Fuerte apuesta municipal al deporte: crecen las carreras en contenedores

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EL NUEVO BROMISTA. Empezó por el enojo de varios frentistas de una misma cuadra. Nadie quería el contenedor de basura en la puerta de su casa y, de repente, los vecinos se encontraron elaborando estrategias de traslado.

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Una inocente travesura de dos niños les abrió los ojos a todos: los chicos convirtieron al contenedor en un vehículo ideal para el desarrollo de un nuevo deporte extremo.

Empezó por el enojo de varios frentistas de una misma cuadra: tomalo vos, damelo a mí. Nadie quería el contenedor de basura en la puerta de su casa y, de repente, los vecinos se encontraron elaborando profundas estrategias de traslado, un TEG urbano, una batalla nocturna y silenciosa que desembocaba, ya a la luz del día, con el recipiente ora acá, ora allá; el resultado de la guerra expresado en los rostros mañaneros de los contendientes.

“Te dije que no iba a funcionar”, se escuchaban las quejas de las esposas a los esposos derrotados, igual que los besos de felicitación de las esposas a los esposos vencedores.

Hasta que una inocente travesura de dos niños les abrió los ojos a todos: alternándose en la tarea de conducirlo y empujarlo, los chicos convirtieron al contenedor en un vehículo ideal para el desarrollo de un nuevo deporte extremo. “Con razón hablaban de prueba ‘piloto’”, comentó uno de los vecinos, ya entusiasmado con la creación de la disciplina.

Así fue. Agrupados por equipos según la cuadra en la que viven, los vecinos ya vienen organizando verdaderos rallies en las calles más empinadas de Mercedes y no solo analizan otros escenarios para las competencias (el galgódromo, el velódromo, el circuito de motocross del Parque, una vuelta a la plaza San Martín) y van diferenciando categorías por edad y estado físico de los participantes; sino que empezó a correr con una velocidad inusitada el mercado de las apuestas clandestinas. “¿Qué le hace una mancha más al tigre?”, comentó un frentista en diálogo con este humilde narrador.

Rápidos de reflejos, funcionarios municipales cambiaron los carteles de los containers, si es que a alguno le quedaba: eliminaron las explicaciones sobre días, horarios, separación de residuos y la mar en coche (“total nadie los usaba, y tampoco los entendíamos”, se justificaron), y directamente identificaron a cada recipiente con la cuadra en la que están ubicados. Más aún, algunos comerciantes recibieron la sugerencia de poner publicidad.

Y también se jactan: “Señores, nace el nuevo TC”. Justamente: Turismo Contenedor.

Autor: Redacción

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