Nisman, el poder y los controles

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La muerte santifica. Sin dudas. Por varias razones. Entre ellas porque razones de decoro hacen que la mayoría de los mortales no ataquen la memoria del fallecido. Salvo honrosas excepciones.

Por Javier Guevara

La muerte santifica. Sin dudas. Por varias razones. Entre ellas porque razones de decoro hacen que la mayoría de los mortales no ataquen la memoria del fallecido. Salvo honrosas excepciones.

Nisman –el fiscal de la causa AMIA– murió en extrañas circunstancias. Para la mujer fue un asesinado, para la justicia es una muerte dudosa. Es cierto que cuando aún se tienen dudas, es más fácil abonar la teoría del homicidio.

Pero –sin entrar en detalles de lo sucedido en el piso 13 de una de las torres Le Parc aquel domingo 18 de enero– claro está que Nisman distaba de ser el funcionario modelo.

Manejaba a su total arbitrio y discreción un presupuesto millonario. Entre 2006 y 2015 el presupuesto de la unidad pasó de más de 4 millones de pesos a casi 32 millones para este año. Tiene entre 40 y 50 empleados.

Nisman cobraba casi el doble que cualquiera de sus pares y disponía de colaboradores que –como el hoy reconocido Lagomarsino– percibían honorarios por 40 mil pesos por mes, sin cumplir horario, ni concurrir asiduamente a su lugar de trabajo que –por otra parte– no tenía. Se tiene indicios claros que abonaba con dinero de la fiscalía viajes para ‘amigas’.

Estuvo 10 años realizando una investigación que llegó a una conclusión: un grupo de iraníes había planificado, desarrollado y ejecutado el plan para que la AMIA estallara y 85 personas murieran en la tragedia. Para ello había seguido a pie juntillas órdenes de la embajada de EE.UU y de Jaime Stiusso, un hoy cuestionado hombre de la SIDE.

¿Merecía por ello morir? Claramente que no. Pero –además de reclamar el esclarecimiento– la sociedad debería exigir que no existan más posibilidades que un funcionario realice semejante despliegue de dinero y ostentación con dinero destinado para esclarecer ilícitos.

Nisman es la clara evidencia que hay algo en el Poder Judicial que no funciona. Y no porque haya denunciado al Poder Ejecutivo. Sino porque a pesar de haber tenido recursos casi indiscriminados, no logró sanar la herida del atentado terrorista más grande. Y porque murió en extrañas circunstancias a pesar de ser uno de los funcionarios judiciales más custodiado del país.

Nisman es la clara evidencia que todos los poderes merecen controles. Y ninguno debería estar por encima de otro.

Nisman es la clara evidencia de la existencia de una familia judicial que actúa en forma corporativa y se protege.

Nisman es el claro ejemplo de lo que no se debe repetir. Además de ser un fiscal federal que murió en extrañas circunstancias, las cuales deben ser develadas a la brevedad posible.

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Autor: Redacción

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