El recuerdo de Julio Gioscio

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Más allá de las evaluaciones de la historia sobre el legado de cada intendente, se agiganta con el tiempo la figura de aquel médico que gobernó siete administraciones, y se retiró cuando perdió la interna del PJ por sólo dos votos.

Por Claudio Fabián Guevara

El concejal Juan Carlos Benítez propuso un “homenaje” a la figura de Julio Gioscio al contrastar las diferencias entre la entrega del patrimonio municipal realizada por el intendente saliente, Carlos Selva, y la que en su momento realizara el fallecido ex intendente, siete veces electo para ocupar la jefatura comunal. Benítez criticó las falencias en la maquinaria del basural municipal que dejó la administración selvista. Denunció el edil que “cuando en 2003 Gioscio le entrega a Carlos Selva fue una situación totalmente distinta. Entregó 105 vehículos funcionando con cubiertas nuevas. Creo que de algún modo es un homenaje a Julio Gioscio que en su momento, a pesar de las diferencias, supo entender cómo se debe entregar el patrimonio municipal”.

Más allá de las evaluaciones que la historia realizará sobre el legado individual de cada intendente, se agiganta con el tiempo la figura de aquel médico que gobernó siete administraciones, y se retiró cuando perdió la interna del PJ, por sólo dos votos, contra su joven contendiente Carlos Selva. Hubiera sido fácil para Gioscio impugnar los resultados de la votación, encontrar alguna irregularidad, e imponer su mayor peso político por sobre su rival. No lo hizo, diferenciándose de la politiquería de chicanas y golpes bajos que crecería con el paso de los años, y pasó sus últimos días mirando el municipio que administró durante décadas, desde un banco de la plaza San Martín.

Gioscio, como intendente, no fue un dechado de virtudes. Se le criticaban su verticalismo, sus malos modales y la escasa creatividad de un estilo de gobierno rutinario y repetitivo, entre otras cosas. Sin embargo, hay un aspecto de su gobierno irrepetible hasta hoy: la pasión, la entrega al oficio de máximo jefe del Poder Ejecutivo, sin especulaciones y sin mayores ambiciones en la carrera política. A Julio Gioscio nunca le interesaron cargos provinciales ni candidaturas legislativas: a él sólo le interesaba gobernar su pueblo. Y lo hacía con sencillez y ejecutividad: no tenía filtros para atender a los vecinos, que atendía por decenas, a veces en el vestíbulo, en cuestión de minutos. Eran épocas de cara a cara, de decisiones personalizadas que hallaban soluciones rápidas a problemas complejos sin necesidad de armar expedientes ni recurrir a comités de consultores.

Julio Gioscio
Julio Gioscio

Han pasado menos de 20 años desde aquellos tiempos, y la sociedad ha cambiado profundamente. Nuevas tecnologías son ahora intermediarias inevitables en casi todos los procesos sociales. Una novel burocracia de pantallas, citas agendadas y sistemas automatizados de gestión, reemplaza a la antigua espontaneidad del hombre de manos casi desnudas que interactuaba con sus semejantes para crear el día a día en forma colectiva.

Hoy nos sobran herramientas y recursos, pero escasea el entusiasmo y la pasión. Y esto crea problemas nuevos. La abundancia de inteligencia artificial parece haberse traducido en la disminución de inteligencia natural. Los procesadores de texto facilitan la escritura, pero la gente tiene cada vez más dificultades para escribir. Las calculadoras se han convertido en un artículo de baratija, pero vamos perdiendo la capacidad de hacer cuentas con la mente. Y las computadoras nos permiten programar las actividades para “optimizar” el tiempo, pero es cada vez más difícil hablar con un funcionario, o reunirse con nuestros vecinos y semejantes.

En este entramado tecnológico, las cosas que deberían ser más fáciles, a menudo se vuelven terriblemente complicadas. Julio Gioscio -que atendía el teléfono de su despacho personalmente, otorgaba peticiones de audiencia en forma instantánea, y ante los pedidos decía “sí” o “no” sin dilaciones ni excusas- se hubiera sentido extraviado en este loco laberinto. Mirar hacia su recuerdo es un buen ejercicio para contrastar ventajas y desventajas de nuestro presente.

Autor: Redacción

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