Editorial: Casi un cuarto de siglo

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El pasado miércoles 12 de octubre, junto con el Día de la Diversidad cultural, sin pompas ni festejos se cumplieron 24 años de vida del semanario El Nuevo Cronista.

Desde entonces el medio intentó ser una piedra en el zapato de los gobiernos comunales. A veces más y otras veces menos molesto.

Hace algunas semanas –cuando el intendente Ustarroz anunció que la última edición de la Fiesta del Salame había dado un superávit de un millón de pesos- desde estas páginas se cuestionó que ni la justicia, ni el famoso y temible Tribunal de Cuentas indagaron en los motivos por el cual en la anterior gestión –la de Carlos Selva- el superávit había sido solo de 60 mil pesos. Ni siquiera los concejales oficialistas u opositores se sentaron a estudiar con la solvencia que el hecho merecía, las cuentas de la anterior gestión.

Ahora Navarro pone en tela de juicio la mega inversión comunal en las obras del teatro Argentino. Al concejal ex oficialista le queda la tranquilidad de conciencia de haberse abstenido en la votación, pero le queda el sabor amargo de no haber impedido que el municipio malgaste una suma importante de dinero. Y pone en evidencia cierto manejo informal en el Concejo, en el Ejecutivo de entonces y –por supuesto- en el Tribunal de Cuentas que vive observando y detectando anomalías absurdas; como tapando el bosque con el árbol.

Y esa decisión de cuestionar hechos a veces nimios, y a veces relevantes son los que hicieron un sello editorial. El sello editorial que cuestionó aquella “tontera” del funcionario que hacía depositar dinero público en una cuenta privada.

El mismo sello editorial que cuestionó abusos de poder del entonces intendente Julio Gioscio y se ganaron algunos insultos del extinto intendente.

Que se enfrentó reiteradamente con el ex intendente Selva por el manejo espurio y discrecional de las cuentas públicas.

Y los mismos que le cuestionan a Ustarroz no usar el beneficio de inventario, demoras en las decisiones vinculadas con el estacionamiento medido y otras yerbas.

Ese sello editorial es el mismo que–porque no decirlo- ha dado batallas en cuestiones vinculadas al medio ambiente. Siendo tal vez la más emblemática, la disputa contra la empresa que fundía plomo en el SIP.

En estos 24 años este sello editorial ha ganado y perdido amigos. Ha sumado adeptos y los ha perdido. Porque es difícil intentar hacer periodismo en una ciudad donde “todos nos conocemos”. Y tenemos alguna relación más o menos cercana con el objeto de la noticia.

En tiempo donde la noticia es una entelequia y donde los grandes monopolios de la comunicación se erigen en factores de poder indiscutibles, la existencia de pequeños medios sigue siendo la garantía de que el periodismo independiente existe. Entendiendo a la palabra independiente como libre pensante, pero atado a una ideología. Y no como se pretende instalar la idea, de que el periodismo independiente debe ser objetivo. Los medios de prensa están hechos por personas, por sujetos. La subjetividad es la argamasa de la noticia. Lo más trascedente es –en todo caso- que el periodista o el medio no cambie de opinión. Lo que está mal: está mal. Lo haga un dirigente amigo o enemigo, esa debe ser la consigna. Lo contrario es hacer ley aquella famosa frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”

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Autor: Redacción

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1 comentario

FELICITACIONES AMIGOS
no es facil mantener una empresa editorial pero lo han logrado y sabemos de las alegrias y los sinsabores que produce
mucha suerte paralos proximos 24
y festejaremos junros los25
con todo mi afecto Berta

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