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Gustavo “Chispa” Vasualdo: “Vivo para la familia, el trabajo y la amistad”

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Desde muy chico fue vendedor, y esa experiencia de vida lo llevó a tener su propio emprendimiento, que comparte con su familia • Donde va cultiva amistades y siempre tendrá un espacio para sus pasiones: el TC y la pesca.

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Por Yesica Landola

Gustavo “Chispa” Vasualdo nació en la ciudad de Mercedes el 7 de enero de 1972. Estudió hasta séptimo grado en la escuela Nº 1.

Desde muy chico comenzó a conocer el valor de trabajo y fue construyendo su propio emprendimiento. Actualmente está al frente de “Mi hermano el mono”, una fiambrería ubicada en calle 1 entre 30 y 30 bis que el 3 de enero cumplió un año de vida.

Hombre de familia, se enorgullece de compartir cada día con ellos. Está casado con Adriana Evangelina Donadio, y tiene cuatro hijos: Jonathan (22), Soledad (20), Micaela (18) y Renzo (7). Y en pocos meses será abuelo…

“Comencé a trabajar con mi cuñado a los 13 años en el rubro de fiambrería. Luego fui lavacopas, mozo y después conocí a un amigo, Guillermo Badano, que me ofreció acompañarlo en 9 de Julio con una representación de una empresa láctea. Allá viví con mi familia diez años”, recordó. Ya en el ’94 abrió su propia empresa: una distribuidora de fiambres. Montó varias fiambrerías en las zonas y distribuía en otras tantas. Pero el 2001, como a muchos, lo afectó. Fue entonces cuando decidió retornar a su ciudad natal, con casi toda la familia conformada.

Una vez en la ciudad comenzó a distribuir productos de fideos Vázquez, gracias a la buena fe de esa familia. “Después comenzamos a agregar cosas, a viajar a otros lugares y pusimos la fiambrería en calle 1 entre 30 y 30 bis”.

Colabora en la comisión del Club El Porvenir y es amante del Turismo Carretera y la pesca.

¿Cómo comenzaste a ser vendedor?

– Mi viejo cargaba duraznos, escobas y viajábamos a Chivilcoy, Navarro, Lobos y Monte a vender en verano. Y en invierno vendíamos kerosenne. Yo era de los más chicos, y siempre íbamos contentos porque sabíamos que después venía la propina. Mi viejo iba con la camioneta despacio y nosotros casa por casa, ayudándole con las ventas.

Siempre me gustó la venta. Me gusta el contacto con la gente, charlar… Mis amigos siempre me hacen callar porque me dicen que cada vez que hablo parece que les estoy vendiendo algo… (ríe)

¿Qué es lo que más recordás de esos primeros años con el trabajo?

– Lo que más me gustó fue  mi etapa de los veinte años. Era distribuidor, mis hijos eran chicos y manejaba mi auto para ir de un lado al otro vendiendo. Aprendí mucho a conocer la gente, la calidad de la gente de esa zona. Esos momentos quedaron muy grabados en mi memoria. Ahora mi hijo más grande se alquiló una casa, compró los muebles y a mí se me caen las lágrimas. El trabaja conmigo, pero sé que voy a extrañar el llegar a casa y ver que están todos bien.

¿Cómo fue el regreso a Mercedes?

– Fue muy duro porque la situación no estaba bien. Me ayudó mucho el chico de Vázquez dándome quince clientes. Así largué con la distribución y después se sumó mi hijo. Me costó muchísimo volver a levantar cabeza, pero siempre tuve la fuerza de mi familia.

Y ahora, seguís al frente de tu negocio…

– Si, y estamos mejor por suerte. Ahora estamos planeando hacer varias zonas más y esperamos abrir sucursales de fiambrería. Si se agranda la familia, tengo que agrandar el negocio… (ríe)

Mi hijo está trabajando conmigo hace varios años y hace poco comenzó a dedicarse también a las ventas.

Mi señora es portera, y le encanta la fiambrería. Siempre que puede va al negocio a atender.

Me sorprendí con la fiambrería. Estamos trabajando muy bien. Y al lado del negocio tengo el depósito también. Siempre lo mantenemos en familia y vendemos muy buena calidad a precios muy bajos. Es la verdad, porque al ser mayoristas podemos tener mejores precios. Tenemos muchas ofertas que esperamos que los vecinos puedan ver y ser parte de esta familia que estamos formando.

¿Por qué el nombre de la fiambrería?

– El nombre surge como cargada a mi hermano. El tiene su negocio, y siempre que hizo algo en su vida le puso el apodo de mi viejo, porque lo ama. Y como yo lo amo a él le puse su apodo: Mi hermano el mono. Mucho no le gustó, hasta el día de hoy lo cargan, pero es con cariño.

¿Qué expectativas tenés para el futuro?

– Espero poder seguir creciendo mucho más. Lo que más me gusta de mi trabajo es poder estar con la gente y compartir también brindando una mano con una fuente de trabajo. Eso lo disfruto mucho, y si puedo crecer sé que puedo ayudar a más.

Espero que se dé para este año poder abrir la otra sucursal.

 

Una vida apasionada

Chispa no solo vive para su familia y el trabajo. También lo hace para sus amigos.

• Además de tu familia y el trabajo ¿Qué es lo que más destacás de tu vida?

– Soy de tener muchos amigos. En realidad, grupos de amigos. No me alcanza para nombrarlos, pero ellos saben quiénes son.

Me gustan muchas cosas: el TC, la pesca, el ciclismo y el atletismo. No hago ninguna de estas últimas cosas, pero me emociono cuando entro a la ciudad y veo a la gente corriendo. Y con los muchachos solemos ir a ver alguna carrera o ir de pesca

• ¿Alguna anécdota?

– Hay millones…. Y todas son macanas (ríe).

Una vez fuimos a pescar, lo que sería mi primer dorado con el grupo. Yo ya había pescado antes. Pero como ése era “mi primer dorado” para ellos tuve que darle un “pico” al guía… Según ellos era la tradición, no sé… Todavía tengo mis dudas (ríe).

Otra puede ser cuando fuimos a la isla. Fuimos a pescar a la zona de Chaco. Uno de los muchachos se olvidó su caja de pesca y fue a buscarla otro de los chicos en una lancha. Lo empezamos a llamar para decirle que era una valija azul. La cuestión es que se equivocaron, le terminaron trayendo la valija de la ropa y la tuvimos todo el tiempo que estuvimos en la isla, foto incluida, y el muchacho se quedó sin pescar… Y después siempre están los chistes, las bromas y las maldades que hacemos con los amigos.

Esas, entre las que se pueden contar… (ríe).

• ¿Cómo surgió tu pasión por la pesca?

– En realidad empecé a pescar de muy chico con mi cuñado. Creo que fue por celos de mi hermana: como ella no podía ir me mandaba a mí… Me llevaron a todos lados a pescar, y él me enseñó de todo.

• ¿Y el automovilismo?

– Eso ya fue cuestión de los chicos: mis amigos sesentones y ochentones que se comportan como unos pibes. Armamos un lindo grupo y nos cuidamos entre todos. Hará unos diez años que empecé a seguir las carreras y hacemos viajes.

 

Autor: Redacción

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