Inundaciones, campaña y mentira

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La histórica inundación que azotó la provincia de Buenos Aires puso al desnudo la inexistencia de un plan hídrico. Pero la gran mayoría de los dirigentes políticos parecieron tener un repentino ataque de amnesia. Y se demostró que en la política todo vale.

Por Javier Guevara

La histórica inundación que azotó la provincia de Buenos Aires puso al desnudo la inexistencia de un plan hídrico. Pero –salvo Felipe Solá– la gran mayoría de los dirigentes políticos opositores al gobierno parecieron tener un repentino ataque de amnesia. Y demostró que en la política todo vale.

Dos diputados bonaerenses vienen reclamando –con suerte dispar– obras en la cuenca del Luján. Uno de ellos es nuestro convecino Juan Carlos Juárez, que promovió la declaración de la emergencia hídrica. Otro, el mercedino Alberto España que promovió la creación del Comité de Cuenca que prevé fondos para invertir en toda la cuenca.

Desde que el actual intendente asumió, afirmó tener una especial participación en el Comité que reunía periódicamente a todos los intendentes de la cuenca. Está claro que el encuentro de esos intendentes (o funcionarios de ellos) no sirvió de nada. De hecho se desconoce que los intendentes de la Cuenca hayan tomado alguna decisión en torno a los humedales. Y menos aún en torno a impedir la instalación de countrys y/o clubes de campo a la vera del río.

Sin ir más lejos, en Mercedes se construyó un paredón con la segura anuencia de la Dirección de Hidráulica de la provincia de Buenos Aires.

Lamentablemente muchos intendentes bonaerenses no han estado a la altura de la circunstancias y cuando les explotó el conflicto miraron hacia el gobernador bonaerense quien –también hay que decirlo– no ha tomado ninguna política acertada en materia hídrica en la provincia.

Hubo dos gobernadores que se ocuparon de los problemas hídricos: Felipe Solá y Antonio Cafiero. Ni Armendariz, ni Duhalde, ni (obviamente) Ruckauf hicieron obras de relevancia. Dicen que Duhalde encargó un estudio que, a esta altura, no sería útil.

Lo de Scioli fue maquillaje, el cual se realizó con la anuencia de los intendentes de la cuenca por esos días alineados políticamente con él. ¿O alguien escuchó en boca de Selva críticas al gobernador en las inundaciones del 2013? Claro que no. Porque por aquellos días estaban en el mismo bote.

Y es que en la política la hipocresía está al orden del día. No importa lo que sucede, lo que importa es a quién se beneficia. Y en ese toma y daca rara vez, se ponen por delante los intereses de la población.

Fue José Bonaparte quien hace algún tiempo advirtió sobre los riesgos de urbanizar zonas ribereñas. La urbanización es la materia excluyente de cada municipio. Y en ese sentido la gestión comunal actual tiene un déficit severo. Muestra de ello es que zonas que antes no se anegaban, ahora sí.

Pero de eso poco hablan los oficialistas, ni tampoco los devenidos en opositores, ya que deberían asumir que son varios los que deberían rendir cuentas por las mentiras lanzadas a la población y por las frustraciones de miles de vecinos.

En el medio, una elección puso al desnudo muchas mezquindades y demostró cómo a muchos dirigentes sólo les importa qué decir y muy poco qué hacer.

Autor: Redacción

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