclara que le encanta leer, pero no le gusta estar atado a un programa de estudio, ni al academicismo.

  • ¿Con que autores te sentís más identificado en la historia?
  • Con Eric Hobsbawm, el viejito de Alejandría. Que Dios lo tenga en la gloria. Con una ideología política muy marcada. Muy marxista, muy comunista el tipo. Es excelente. Más allá de su subjetividad, el tipo te enseña. Hace una comparación y un análisis económico, histórico, social de diferentes épocas de la historia que, más allá de su ideología política, no te adoctrina, te enseña. Y eso es lo bueno. Lo que a mí me gustó de Hobsbawn. De hecho, tiene un libro que es “Bandidos”, que hay partes que las escribió en Argentina. Estuvo en el sur. Creo que tenía ochenta y dos años cuando murió. Otro que he leído y me gustó fue Felipe Pigna. Más kirchnerista, pero yo no tengo una ideología marcada. Tuve el placer de conocer a Pigna personalmente.

Posteriormente a dejar truncos sus estudios de historia, se casó en el año 2011  con Viviana Arias, la madre de su única hija, Francesca (4), hoy divorciado pero con una excelente relación: “Francesca es mi vida”, confiesa. Su hija nació en el 2015. Estuvo 5 años casado y “por cuestiones normales, de relaciones entre seres humanos nos separamos”, cuenta.

Grabando en Equilibrio Producciones, el estudio de Marcos Porcar.
  • ¿Cómo arrancaste con la música?
  • Es todo un tema con la música. Hay una parte oscura de la que no voy a dar nombres. A los 15 o 16 años me regalan la primera guitarra. Una Palmer. Me la regaló mi familia para un cumpleaños. Me acuerdo porque había ido a jugar un partido de fútbol la noche anterior y me habían pegado una patada. No podía apoyar el pie. Y me hacían la búsqueda del tesoro. Y yo andaba rengo saltando y la guitarra estaba debajo de la cama. Un músico conocido de Mercedes, que no voy a nombrar por una cuestión de respeto, en un lugar en el que estábamos, hacía los primeros acordes. Y me basureó delante de los demás. Como que yo no sabía nada. Esta persona es un excelente músico. Hay que reconocerlo. Y eso fue algo muy desagradable para mí.
  • ¿Eso te influyó de ahí en adelante?
  • Sí. Porque vos imagínate que hacía un mes que tenía la guitarra y empezaba las primeras notas. Y a los 15 o 16 años no podía pagar un profesor. El que te enseñaba lo hacía de onda. Me repercutió en toda mi vida porque empecé a cerrarme y estuve mucho tiempo sin tocar la guitarra.
Con su familia: su hija Francesca, su hermana Silvia Capoferri y su madre, Clorinda Busca.

Posteriormente a sentirse humillado, decidió empezar el Conservatorio. Y su academicismo lo volvió a aburrir. Por lo que decidió tocar la guitarra en forma autodidacta. Le cambiaba las cuerdas. Hasta que lo conoció a Gustavo Zoni, con quien empieza a tomar clases. Fue allí que empezó a dar los primeros pasos en bandas de rock.

  • ¿Cuál fue la primera banda?
  • La “Clark´s Day”. Es una ciudad de Mississippi. Estaba el Flaco Gumarelli en la guitarra, Walter Dova en la voz, Pablo Montenegro en la batería, Fernando Ricciardulli en el bajo. Tocamos una noche en Suipacha y nos separamos. Con Gumarelli formamos otra banda, donde Carlitos Díaz entró en la batería y ahí lo conozco a Franco Tornesse, que en entró en el bajo. No solamente compartimos con otras bandas, sino que nos transformamos en los “Pacientes Psiquiátricos”. Con Franco nos hicimos grandes amigos. De hecho hoy compartimos un montón y hoy está conmigo en “Disritmia”, mi banda actual con la que hacemos una cosa totalmente diferente al rock y al blues (Pappo, Memphis, La Mississippi) que veníamos haciendo. Es una gran persona Franco. Seguía con las clases de Gustavo Zoni, un guitarrista de blues en Mercedes muy bueno. Después me separé y formamos “Un Fuego”, con Cristian Grendelmeier, Juani Pértica y Evangelina Mameli, con quienes hacíamos acústicos de covers. Después Evangelina quedó embarazada y obviamente se complica cuando hay una criatura. Se disolvió la banda y quedé casi dos años inactivo, escribiendo y componiendo.
  • ¿Cuáles son tus proyectos personales?
  • Y en cuanto a la música, dicen que con Agustín (Castro) somos bastante temerarios porque nos animamos a tocar donde sea y como sea. Pero si en la vida no sos temerario con algunas cosas…al menos es lo que disfruto. La vida te da oportunidades. Y esto es una oportunidad que me dio la vida de plasmar mis canciones. Y me dicen que son bajoneras. Pero si yo voy a hacer música para conformar al público, no se puede conformar a todos. Prefiero ser sincero conmigo mismo. Uno no tiene que estar atado a hacer lo que la gente quiera.

Disritmia: la alteración del sonido cardíaco

  • ¿Cómo se formó “Disritmia”?
  • Encontré a un gran amigo de la adolescencia, Agustín Castro, después de muchos años de venir charlando para hacer algo de música. Un día dijimos de poner un día. Fue y cuando probé un tema mío que se llama “Mi Final”, me convenció. Ya lo había probado con cinco cantantes. Todos lo cantaban muy bien. Pero no le ponían la entonación que yo quería que tuviera la canción. Y Agustín le dio un toque al tema que me dije: “ya está. Listo. Este es el cantante”. Habíamos empezado algo eléctrico. Yo no quería algo así. Y después de tanto recorrer con la música durante 5 años, nace hoy “Disritmia”.
  • ¿Por qué se llama “Disritmia”?
  • Porque tenemos menos ritmo que una babosa electrocutada (risas). Una de las cosas importantes fue la charla de cómo nos llamamos. Siempre está el tema de cómo le ponemos a una banda. Es todo un tema ponerle un nombre a una banda. Siempre refleja lo que uno piensa. A lo que va. A dónde quiere llegar o qué es lo que quiere demostrar. Y juntarnos a la noche tocando la guitarra y decir: “Pará, vos estas tocando una nota y yo otra. Es como decir que vos estás hablando de fútbol y yo de boxeo”. Estábamos hablando dos cosas diferentes y había un destiempo bastante importante. De ahí nace el nombre. Pero hoy nos afilamos un poco más y pasa a ser irónico el nombre. Estamos sonando mucho mejor. Las cosas están mucho más encaminadas. Obviamente, siempre nos va a faltar algo en el todo. Uno nunca termina de crecer y la experiencia es lo que te lleva constantemente a aprender y crecer. Y vamos a seguir creciendo con todo el proceso. La banda no tiene un año y ya tenemos tres shows: el Pizza Concert, en la Dummer, invitados por Cristian Krausse, y en la Plaza San Martín en Música en las Plazas, invitados por Lucía Capaccio y la Dirección de Cultura. Hubo gran recepción por parte del público que te venía a felicitar y te decía que el producto está bueno.
  • ¿Cómo se compone la banda?
  • En la voz y primera viola, Agustín Castro, compositor también de las canciones en conjunto conmigo, que estoy en la segunda viola, en el bajo Franco Tornesse, un gran amigo;  en el teclado y coros, Jaqueline Oliva, una chica que conocimos cuando tocamos en la Dummer; en la percusión, Santiago Pauli, muy buen percusionista, que de a poco nos ha introducido en el ritmo. Y de a poco se fueron dando las cosas. Una banda de 5 integrantes que ya no sé si es acústico, es semi acústico.
  • ¿Próximas fechas?
  • Ahora nos estamos preparando para el sábado 23 de febrero para tocar en “El Bosquecito”, donde era lo de Pipi (calle 11 y 126), en el que estamos preparando temas nuevos. Quien maneja eso es un gran amigo, Juan Pablo Gaudio, “El Lobo”, fanático de Gimnasia. Va a ser un show nuestro que no va a servir para recaudar plata para costear los gastos del disco. Y después una fecha el 23 de marzo en Vinilo. Y el 13 de abril en Balero.
  • ¿Cuáles son los proyectos de la banda?
  • Estamos grabando un material discográfico con Marcos Porcar, un genio el tipo que la verdad que la paciencia que nos tuvo en las primeras tomas y la calidad de su estudio, con su tecnología y la buena onda de Marquitos es algo destacable, como su predisposición. Va a haber invitados músicos amigos. Y después seguir tocando. En fiestas nacionales del durazno, en la fiesta de la cerveza, en el Rock en el Galpón y donde nos inviten.
Con su amigo, Agustín Castro, dieron forma al proyecto “Disritmia”
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Autor: Mariano Oyarzu

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