Por otro nunca más

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La semana pasada una tormenta inesperada tuvo un desenlace trágico: un matrimonio murió fulminado y un menor de tres años perdió a sus padres. El municipio salió a quitarse responsabilidad de la tragedia.

motoLa semana pasada una tormenta inesperada tuvo un desenlace trágico: un matrimonio murió fulminado y un menor de tres años perdió a sus padres. El municipio salió a aclarar que la rama no correspondía al alumbrado público y que la ambulancia tardó mucho en llegar no por el estado del camino, sino por otras cuestiones.

Claramente lo que buscó fue quitarse responsabilidad de la tragedia.

El problema no es ese. Sino que –a priori- no parece haberse tomado ninguna medida para evitar que esta situación se repita. Y es que parecería que todo fue producto de una desgracia, pero ni siquiera se analiza la existencia de situaciones que podrían haber evitado tal tragedia. Y por ende no parece tomarse ninguna medida para que se repita.

Se sabe que existen sistemas de seguridad que cortan el suministro de energía eléctrico en un caso como este. ¿Acaso aquí no se activaron? ¿No funcionan correctamente?.

Es cierto que la rama que se desprendió no es de arbolado urbano. Pero acaso no se deberían realizar controles para evitar situaciones de esta naturaleza.

El municipio no se ha hecho responsable de los daños contra los vehículos cuando se han producido caídas de los mismos por más que estos formen parte del arbolado urbano. Ahora no son responsables ni cuando integran el mismo, ni tampoco cuando lo integran. Si no controlan ni unos, ni otros. ¿Controlan el arbolado?.

Las empresas prestatarias de energía eléctrica acusan su falta de rentabilidad para no realizar inversiones. Ahora. Es comprensible que no la realicen para extender su servicio. ¿Pero no realizan el mantenimiento mínimo para garantizarles indemnidad a los usuarios?

De nada sirve que luego una sentencia obligue a pagar a alguien una suma importante de dinero. En este caso se cegaron dos jóvenes vidas. Una pareja que intentaba conformar una familia y –se supone- permitirles una mejor vida que la propia. Porque de eso se trata la paternidad/ maternidad.

A esta altura nadie puede dudar que la soberbia de la raza humana provocó cambios importantes en el clima. Los cuáles se demuestran con la ira que desata la naturaleza en sus tormentas. Ya no existen más situaciones extraordinarias cuando llueve mucho, o los vientos son fuertes. Ya debimos habernos acostumbrado a ello.

De ninguna manera los dirigentes pueden seguir escudándose detrás del caso fortuito o fuerza mayor cuando de temporal o lluvia torrencial se trate. Ya debería comenzar a preverse que va a ser así. Y obrar en consecuencia para no seguir sumando víctimas inocentes que nada tienen que ver con la imprevisión.

Autor: Redacción

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