Stábile y el arte de echar leña al fuego

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El director de Cultura es el centro de sucesivos conflictos. Acumula enemigos internos desde la polémica sobre el Desfile Infierno. No para de tener encontronazos con artistas. Y mantiene una postura desafiante.

Por Claudio Fabian Guevara

La protesta del Foto Club Mercedes por el nuevo el salón de fotos es tan insólita como lo sería un escrache y volanteada del Instituto Belgraniano contra un concurso de composiciones escolares sobre el prócer. Estamos hablando de territorios pacíficos, de organizaciones no conflictivas. ¿Cómo se llegó a una ácida discusión pública por un reglamento de un concurso?

Tal vez la personalidad del director de Cultura explique mucho.

Dicen que Stábile agarró el manejo del área con la expectativa de tener un chofer propio. El hombre no maneja, le habrían sugerido que en ocasiones contaría con ese recurso, y dicen que se ilusionó. Yo creo que tal vez hasta soñaba con un cambio de guardias coronados cada 24 horas.

Nadie sabe por qué ventana entró un personaje tan peculiar en la gestión de Carlos Selva, que más bien se caracteriza por abrirle la puerta a vecinos de los barrios, de extracción popular y trato llano con la gente.

La oferta del intendente lo sacó de su retiro, allá por marzo. Por esos días, Stábile estaba ensimismado en una batalla de derechos del consumidor, presentando una apelación por los puntos Quiero del Banco Galicia, con la intención de hacer un viaje a Europa. Desde que comenzó su gestión, tal vez por ansias de protagonismo o por una especial manera de ejercer poder, no para de ser el centro de sucesivos conflictos.

Breve sumario de encontronazos

A días de iniciada su gestión, logró el alejamiento de Fabián Morales, que tenía desde antes una fecha reservada en el teatro. Stábile pretendió hacer pasar a este compromiso por el filtro de un nuevo requisito burocrático. Morales, que lleva décadas como actor y director en distintos escenarios del mundo, se llevó su show a otra parte. Tiene estatura cultural propia y ninguna necesidad de rogarle a un novel funcionario con ganas de hacer pesar sus botas.

Poco después abrió otro frente de conflicto. La artista cubana Nory Guerra estaba apalabrada desde hacía meses para iniciar un taller de salsa en los talleres culturales. El funcionario le negó la contratación aduciendo que su CUIT era falso, y la interrogó por el estatus legal de su estancia en el país. Nory Guerra presentó un expediente insistiendo con la validez de sus documentos y esperó en vano durante meses una contestación. Stábile la ignoró, así como desestimó todas las gestiones para que reconsiderara su error. La falsedad de la acusación de Stábile se evidenció pronto en el hecho de Nory Guerra fue al final contratada por el Centro de Integración Comunitario para dar su taller, donde aún continúa. La anécdota pinta la capacidad del director de Cultura para generar bronca: se puede negarle el puesto de trabajo a alguien, pero no hay necesidad de humillarlo acusándolo de presentar papeles falsos. Sin embargo, jamás se disculpó por la calumnia gratuita, y en cambio, se sintió ofendido por una carta abierta que hizo público el caso.

A las pocas semanas se ganó enemigos internos en el municipio por su actitud con el desfile Infierno. Habló con periodistas de su confianza para “denunciar” que le habían quitado fondos de Cultura para el evento y quiso aclarar que él no había firmado las partidas. La difusión del caso se interpretó como una traición política del profesor, ya que aunque políticamente es debatible el destino del dinero, no hay nada ilegal en el gasto. Su empeño en que se difundiera que se había negado a firmar las partidas, quiso hacerlo aparecer como campeón en la lucha anticorrupción, y en cambio echó sombras sobre sus compañeros de gestión. Por esos días se ironizó sobre su frustrada vocación de detective destapa-ollas con un señalamiento lapidario: “Stábile no debe olvidar que su primer acto administrativo fue nombrar como empleado de Cultura, sin concurso ni apertura alguna, a una persona de su entorno. Eso se llama nepotismo. Y en países donde se practica la meritocracia, se considera corrupción”.

Más leña al fuego

La “guerra de las fotos” posiblemente se explica mucho en la actitud del director, poco habilidoso para dialogar y llegar a acuerdos, y que se planta en caprichos para generar conflictos evitables. Una entrevista del diario La Hora lo pinta de cuerpo entero. Allí presume de “busy man” cuando dice que se enteró del conflicto por los semanarios del lunes, ya que “estaba ocupado en otros menesteres” (¿apelación de puntos “Quiero”?). Todo el mundo se enteró de la protesta de los fotógrafos el fin de semana, y el portal Noticias Mercedinas lo publicó el domingo. Si el director de Cultura no estaba al tanto, es que realmente pasó el fin de semana embalsamado. Pero no es verdad, porque en otro pasaje reconoce que conocía el malestar por un diálogo que tuvo con el presidente del Foto Club.

En La Hora Stábile echó leña al fuego con una actitud desafiante, y le dijo a los fotógrafos que ellos podrían poner el reglamento cuando organizaran su propio salón. Una fórmula perfecta para encender aún más la irritación de todos.

Autor: Redacción

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