“El sueño de mi vida era ser intendente de mi pueblo”

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“Vos sos su abogado defensor”, le dijo una maestra en segundo grado cuando argumentó lo injusto de una sanción • Aquel episodio marcó su vida • Estudió derecho en La Plata en los años negros y fue concejal del radicalismo dos períodos en Chivilcoy • Se alejó de la política para dedicarse al Colegio de Abogados y no lo lamenta • “El partido radical ya no es lo que era”, dice.

La defensa de uno de sus compañeros del colegio lo impulsó a ser abogado. Trabajó lavando y secando autos, en la parte contable de un taller mecánico, de una veterinaria y de un aserradero. Se recibió de abogado en La Plata y empezó a trabajar en el estudio jurídico de Burella. Fue concejal por el radicalismo de su ciudad natal. Fue presidente del Colegio de Abogados de Mercedes. Tiene 9 libros publicados y una página de poemas Facebook, que manejan sus hijos y su esposa, reticente a las redes sociales.

El jueves 2 de mayo a las 19.30 en el Salón de Actos  “Dr. Arturo Acuña Anzorena” del Colegio de Abogados del Departamento Judicial de Mercedes presentó su libro “El Orgullo de Ser Abogado”, bajo el sello de la editorial Dunken, que ya ha editado varios libros de mercedinos como el de Rubén Eduardo Colimodio con “La Isla Originaria”, el de Javier Marenco con “Adyna” y “Ojalá Te Sirva”, el de Roberto Otermín con “De un Maestro Rural” y otros autores. El último libro de Vero, hasta el día de hoy, estuvo en el stand de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en el Pabellón Verde, del Predio Rural. Uno de sus poemas más conocidos es “Yo soy el abogado” (ver recuadro), que hizo furor en las redes, incluido en el libro de poemas titulado “Poemas a Despacho” publicado hacia el año 2008.

Cordialmente invitando a tomar algo en un café, el doctor Horacio Alberto Vero, luego de realizar las diligencias pertinentes por los pasillos de Tribunales, se apresta a charlar de su vida. Tras citarlo por intermedio de su red social de poemas en Facebook, sin perjuicio de no poseer dichos medios para “mantener un poco la tranquilidad”. Su página de poemas la manejan su mujer y sus hijos. Recibe una llamada por el agradecimiento de haber dejado un libro a una señora.

Nació el 15 de agosto de 1956 en Chivilcoy, donde vivió toda su infancia siempre en la misma casa, sobre la calle Borrego 126, donde aún reside su madre María Esmeralda “Tita” Lamanda. “Es una casa que amo profundamente en el barrio de la Mitre. Allí compartí toda mi infancia con mis padres y mi hermano Omar, 5 años menor que yo. Ha hecho toda su vida como bancario”, confiesa. Es hijo de José, fallecido hace 9 años. Le decían “Cholo”.

Fue a la Escuela 7, una institución pública del barrio que quedaba a 4 cuadras de la casa. Su recuerdo de los compañeros y los docentes. Las maestras con la que estuvo le hacen recordar el amor que le ponían a la enseñanza, a la que agradece profundamente y valora. La secundaria transcurrió en la Escuela de Comercio de Chivilcoy durante 5 años y los mejores recuerdos de amigos y profesores, no tanto por la calidad, sino por la responsabilidad con la que trabajaban. “Me parece que eso es fundamental cuando uno hace una mirada hacia atrás. Lo va valorando con el tiempo. Lo mismo cuando pienso en la juventud, sin tanta tecnología, igual éramos felices”, recuerda. Mientras cursaba, trabajaba para colaborar con la economía del hogar. Pasó por un lavadero de autos, lavando y secando autos. También en un taller mecánico y en una veterinaria en la parte contable.

Con sus 9 obras publicadas

La secundaria terminó en el año 1974, recibido de Perito Mercantil. Pensó que se le iba a complicar su vida económica cuando inició los estudios universitarios y siguió trabajando en la parte contable de un aserradero. Se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata.

  • ¿Qué se te dio por estudiar abogacía?
  • Y bueno, un poco en el libro (“El Orgullo de Ser Abogado”) lo cuento. Es como que siempre quise ser abogado. Hay una anécdota en la que se abre un poco el libro. Fue cuando alguna vez en segundo grado, estábamos todos tirando tizas y hablando porque la maestra no estaba en el salón. En eso entra la maestra y todos salimos corriendo para sentarnos en el banco, menos uno que no había advertido que entraba la maestra enfurecida. Se la agarró con él. Le dijo que se vaya a dirección que tenía 10 amonestaciones y que quería hablar con los padres. Entonces yo que estaba en el banco de atrás, tenía 8 años, me levanté y le dije a la señorita que era injusto porque estábamos todos tirando tizas. Entonces la maestra se me acerca y me dice: “¿Acaso vos sos el abogado defensor del compañerito?”. Y cuando llegué a mi casa a la noche conté el episodio. Y le pregunto a mi mamá: “¿Qué quiere decir abogado defensor?” Y mi mamá, dentro de su sencillez, me explica: “Abogado defensor para mí es una persona que ayuda y defiende a la gente que ha sido perjudicada, que la han estafado”; y me quedó grabado. Esa frase y ese episodio marcaron mi vida para siempre. Entonces yo siempre sentía atracción por todo eso. Escuchaba o leía la palabra abogado en el diario, en la escuela o en algún lugar y ya tenía incorporado lo que era. Y me quedó. Considero que eso fue el punto esencial que me marcó para siempre.
  • ¿En cuánto tiempo hiciste la carrera?
  • Tardé 8 años porque yo trabajaba. Ingresé en el ´76. En el ´75 me tocó hacer lo que en aquélla época se llamaba el Tríptico. Tres materias que había que dar: matemática, idioma nacional e historia. Después de ese año, quedábamos habilitados para hacer las materias de la carrera. Era como un ingreso. Y además me tocó vivir una etapa tremenda que era la etapa de la dictadura. En La Plata era muy fuerte. Todo el tema de la subversión y la represión. Entonces hubo año, el 1978, donde prácticamente rendí creo que una sola materia para mantener la regularidad. Porque prácticamente me volví a Chivilcoy. Quizás yo no tenía conciencia de lo que estaba pasando. Pero bueno, fue una etapa complicada.

Se recibió de abogado en el año 1984, ya reinstalada la democracia. Había dejado de trabajar para acelerar sus estudios. Su hermano Omar, que trabajaba, lo empezó a ayudar para que terminara sus estudios.

  • ¿Dónde empezó a trabajar una vez recibido?
  • En marzo de 1984 me recibí y en mayo juré en la Facultad de Derecho, que me entregaron el diploma, en junio juré en el Colegio de Abogados de Mercedes, que me matriculé, y a los pocos días, entré a trabajar en el Estudio Jurídico del doctor Cayetano Burella, en Chivilcoy, con quien estuve hasta el año 1996. El doctor Burella me abrió las puertas de su estudio, de su casa, con quien pasé momentos maravillosos. Es mi maestro en la vida. Es el padrino de uno de mis hijos.

Está casado desde 1990 con Patricia, con quien tiene  dos hijos: Sofía (27), recibida en La Plata de Técnica en Recursos Humanos, trabajando en Chivilcoy,  y Leandro (26), abogado recibido en La Plata. “Con una carrera brillante, porque se recibió a los 23 años, está conmigo en el estudio y haciendo sus primeros pasos en el Colegio de Abogados como dirigente, lo que me enorgullece. Es el presidente de la Comisión de Jóvenes Abogados”.

Luego de pasar por el estudio jurídico de Burella, decidió probar suerte sólo. Empezó a militar en política, bajo los ideales del radicalismo, enamorado de las ideas de Arturo Illia, de Moisés Lebenson y del doctor Raúl Alfonsín. Crisólogo Larralde y Leandro N. Alem (fundador de la Unión Cívica Radical en 1890), son dos de sus grandes referentes al punto tal que a su hijo de puso Leandro por él. “En aquéllos tiempos había violaciones a los derechos de los ciudadanos y tantas otras cosas que tenía la política de aquél entonces y Leandro Alem estaba en la lucha junto a las clases más vulnerables, más indefensas. Alem termina en un episodio, en el Club del Progreso, en Capital Federal, termina suicidándose. He leído mucho de todo el radicalismo de aquél tiempo, esa lucha, porque siempre estuvo contra el régimen. Y por supuesto, también recuerdo en esa línea al doctor Irigoyen. La doctrina radical su pensamiento histórico a mí me apasionó. Y cuando estaba por volver la democracia, lo escucho a Alfonsín y me dije que ese era el camino para que yo siguiera en política. De hecho fui concejal radical por do períodos (1985-89 y 1991-95) en Chivilcoy. Fue una etapa maravillosa en la que aprendí mucho y el sueño de mi vida, cuando estaba en política, era ser intendente de mi pueblo. No llegué porque quizás yo siempre digo que cada uno tiene su destino y a lo mejor el destino no tenía para mí esto que yo quería. Pero siempre me quedó como una asignatura pendiente”, confiesa.

  • ¿Por qué abandonaste la política?
  • Cuando entré en el Colegio de Abogados abandoné la política porque entendía que no debe mezclarse la política con la actividad del Colegio. Al menos con el Colegio de Abogados, para que no queden dudas. Para que nadie piense que uno está especulando. Que quiere aprovecharse de alguna situación. Darle alguna orientación política a la institución colegial en la que uno participa. Entonces llegó un momento en que abandoné la política porque además, aquellas ideas que yo consideraba como centrales en la política medio como que fueron muriendo. El partido radical ya no es lo que era. No es lo que yo viví antes.
  • ¿Qué crítica le hace hoy al partido?
  • Yo creo que el partido radical por distintos motivos ha ido perdiendo su identidad y sus raíces que tienen que ver con la defensa de los más desprotegidos, de los más vulnerables. Y también con aquellas ideas de transparencia, de la política como servicio al hombre. No como espacios a ocupar por el poder. Por eso sentí que en el Colegio no iba a poder ser. Hoy veo que ningún gobierno puede llevar adelante las salidas de tantas internas y cuestiones problemáticas por las que estamos atravesando. Ya no existen las ideologías y creo que es un sistema perverso donde aquellos que tienen poder lo utilizan en beneficio propio para fines personales y no para darle una solución a las dificultades que tiene la gente. Ese es mi concepto.
En la presentación de su último libro ante la FACA (Federación Argentina de Colegios de Abogados), del cual fue miembro.

“Yo soy abogado”

“Yo Soy El Abogado”, de su libro “El Orgullo de Ser Abogado”: “Lo que pretende reflejar este libro es la experiencia de años de profesión y los años de actividad colegial. Transmitir especialmente a los jóvenes. Que con la comunidad tenemos una muy mala imagen, de ladrones, de corruptos, de sinvergüenzas. Y eso en muchos casos lamentablemente es verdad. Y creo que es posible que los abogados, cualquiera sea el lugar que ocupemos, tenemos que cumplir una función social, estar al lado de aquellos que nos necesitan utilizando las mejores armas desde la transparencia, la ética, la lealtad para generar un nuevo concepto en la sociedad como constructores de la paz social”.

El que todas las mañanas va recorriendo juzgados

y que anda a los apurones por ese escrito con cargo.

El que soporta la espera, el que se banca los paros,

y debe poner la cara justificando el atraso.

El que abre el escritorio y sale a ganarse el mango,

porque se vienen las cuentas y todo sigue a despacho.

El que no tiene licencias, ni salarios, ni aguinaldo,

y debe pelearla duro, porque se cobra salteado.

Yo soy el abogado.

Muchas veces de pleitero, injustamente acusado.

Al que todos lo consultan cuando se ven apurados

en la calle, en el cine, y en la cola del mercado,

y al que nadie le pregunta: ¿Doctor, se le debe algo?

Yo soy el abogado.

El que tantas veces pone su paciencia de artesano

para llegar al final con deudor insolventado.

El de cédulas y oficios, a pulmón diligenciados.

El que debe tolerar el sistema colapsado,

las nuevas disposiciones de Rentas y de Catastro,

los timbrados del Registro y el humor del funcionario.

Yo soy el abogado.

El que hace de estratega, de confesor, y de malo,

de mediador y de amigo, de psicólogo y de hermano.

El que sale a cara o cruz, con niebla o lluvia viajando,

porque justo le fijaron una audiencia bien temprano.

El que se muerde los labios porque el testigo ha faltado.

El que sufre taquicardia mientras va leyendo el fallo.

Del mostrador, para acá. Del pasillo, quede claro.

El que recorre Juzgados, durante meses y años.

A mucha honra señor, yo soy el abogado.”

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Autor: Mariano Oyarzu

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