La otra cara de la violencia de género

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La preocupación por la violencia intrafamiliar dio una vuelta en el aire y terminó prejuzgando todos los acontecimientos bajo una visión feminista que pone en riesgo la ubicuidad de la justicia.

Por Javier Guevara

Es cierto. La violencia de género es un problema complejo. En un alto porcentaje de casos de mujeres víctimas de homicidio, sus victimarios son parejas ó ex parejas. Pero eso no convierte a todas las mujeres que denuncian maltratos ú acosos en víctimas, ni a todos los hombres en victimarios.

Existen decenas de historias que dan muestra de ello. La preocupación por la violencia intrafamiliar dio una vuelta en el aire y terminó prejuzgando todos los acontecimientos bajo una visión feminista que pone en riesgo la ubicuidad de la justicia. Se olvida a menudo la presunción de inocencia y cuestiones tan importantes como la violencia de género.

La gran cantidad de denuncias debería poner en alerta al sistema. Pero en lugar de ello se emiten restricciones perimetrales y prohibiciones de contacto cautelares en cantidades industriales -sin siquiera analizar si los relatos son congruentes- y por plazos no inferiores a los 90 días. Muchas veces, una vez levantadas esas órdenes de restricción, y establecido que el ogro no era tal, no se sanciona de ninguna manera a la mujer que mintió u ocultó información a los ojos de la justicia. Con lo cual la denunciante no solo le hizo perder tiempo a la judicatura, sino que denigró a un individuo que repentinamente se vio envuelto en un debate judicial sin sentido. ¿Eso puede pasar? Claro que sí. Y ocurre con mayor asiduidad de lo que cualquiera puede imaginar. Es otra cara de la violencia de género, que también alimenta una espiral de violencia psicológica y moral: la que sufren los hombres acusados injustamente, acosados por parejas o ex parejas.

Idealmente, la violencia de género no debiera discriminar por el sexo del denunciante. Sin embargo, una estadística que muestra a las mujeres que víctimas mayoritarias de la violencia entre cónyugues, ha provocado una tendencia social a prejuzgar, poniendo la duda en favor del sexo débil. Posiblemente esa tendencia judicial busque disminuir el nivel de violencia. Pero muchas cifras indican que el camino elegido no ha dado buenos resultados. Hay un delicado equilibrio que, si se quiebra, puede volverse como un boomerang contra las aspiraciones de armonía social entre sexos.

El problema es extremadamente complejo y lo que peor que podría hacer la justicia y las ONG que abordan esta problemática es pensar que el problema es solo la violencia de género.

La consigna ‘Ni una menos’ es convocante y necesaria. Pero no no se va a erradicar la violencia a través de funcionarios policiales y judiciales que apliquen indiscriminadamente las mismas recetas para todos los casos. Se requiere de compromisos y recursos para analizar cada una de las problemáticas, y evitar los cliches que –con nobles objetivos– terminan tratando todas las problemáticas de la misma manera. Y es que no hay nada más injusto que tratar igual a los desiguales.

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Autor: Redacción

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