“Creo en los colegas y no en la competencia”

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Empezó como forma catártica de escapar a la indecisión de no saber qué hacer de su vida • La cocina la inspiró y era justo esa la actividad que la empujó a dedicarse a la repostería • Es docente de inglés, actividad con la que solventó parte de los estudios en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) de Buenos Aires •  Sumamente agradecida con sus padres por solventarle la carrera y un amor infinito por sus ancestros: sus abuelas cocineras y sus bisabuelos panaderos que le dejaron vivo el gen del arte culinario.

Por Agustín Castro

La puerta de su casa tiene una calcomanía de “Chock N´Roll”, la marca que sus amigos la ayudaron a elegir para su emprendimiento de repostería. Detrás de la puerta, una sonrisa simpática invita a subir las escaleras y un “cuidado con el techo” advierte sobre algún golpe en la cabeza. Es su nueva casa desde que se fue a vivir sola, aún con la mudanza a cuestas. Un pequeño living, con dos sillones y una tele encendida con música que maneja desde su celular. Un libro debajo de la tele. Baja el volumen y empieza el relato de su corta vida.

El 9 de septiembre de 1994 sale a la venta el primer tomo del popular video juego “Guitar Hero”, el escritor Camilo José de Cela es condecorado por la Unesco con la Medalla de Oro Picasso y salían las revistas de repostería de Utilísima, Mía Cocina, donde se revelaban la preeminencia de los productos extranjeros, como los pistachos y los frutos tropicales, tanto como el maracuyá. Ese mismo día, en la ciudad de Mercedes, Marisa Ricchini daba a luz a una niña. Junto a su pareja, Mauricio Angulo, decidieron ponerle Paula a su única hija.

Mauricio Angulo es un ex combatiente de Malvinas que trabaja en la fábrica San Martín. Y también ejerce el cargo de portero, puesto que le brindaron por el hecho de ser ex combatiente. Su madre es docente jubilada. Ejercía como maestra jardinera.

Con su familia completa

Durante su infancia, Paula vivió y creció en una casa ubicada en la 122 y 31.  Posteriormente, la familia se trasladó más para el lado del centro, más específicamente en la calle 22 y 11. Paula tenía 8 años de edad y ya había ingresado al Colegio San Antonio, donde transitó toda su etapa escolar. “Tuve una infancia súper linda. Los tres, en mi familia, somos muy unidos. De las dos partes. Tengo una familia que vive en Buenos Aires, otra en Canadá, pero todos nos llevamos muy bien”.

Su grupo de amigas es el del Colegio San Antonio, desde el jardín hasta hoy: Helena Belgrano, Irene Antón, Camila Vallejos, Sofía Gómez y otras de las que se disculpa por no nombrar a todas. “Siempre somos las mismas 7 u 8 que hasta el día de hoy nos seguimos viendo”. . Fue elegida la mejor compañera.

Se egresó y la multiplicidad de gustos que tenía por diversas cosas le generaba indecisión a la hora de elegir una. A pesar de ser una excelente alumna en el colegio que nunca se había llevado una materia y tener una gran facilidad para aprender, no sabía a qué dedicarse en el futuro. “Todos tenían la expectativa de que iba a estudiar medicina o algo formal. No sé si relacionado con la medicina, pero sí esas carreras que tienen un cierto prestigio y que llevan tiempo. Que normalmente las hace la gente a la que le va bien en la escuela. Y yo nada que ver. Disfrutaba de la escuela. Me gustó mucho, pero sabía que por ese lado no iba”, recuerda quien se autodefine como “muy relajada”. Confiesa que durante su crecimiento pensó en varias carreras que podría seguir: “Quise ser bióloga marina, médica, veterinaria, profesora de historia. Yo quería hacer algo diferente todos los años. Cambiaba, le ponía toda mi energía a eso y siempre cambiaba”.

Con su madre, Marisa Ricchini, quien la incentivó en el camino del arte

La indecisión se fue definiendo cuando decidió irse a La Plata a  estudiar Artes Visuales. Sus padres le habían alquilado un departamento. Pero a último momento no se quiso ir. “Creo que me gustaba mucho Mercedes y no me quería ir de acá”, confiesa.

Fue allí cuando decidió finalmente quedarse a vivir en su ciudad natal y anotarse en la Escuela de Arte en el año 2013. Allí cursó durante 2 años de la carrera de Profesorado en Artes Visuales. Luego de ese período de tiempo, abandona la carrera y se angustió pensando que todos encontraban lo que querían hacer menos ella. Pero con el paso del tiempo se fue dando cuenta que a todos le pasaba lo mismo. La causa por la cual abandonó el profesorado de artes visuales en la Escuela de Arte fue porque no le convenció la salida laboral que tenía haciendo mucho hincapié en la docencia. “Yo quería tener algo que tenga que ver con la expresión artística y sentía que un salón no era donde yo quería terminar. No tenía que ver con la docencia. No era nada en particular contra la Escuela de Arte ni nada por el estilo porque hice un montón de amigos ahí. Pero no me gustaba”, recuerda.

Fue así que estuvo alrededor de 6 meses sabáticos buscando qué era lo que realmente la entusiasmaba. Y en sus tiempos de tristeza y angustia que semejante asunto vital le embargaba, se dedicaba a cocinar. La cocina pasó a ser una catarsis y algo que verdaderamente definió su profesión sin haber transitado desde la infancia esa pasión por el arte culinario. Surgió en un momento de búsqueda desde un mientras tanto que se transformó en una actividad perenne.

Sin perjuicio de no haber arrancado desde la infancia a hacerlo, sus antepasados nos cuenta algo respecto a la actividad. Sus abuelas eran grandes cocineras y sus bisabuelos por parte de padre y madre eran panaderos. Por lo que la impronta se fue revelando en sus genes hasta hacerse relucir.

Con sus abuelos y un tremendo afecto por sus antepasados culinarios.

Su novio y sus amigas iban viendo que estaba demasiado  tiempo en la cocina, ambiente testigo de su llanto con formato de hornalla y moldes de torta. Le sugirieron entonces que haga de su catarsis una actividad laboral. Entonces Paula empezó a recortar la cocina para el lado de lo dulce. Y pensó automáticamente en la pastelería. Averiguó dónde se podía estudiar y terminó en el Instituto Argentino Gastronómico (IAG), que es donde terminó estudiando. Resultaba muy costoso estudiar allí. Lo analizó y lo habló con sus padres que la apoyaron en todo momento. A su madre le daba lástima que dejara la Escuela de Arte porque proyectaba su deseo en su hija, al querer asistir ella misma allí, según la lectura de su hija. En cambio su padre fue mucho más determinante en que su hija siguiera su deseo más acérrimo, quien rescata y valora enormemente el hecho de que su padre y su madre le financiaran su carrera: “A veces uno piensa que esta persona hizo todo esto y hay un montón de gente ayudando atrás”.

Paula trabajaba dando clases de inglés y se empezó a costear los viajes y materiales de estudio para aliviar la carga económica a sus padres. “Pero ellos me ayudaron en todo a pesar de estar un poco reacios de mi decisión. Que no era lo que más les parecía. Me apoyaron todo el tiempo”. Cuando arrancó veía que todos sus compañeros sabían mucho de pastelería. Ella se daba cuenta que no sabía nada. Y pensaba que se había metido porque lo que le hacía bien en ese momento era cocinar. Pero más que de un budín o unas galletitas no pasaba. Era lo que hacía en su casa para su familia. Sus compañeros ya eran unos profesionales de la cocina. Conocían las técnicas, los pasteleros famosos y demás.

  • ¿Qué experiencia te llevas del IAG?
  • Aprendí un montón. Los profesores son lo más. Es muy costoso pero lo vale. Te enseñan todas las técnicas, más la seguridad y la higiene. Sacar los costos también. Es muy completo.

Alrededor de dos años después termina sus estudios en el IAG, con la modalidad más rápida para recibirse lo antes posible. “Me recibí de pastelera profesional. Pero pasó un tiempito hasta que me animé a largarme a hacer tortas. La primera mitad de año vendía tortas a las amigas de su mamá. O hacía las tortas para un cumpleaños y le decían que las venda. No se animaba a cobrarlas. Porque ni bien salió del IAG su idea era conseguir un trabajo más de dependencia que por motus propio. Trabajar en una pastelería de su agrado o como empleada de alguien. Fue averiguando al respecto dónde podía empezar a hacer pie para empezar a dar rienda suelta a su arte.

  • ¿Dónde trabajabas en esa instancia?
  • Trabajaba en un instituto de inglés. Daba clases de inglés en la Cultural Inglesa de la 24 y 19. Ahí trabajo hace como 5 años. Es un trabajo fijo pero voy 4 horas los miércoles, 4 horas los lunes, es poquito. Empecé como secretaria. Rendí unos exámenes que me permitieron dar clases. Terminé como suplente y hago un poquito para lo que me necesiten.
Una de sus grandes obras de arte.

Respecto de la pastelería, empezó a vender su trabajo a los conocidos y empezó a animarse a la autogestión. Tenía miedo de que no funcionara. Fue así que para hacerse conocida en el ambiente recurrió a las redes sociales. Más específicamente en Instagram: “yo creo que sin las redes hubiera muy difícil hacerlo”, reconoce.

  • ¿En Facebook no está la página “Chock N´Roll”?
  • Lo tengo pero la gente me ve mucho más en Instagram. En el Facebook casi que no pongo nada porque llegan mensajes ahí a veces por las tarjetitas que yo entrego. Para las personas que no tiene Instagram. Pero más que nada se mueve mucho más el Instagram. Creo que las redes dan una posibilidad re grande.
  • ¿Por qué se llama “Chock N´Roll”?
  • Me gusta mucho la música, el rock, ir a recitales y lo pensé con mis amigos. Nos sentamos un día y uno tiró una cosa, otro tiró otra y quedó algo relacionado con el rock n´roll. Yo diseñé el logo y saco las fotos. En el 2013 hice un curso de fotografía con Facundo Ricca. Y eso me ayudó un poco porque la foto vende. Si vos sacas una foto a oscuras y con un plato de comida atrás y eso es feo. Y saber fotografía ayuda. Sacar lindas fotos. El diseño lo hago yo en la compu como puedo. Me arreglo. Y creo que soy un poquito controladora. No se si podría delegar. Me gusta hacerlo yo.
  • ¿Cuántos años tiene el emprendimiento?
  • Y ya tiene dos años. El primer año igual fue prueba y error. Ahora estoy un poquito más establecida.
  • Desde que arrancaste hasta ahora, ¿viste una merma en las ventas?
  • Sí. Igual yo tengo la suerte de que los cumpleaños no se dejan de festejar. La gente sigue cumpliendo años y mis tortas, soy consciente de que no son las más económicas. Son más costosas que las tortas de las panaderías, por ejemplo. Quizás la gente reserva ese dinero para una buena torta, que es una vez por año. para comprarse la torta que quiere. Pero sí se nota que la gente antes te pedían 5 o 6 tortas, hoy te piden 2. O te piden una torta más chiquita.
  • ¿Tenes la idea de poner un local?
  • Por las redes se vende un montón. En este momento lo hago todo en mi cocina. Si bien estoy cómoda, me gustaría en el futuro tener un taller. Que quizás no sea algo con mesitas para que la gente venga. Pero sí tener un taller donde tener un lugar para retirar las tortas y dar clases. En grupos más reducidos. No hay este tipo de clases en Mercedes. No se hacen mucho este tipo de tortas. Sí los brownies por ahí, pero las que yo hago con buttercream. Me gusta mucho que a la gente nueva le guste la pastelería. Es com que ahora hay un boom y esta buenísimo que se empiece a hacer más cosas. Hay chicas que vienen a buscar las tortas y me dicen que le encantan mis tortas y que cuando terminen la escuela quieren dedicarse a esto. Yo me pongo re contenta cuando me dicen eso. Quiero que hayan más pasteleras. Creo en las colegas y no en la competencia.
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Autor: Mariano Oyarzu

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