El error humano

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El copiloto Andreas Lubitz estaba de baja médica y no debía volar la mañana del martes 24, cuando según las pesquisas actuales estrelló adrede el Airbus 320 de la empresa Germanwings. Y con ello se rompe el mito de la eficiencia alemana.

Ya no quedan dudas. Ni fue Al Qaeda, ni ninguna facción musulmana. Tampoco fue producto de un error mecánico. Fue simplemente un rapto de locura de un copiloto lo que hizo que un avión se estrellara contra los Alpes.

El copiloto Andreas Lubitz estaba de baja médica y no debía volar la mañana del martes 24, cuando según las pesquisas actuales estrelló adrede el Airbus 320 de la empresa Germanwings que volaba de Barcelona a Düsseldorf.

Y con ello se rompe el mito de la eficiencia alemana. O al menos de las certezas que brinda una sociedad que parece tenor todo controlado.

¿Alguien se imagina lo que dirían las tapas de los principales matutinos del mundo si eso les hubiese ocurrido a Aerolíneas Argentinas o cualquier empresa de aviación estatal de esta parte del globo?

La fiscalía de Düsseldorf informó sobre el hallazgo –roto en varios pedazos– de un certificado médico que ordenaba la baja de varios días, incluido el de la tragedia que costó la vida a 150 personas en los Alpes franceses. Los trozos de papel fueron encontrados durante un allanamiento en el departamento donde residía Lubitz, el piloto de 27 años.

En Alemania los médicos están obligados a guardar el secreto profesional. Y no existe el médico de empresa, sino que es el empleado quien tiene que ir a una consulta y luego informar al empleador. Está claro que lo informa solo si quiere. Porque quedó acreditado que Lubitz no sólo no comunicó la orden del médico, sino que además habría ocultado a todos sus colegas y jefes la enfermedad que sufría. Se supone que es porque hubiera significado que por mucho tiempo no iba a poder volar.

El comunicado del fiscal sólo subraya que no se halló material que vincule al copiloto a algún tipo grupo religioso o extremista que pudiera indicar un acto terrorista. Y tampoco se encontró una carta de despedida.

Porque lo mejor que le podría pasar al mundo occidental es encontrar una lógica que explique porqué un individuo toma tal determinación. Y la única explicación que los satisfacerla sería la participación de algún grupo terrorista. Y por más que esa situación pudo haber sido prevista por un profesional, no quieren entender cómo un país que cree tener todos los ángulos cubiertos, nunca pensó que algo así podría pasar.

Situaciones como esta ponen en crisis varios accidentes aéreos inexplicables y las desapariciones de varios de ellos en el último tiempo.

La autoridad de aeronáutica alemana confirmó que en el acta de piloto de Lubitz figuraba la sigla “SIC“ (specific regular medical examination), que indica que debe someterse a revisiones médicas periódicas. Estos documentos eran revisados por un psicólogo, lo que apuntaría a que la enfermedad que sufría Lubitz era psíquica. Según el diario alemán Bild, uno de los primos de Lubitz reveló que el joven copiloto estaba en tratamiento psiquiátrico y medicado por depresión incluso el día de la tragedia. Ahora –cuando el error fatal enterró a ciento cincuenta personas- cada vez más líneas aéreas en Europa anuncian que impondrán la presencia de un mínimo de dos personas en la cabina de mandos de los aviones.

Pero ya es demasiado tarde.

Autor: Redacción

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