Extorsiones y cohecho

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En medio de la algarabía amarilla por el triunfo electoral y la posterior detención de Julio De Vido a la amante de la república y la moral se le escapó un tweet preocupante: “Las empresas fueron extorsionadas x Devido, hay q diferenciar entre los que hicieron negocios (Electroingeniería) y los que fueron obligadas”, escribió Lilita Carrió y parece ser la línea justiciera que viene. “No todos los coimeros son corruptos: algunos son pobres víctimas”, parece decir Carrió.

(Por Javier Guevara) El pensamiento es peligroso. Pero más peligroso es que ni desde el oficialismo, ni desde la oposición ni desde la prensa libre se salieron a cuestionar esta nueva cruzada de Lilita que sería determinar que no todos los que participaron del cohecho son culpables. Hay algunos –seguramente Calcaterra sea uno de ellos- que lo hicieron obligados, contra sus propias convicciones y solo para subsistir.

“… en los países periféricos, como son los latinoamericanos, debido a la creciente polarización de riqueza, la mayoría de la población se halla en estado de vulnerabilidad frente al poder punitivo. Sin embargo y pese a todo, la criminalización recae sobre unos pocos, o sea que, si bien el campo a seleccionar se amplía, la selección, aunque aumenta en cantidad, siempre es ínfima en relación a éste” dijo alguna vez Zafaroni.

Carrió parece ir en sentido contrario. Para ella una pequeña empresa como Electroingeniería es más culpable de pagar sobornos que –por ejemplo- Benito Roggio o IECSA por poner dos ejemplos sin que ello implique acusación de ninguna naturaleza.

¿Porqué hace eso Carrió? Porque son muchos los sectores que están cuestionando que este mani pulite a la Argentina haya sido tan selectivo. Ya casi nadie duda que manos amarillas tocaron las coimas denunciadas en Odebrecht. Y todos dan por sentado que detrás de las grandes fortunas amasadas por varios de los hoy funcionarios públicos –incluída la familia presidencial- existen negociados con funcionarios de gobiernos de todos los colores y partidos. Y es que no existe demasiadas diferencias entre el hoy cuestionado Lazaro Baez y Franco Macri, el padre del presidente, quien llegó a mediados del siglo pasado a la Argentina con una mano atrás y otra adelante. “Durante la Dictadura Cívico-Militar (1976-83) el grupo empresarial creció enormemente, sobre todo gracias a lo que sería el fuerte de dicha compañía: la apropiación de empresas, la obra pública y diversos contratos con el Estado argentino” dice el Wikipedia respecto a Franco.

Es claro que los negocios en la obra pública existen desde tiempos inmemoriales. Y si bien esto no puede permitirnos aceptar al cohecho como parte de la cultura argentina, tampoco se puede hacer la diferencia escandalosa que pretende realizar Lilita. Sino los ganadores serán siempre los mismos, los que se enriquecen a costa del endeudamiento del pueblo argentino que –en estos dos años- se multiplicó exponencialmente.

 

 

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Author: Javier Guevara

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