El silencio de Guildford

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La empresa está en crisis desde hace mucho tiempo. A los conflictos societarios de hace un par de años se sumó ahora una crisis del sector. Y todo indica que la textil que se instalara a mediados de la década pasada, cerrará sus puertas en breve.

La empresa está en crisis desde hace mucho tiempo. A los conflictos societarios de hace un par de años se sumó ahora una crisis del sector. Y todo indica que la textil que se instalara a mediados de la década pasada, cerrará sus puertas en breve. Y es que la ausencia de respuestas por parte de los empresarios se encamina hacia una catarata de juicios laborales que terminará con la suerte de la empresa.

Mal que le pese a quienes creen que la flexibilización laboral permitirá generar fuentes de empleo, Guildford es la demostración evidente que no. Apostó a la producción pese a las normas que protegen al trabajador y ahora –seguramente-cerrará sus puertas sin importarles las indemnizaciones que deba abonar. Y es que –cuando las cosas no van- no van.

En diciembre último desde Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) publicaron un informe donde mostraron que la importación de los productos continúa en aumento y produce un perjuicio sustancial en la industria textil nacional. En el documento advirtieron acerca de la baja en la producción, estancamiento en el mercado interno y consecuencias negativas en los trabajadores.

La industria redujo en 3.325 personas el número de asalariados en blanco entre al primer trimestre de 2017 respecto a igual período de 2016, mientras que se estima un retroceso de 30.000 puestos informales de trabajo entre 2016 y 2015.

A esas frías estadísticas en breve se sumarían los trabajadores de Guildford si el conflicto no da un golpe de timón casi inmediatamente. Lo que más llama la atención es la ausencia de protagonismo del Ejecutivo comunal y de autoridades provinciales –en la persona del Ministerio de Trabajo. Y es que parece que todos estuvieran resignados a que la empresa cierre sus puertas y deje en la calle a 70 trabajadores. Y es que –claramente- no alcanza con convocar a audiencias a la que los empresarios seguramente no concurren porque no tienen nada qué ofrecer.

Es claro que alguien debe efectivamente sentarse a hablar con los empresarios para poder determinar si tiene o no alguna posibilidad de continuar la actividad productiva y bajo qué parámetros. Es necesario agudizar la imaginación, extraer recursos de las piedras y solucionar el problema de una textil. Lo contrario sería preguntarse ¿qué será de la suerte de esas familias si Guildford cierra sus puertas?.

Están casi, casi condenados a ingresar a un círculo vicioso de decrecimiento ya que en Mercedes no se han generado nuevos puestos de empleos, las pocas fábricas han reducido en forma paulatina su planta estable y el estado –gran generador de empleo por estos lares- está reduciendo personal.

Los trabajadores de Guildford –como otrora los de DuPont- serán en el mejor de los casos monotributistas que pasen a desempeñar alguna actividad en una economía cada vez más contraída.

La actitud de los empresarios es poco responsable pero para nada sorpresiva, quienes deben realizar son los dirigentes políticos. Que –por otra parte- están para tratar de solucionar este tipo de problemas.

 

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Autor: Redacción

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