El Hospital, en la mira de los mercedinos

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La insatisfacción de muchos vecinos aflora en los medios • Problemas nuevos y de larga data, el clientelismo sanitario y la necesidad de involucrar a la comunidad en la solución de los problemas • Piden recuperar el Consejo de Administración.

Por Claudio Fabián Guevara

Los mercedinos miran hacia el Blas Dubarry. Desde la publicación del informe “Silencio hospital”, se sucedieron ardorosos debates en los medios.

Es difícil definir la temperatura exacta, pero la “sensación térmica” es que los mercedinos no estamos conformes con el hospital. El “índice de insatisfacción” se puede medir en las conversaciones de café, en los foros espontáneos de Facebook, y en los llamados de los vecinos a las radios.

Esta semana, fue muy comentado el revuelo que se armó en el programa matutino de Oscar Pozzi por FM Classics. El lunes un vecino se quejó al conductor del programa porque su esposa, a punto de parir, estaba esperando traslado desde el sábado, y nadie parecía atender el caso. Pozzi se ocupó del tema y trató, sin éxito, de comunicarse con las autoridades del hospital. El martes logró entrevistar a Príncipi, a quien sacó el aire en forma directa. El director no ocultó su desagrado por la situación, pero finalmente resolvió el problema: el hombre obtuvo autorización para trasladar a su esposa. Llovieron luego las quejas y los reclamos de los oyentes.

Un clásico de estas semanas: se habla del hospital y la audiencia se enciende. Anécdotas negativas y denuncias de todo calibre predominan sobre algunas tímidas vocecitas que aseguran: “A mí me atienden bien”.

El clientelismo sanitario

La gestión Príncipi tiene uno de sus principales defectos en una virtud: muchos problemas se resuelven cuando se solicita la intervención personal del director. Pero para quienes no tienen el celular de Fito, las cosas a veces se complican. Se forman entonces dos categorías de pacientes: los apadrinados porque gozan de trato personal con las autoridades, y los otros. El hospital público se convierte en pista de pruebas de una suerte de “clientelismo sanitario”. El sistema puede ser efectivo a nivel de pueblo para quienes gozan de cierta jerarquía social, pero institucionalmente es cuestionable.

Huelga reconocer que Príncipi se ha forjado el apoyo de muchos vecinos a partir de su tesón para resolver problemas ante pedidos personales. Y puede ser tranquilizador para el mercedino tradicional tener un conocimiento personal del director del hospital. Nos da esa sensación de que gozaremos de cierta preferencia y cuidado si nos toca hacernos atender. Pero en la práctica, nos da muchas más garantías la existencia de equipos bien conformados que cumplan con rutinas profesionales para todos por igual, que gozar de cuidados selectivos porque alguna autoridad nos “recomienda”.

Las respuestas desafiantes y descalificadoras de Príncipi a los reclamos de las últimas semanas no lo ubicaron en un lugar elegante. Mostró los vicios de una clase política que identifica el Estado con su propia persona, y desnudó que lo preocupa más la imagen pública que el día a día de su trabajo. Hay problemas que son producto de la desidia. Por caso, el termotanque se pudo adquirir en cuestión de días.

Algunos problemas

Otros problemas son de larga data, y de solución compleja.

Por ejemplo, armar equipos de trabajo es algo bien difícil. Y en una gran institución, es aún peor. Abundan las internas, las camarillas y los conflictos. Un índice del malestar interno en el Dubarry es la gran cantidad de personal de licencia con carpeta médica. Cómo garantizar la buena voluntad y el compromiso de tanto personal es un gran interrogante.

Al mismo tiempo, algunos intentos de solución para disciplinar a la gente no dieron buen resultado. Es el caso de la tercerización del servicio de limpieza en los 90. Actualmente hay tres empresas distintas en el Dubarry cumpliendo tareas, que aparentemente tienen conexión, ya que una misma persona es el encargado de las tres. Esta estructura privatizada no ha mejorado los estándares de calidad, ha precarizado los empleos y tal vez le cueste al Estado más cara que antes.

En general, la complejidad del hospital invita a pensar en un rediseño profundo que comprometa a muchos sectores. No creo que todo el peso de la gestión de semejante institución deba recaer en una sola persona. Hace falta involucrar a la comunidad en análisis de los problemas y la discusión de posibles soluciones. El Consejo de Administración, una instancia de participación democrática, está inactivo. Lo dijo David Valerga en estos días: “La ineficacia e insensibilidad no sólo pasa por la dirección, hay que revisar lo de la Cooperadora y qué pasó con el Consejo de Administración, que debía estar constituido por representantes del pueblo. Nunca más se habló de dicho organismo”.


Apuntes para un nuevo modelo de hospital

(Por CGF) La evolución del pensamiento científico nos permite repensar el hospital que supere los rígidos parámetros médicos que imperan desde hace décadas.

Si hay escasez de profesionales, me pregunto cuántos niveles de atención podrían ser evacuados por reikistas, masajistas y paramédicos. Mi impresión es que a menudo la gente abarrota los consultorios buscando más que nada confort emocional, y en muchos casos de atención primaria podemos considerar más efectivo el nivel de compromiso del agente que brinda asistencia, que su nivel de estudios académicos.

Asimismo, la apertura del hospital hacia la explosión de nuevos saberes y terapias puede ser otro paso que contribuya a descomprimir el peso del trabajo sobre médicos que escasean o son difíciles de reclutar. ¿Por qué no pensar un hospital con acupunturistas, homeópatas, reflexólogos y magnetoterapeutas? La medicina de frecuencias, la fitoterapia y otras alternativas a la medicina tradicional pueden ser no sólo eficaces, sino también ventajosas en términos de costos.

La educación del usuario es otro punto. Abunda una suerte de “consumismo” de la atención médica que presume que la salud pasa por estar bien medicado, hacerse una cantidad de estudios y chequeos periódicamente y obtener un “diagnóstico profesional” para saber si se está “bien” o “mal”. Hay muchísima gente sobre-medicada y sobre-atendida. El hospital público bien puede alejarse de la industria que tiende a generar enfermos crónicos para liderar un cambio cultural hacia un concepto de bienestar más natural y menos basado en la administración de fármacos.

 


 

 

Elizalde, nuevo director asociado

 

Juan Carlos “Cholo” Elizalde sería designado en breve nuevo director asociado del hospital Dubarry, ante el alejamiento del doctor Oxacelay.

 

 

 

Autor: Redacción

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