El oficialismo ante un revés

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Editorial. Por Javier Guevara.

No existieron en estos siete años del gobierno comunal un hecho que haya sacudido tanto como el revés electoral sufrido por el actual intendente. Y vaya si existieron convulsiones:

• La interpelación del año 2006.

• El robo de la recaudación de la Fiesta del Durazno.

• La derrota electoral de las legislativas del año 2009.

• El robo en el palacio municipal.

• La muerte del joven José Duarte.

• La muerte de Jonatan Villalba.

A pesar de esa singularidad de eventos, el respaldo popular del intendente Selva fue importante: 12 mil votos. Poco menos del 25 por ciento del total del padrón, o más de un 30 por ciento de los votos válidos.

Pero el intendente parece entender que con ese caudal electoral no alcanza. Y si bien es cierto que su respaldo fue importante, no lo fue si se compara con los votos que obtuvo el oficialismo en distintos distritos vecinos. En casi todos ellos el intendente obtuvo una cifra que oscilaba entre el 40 y el 45 por ciento de los votos.

Y ésas fueron las cifras que desde el oficialismo comunal nunca observaron: la mejor elección de Selva fue en el 2003 donde alcanzó poco más de 13.500 votos. Esa fue su mejor marca. Luego bajó, mucho, poquito, volvió a subir pero nunca superó aquella elección. O sea que nunca cimentó poder, elaboró alianzas y construyó en busca de ampliar su capital electoral. Claro que ganó legítimamente todas las elecciones, pero siempre era más la gente que votaba en contra de su gestión, que quienes votaban a favor. Entonces era cuestión de que algún día quienes no se sentían satisfechos con su presencia en el palacio comunal coincidieran en votar a una misma persona.

Esto no fue percibido por el círculo más cercano de Selva quienes entendían que tener una cifra cercana al 40 por ciento era imposible. Y si bien es difícil que tantas personas se pongan de acuerdo, para ello hay que consolidar el diálogo pero no como una herramienta electoral, sino como una herramienta de trabajo. Y entender que el poder no siempre debe descansar en una única persona y/o agrupación política.

“Gioscio escucha a todo el mundo”, dijo alguna vez un dirigente para justificar su decisión de acercarse al mítico caudillo. “Sí, pero no le da bola a nadie”, retrucó otro. No alcanza pues con escuchar, es necesario entender que quien está en frente puede llegar a tener razón. Cuando uno escucha a alguien tiene que ser con la mínima esperanza de que lo convenza, sino ¿para qué escuchar?

Sin dudas el actual intendente es la figura carismática por excelencia de esta década y –como todo dirigente político- ha tenido aciertos y desaciertos durante su gestión. Eso no lo convierte ni en Winston Churchill, ni en Nicolae Ceausescu. Y si bien es cierto lo que dice el refrán ‘nunca es tarde, cuando la dicha es buena’, no parece demasiado acertado tratar de introducir cambios profundos en su gobierno ahora porque parece ser más un símbolo de desesperación pre electoral que el producto de un acto reflexivo y un análisis de problemas operativos.

A pocos kilómetros de acá, en Luján, se ve otra película: un intendente que perdió en el 2007, sostuvo a su gente, se recompuso, disputó poder en el 2009 y ahora –tras ganarle la interna a la actual intendente- se perfila para ganar de vuelta la intendencia. En política, se sabe, todo es posible.

Pero muy pocas cosas, o casi nada, suceden de un día para el otro.

Autor: Redacción

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