Electrosmog: leyes y regulaciones oficiales ignoran la raíz del problema

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Lo que la legislación cree que es seguro, no lo es, aseguran las autoridades mundiales en la materia. Reclaman que los niveles públicos de seguridad sean drásticamente disminuidos.

Argentina aún no tiene una ley de alcance nacional sobre el tema de la contaminación electromagnética. Varios proyectos han debatidos, pero ninguno alcanzó consenso para ser sancionado. Las regulaciones oficiales, en general, caminan a tientas, ignorando la raíz de un problema complejo, donde datos duros y mediciones posibles son escasos y desconcertantes.

– Las regulaciones de los organismos de contralor tienden a ser cada vez más laxas, a partir del lobby de las empresas. Y también de la incomprensión del problema, abordado desde una lógica caduca. En general, los límites y potencias máximas fijadas se basan en el “patrón térmico”, que es la creencia de que hay daño para la salud sólo a partir de que la potencia de las radiaciones llegan a calentar los tejidos. Los estudios más serios hallaron incontables evidencias de que los campos electromagnéticos tienen influencia sobre la salud a niveles miles de veces más bajos.

– Por eso autoridades mundiales como el sueco Olle Johanson, el alemán Ulrich Warnke o el panel de especialistas reunidos en Bionitiative Report reclaman que los niveles públicos de seguridad sean drásticamente disminuidos, para no exponer a la gente al bombardeo actual, sumamente nocivo. En pocas palabras: Lo que la legislación cree que es seguro, NO LO ES.

– Bionitiative Report fue publicado por primera vez en 2007, reuniendo 600 páginas con miles de documentos sobre el vínculo de los campos electromagnéticos con cáncer, leucemia, rotura de ADN, depresión, insomnio y mucho más. En 2012, una ampliación del estudio aseguró que las evidencias del daño a la salud son “mucho más numerosas” que cinco años atrás. Es un reporte respaldado por 14 autoridades mundiales en la materia de diferentes países. La industria aduce que no hay “pruebas científicas” sobre el efecto nocivo de las radiaciones, pero jamás ha refutado la formidable evidencia resumida en este trabajo y otros similares.

– Muchos “científicos” y “académicos” desconocen absolutamente la raíz del problema. La mayor parte de los médicos también. Muy pocos de ellos están anoticiados de que la radiación del wi fi, la presencia de una antena de telefonía o el uso del celular puede estar en el origen de muchas perturbaciones de sus pacientes.

– El lobby de las empresas mantiene este debate lejos de los grandes titulares. De momento. Porque algún día, cuando este velo se descorra, las tecnologías basadas en microondas mostrarán -al igual que los cigarrillos hoy- grandes carteles de advertencia a los usuarios: “Apague al wi fi cuando no lo usa”, o “El uso del celular puede provocar cáncer”.

Autor: Redacción

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