Encuentran a un vecino momificado a la espera del colectivo

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EL NUEVO BROMISTA. Ocurrió hace apenas unos días, cuando un grupo de chicos advirtió algo extraño en una garita de colectivo. “Es una estatua”, dijo uno. La figura estaba erguida, con el brazo derecho extendido y el dedo índice señalando el horizonte.

La noticia causa asombro sobre todo en estos tiempos, donde las vías de comunicación son infinitas: diarios, semanarios, revistas, televisión, radio, internet, mails, celulares, teléfonos, mensajes de texto, Whatsapp, Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram y las infalibles pantallitas Leds que el municipio ha repartido por puntos estratégicos de nuestra ciudad para tener el vecino profundamente interiorizado sobre la realidad.

Pero es evidente: hay personas que se mantienen al margen de todo lo que ocurre, como los menonitas, como los hermanos suizos y los anabaptistas, como los japoneses que aparecen de vez en cuando preguntando si terminó la guerra. Y este cronista, que se enfrenta, tozudo y valiente, a las tremendas heladas que vienen cayendo en nuestra ciudad e inclusive a las neblinas que todo lo ocultan, fue testigo de un caso único.

Ocurrió hace apenas unos días, cuando un grupo de chicos que iban caminando hacia la escuela advirtieron algo extraño en una garita de colectivo. “Es una estatua”, dijo uno. “Sí, una estatua de San Martín, o de Bolívar, o de Belgrano”, arriesgó otro a partir del gesto que exhibía la figura: erguido, la mirada hacia su izquierda, con el brazo derecho extendido horizontalmente y el dedo índice como señalando el horizonte.

flash-660887_1280La noticia del hallazgo corrió rápidamente hasta llegar a la comunidad local de antropólogos, historiadores y paleontólogos, quienes se acercaron al lugar para hacer las pruebas de rigor: carbono 14 y otras yerbas que venían al caso. Y allí irrumpió la sorpresa: “La esfinge –anunciaron los expertos- tiene una antigüedad de una semana”.

• ¿Cómo una semana? –se preguntaba la gente que ya abarrotaba la zona, entre la indignación y la sospecha, hasta que finalmente se acercó una vecina.

• Qué estatua ni ocho cuartos –echó luz en la cuestión-. Ese es don Tito. La última vez que lo vi venía a tomarse el colectivo para ir al centro.

Don Tito quedó momificado en la espera, ignorante de que el colectivo ya no pasa. Pero a la ciencia le quedó al menos un desafío: descongelarlo. Como a Walt Disney.

Autor: Redacción

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