Crónica de un ocaso anunciado

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El selvismo no logrará ingresar concejal en esta elección • Por primera vez en décadas el 10 de diciembre no jurará ningún edil que tenga pertenencia política al actual diputado nacional.

 

 

(Por O. Lye) Es cierto que nadie muere en la víspera. Y también en política se estila decir ‘los muertos que vois matas, gozan de buena salud’. Pero no es menos cierto que Carlos Américo Selva debe estar enfrentando su peor momento político desde que comenzó a militar en la Agrupación Juan Domingo Perón en la calle 22 entre 25 y 27. Ya que por aquellos días era apenas un delegado sindical y tenía una participación muy secundaria en la vida política local.

Era un concejal que ingresó gracias a la excelente elección del peronismo y la caída del radicalismo en el 91. De ahí en más fue siempre mejorando. Con acuerdos políticos se mantuvo en el Concejo cada vez con más protagonismo y cuando no renovaba lograba colocar en la lista a algún edil propio.  Así llego a una banca –por ejemplo- Néstor Palacios.

En el 2001 venció en una interna a un dirigente justicialista que venía invicto; que le había ganado a los radicales en el 83 a pesar de Raúl Ricardo Alfonsín. Le ganó una interna a Julio Gioscio.

Y luego su intuición política lo llevó a acercarse a Néstor Kirchner, mucho antes de la crisis y que el patagónico sonara como presidente.

Se impuso en las elecciones del 2005 contra el peronismo ortodoxo y ganó cómodamente las elecciones del 2007 cuando -vía Alberto Fernández- se inauguraron colectoras en casi todos lados, incluso en Mercedes. Ingresaba cinco ó seis concejales.

Solo en la elección del 2009 conoció la derrota. Pero fue una derrota con suerte porque ingresó tres concejales en una elección donde las tres fuerzas que llegaron al piso se repartieron por tercios los cargos electivos.

En el 2011 remontó una elección que todos daban por perdida luego que un joven casi desconocido hasta un año antes –Juan Ignacio Ustarroz- se animara a enfrentarlo a través del Frente Mercedino para la Victoria. Un puñado de votos le impidió al joven gerente de Anses imponerse en las generales de octubre luego que sumara más votos que el intendente en las PASO.

A partir Selva comenzó a cometer muchos errores: se enfrentó con CFK, Scioli y se creyó omnipotente, olvidando que la desgracia de aquellos que criticó más tarde que temprano lo iban a terminar salpicando. Su decisión de jugar fuerte con el massismo tuvo una recompensa particular: un lugar expectante en la lista de diputados nacionales. Y de esa forma logró llegar por mérito propio y por un arduo trabajo político, a un escaño. Obviamente que para ello desatendió la política y la gestión local. Decidió impulsar tal vez al mejor hombre dentro de la gestión, pero tal vez quien menos consenso político tenía dentro de la agrupación.

Y eso lo llevo a la peor elección de la historia de la agrupación: apenas un concejal. El contraste con aquella elección del 2001 donde imponía 7 ediles, o de las elecciones en las que se quedaba con la totalidad de los consejeros escolares en juego, era notoria.

Por eso en esta, decidió jugar el todo por el todo. Puso a su hija para que la agrupación entendiera que la intención era seguir discutiendo poder en el territorio: “No la voy a quemar sino”, explicaba a quienes ponían en duda su decisión de jugar fuerte en Mercedes.

Y así fue que previo  las PASO Selva personalmente salió a golpear puertas, a tomar mates, a charlar con los vecinos, como supo hacerlo durante años y años. Como supo obtener consenso para ganarle a Gioscio y como supo militar para revertir la elección del 2011. Salió a caminar con Sabrina, con Milhomme y con tantos otros nobles militantes que aún conserva en la agrupación.

El resultado de las PASO lo enfrentó con la realidad: ya había perdido el encanto para convencer a sus viejos seguidores, lo atendían por cortesía pero no lo acompañaban más en la urna. “En la política se acompañan solo hasta la puerta del cementerio”, le dijo un amigo sindicalista. Y Carlos comprendió que la suerte estaba casi echada, que las chances de lograr sumar concejales al HCD se estaba debilitando.

Es tan así que en el último tiempo casi no se lo vio por el Palacio, ni por los barrios, ni tomando café como otrora. Si existió una cantidad de militantes que siguieron intentando pelearla, por Sabrina, por la gloria que alguna vez tuvieron.

Y paradójicamente uno de los que más caminó los barrios fue Carlos Milhomme, alguien quien podría entender que se beneficiaba con un resultado adverso. “Si no metemos un concejal, perdemos todo”, le dijo a alguien que le insinuó el beneficio para él personal que el selvismo haga una mala elección.

Y así fue: la elección (polarizada o no) dejó por primera vez al selvismo con las manos vacías. Después de muchos años –más precisamente desde 1991- el 10 de diciembre no asumirá ningún concejal que responda al ex intendente. Le queda Carlos Milhomme solo, que ha demostrado lealtad sin dudas. Pero posiblemente sea el último de sus soldados en el HCD.

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Author: Yesica Landola

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