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Asamblea en la plaza: ecos de una antigua tradición democrática

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El acto ciudadano fue inspirado en los oradores del Hyde Park londinense • Un gesto de las autoridades para quitarle cobertura mediática al evento precipitó la invasión del palacio • El fastidio de los vecinos y una reunión tensa con el intendente.


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Speaker´s Corner, Hyde Park, Londres. La esquina de los oradores.

Por Claudio Fabian Guevara

El acto ciudadano del martes 23 tuvo una génesis curiosa. En principio, compré un megáfono para pararme en la plaza y decir lo que tenía para decir contra la ordenanza que autorizó la invasión de antenas de celulares. Mi testimonio no apuntaba a nadie en particular: fue una norma votada por unanimidad, pero contra todo sentido común y contra todas las recomendaciones de paneles científicos de todo el mundo. El proceso, para colmo, ignoró los mínimos modales democráticos que se deben guardar para sancionar una norma tan importante.

Pensé en expresar mi enojo como un acto auto-terapéutico. Para quien piense que es algo provocador, les cuento que me inspiré en los oradores de Hyde Park, en Londres, donde sábados y domingos, ciudadanos comunes se suben a un banquito y hablan a quien quiera escucharlos. Es habitual es que se traten asuntos de política, sociedad y religión, y está abierto a que cualquiera. Es una antigua tradición democrática, y un frecuentado hasta por turistas.

Cuando anuncié a amigos que me iba a parar en la plaza a expresar mis emociones, hubo otra gente que quiso participar y hablar sobre otras cosas. Entonces decidimos hacer pública la invitación. Ese es el origen de la convocatoria. Así de simple.

Pensábamos que casi nadie iba a acudir. Pero la gente fue. Unas 30 personas nos reunimos, y el acto se convirtió en una asamblea. Había gente desconocida, mujeres con niños, jóvenes y personas mayores.

 

El retiro de los periodistas

Hacia las 11 comenzamos a vocear el inicio del acto, que comenzó con mi mensaje sobre la ordenanza en cuestión. Desde el Palacio municipal nos miraban por las ventanas, por la vereda pasaron dos concejales, pero nadie se cruzó. Siguieron otros dos oradores previamente apuntados –Gustavo Gutiérrez y Luis Aros– y luego comenzaron a exponer otros vecinos que se sumaban espontáneamente. José María Díaz habló sobre su proyecto de imprenta municipal, y un vecino cuyo nombre no anotamos contó su conmovedora experiencia como víctima de la inseguridad: le robaron a incendiaron su local hace meses, perdió todo y pese a su denuncia jamás lo convocaron desde la Fiscalía.

En ese momento, sucedió algo que cambió todo el curso de los acontecimientos. La prensa local, que amablemente le dio difusión masiva al acto, estaba presente con sus periodistas dando cobertura al evento. Pero desde el Ejecutivo comenzaron a convocarlos en forma urgente para una conferencia de prensa sorpresiva del intendente.

Fue una provocación torpe, un sabotaje ridículo hacia la ciudadanía deliberando. ¿Por qué el jefe comunal decidió promover un encuentro con los periodistas en ese momento, gestionado febrilmente por personal de Prensa que cruzó a la plaza a llamar uno por uno a los periodistas presentes?

Yo creo que las autoridades políticas no imaginaron que, si la reunión los fastidiaba, lo que provocaron iba a ser peor.

 

Un Palacio paralizado

Enseguida decidimos cruzar la calle, seguir sesionado en el hall del municipio, y pedir que el intendente nos reciba. Esa decisión provocó algunas bajas en la reunión, porque hubo gente que no se animó a entrar. Pero la columna, de unas 20 personas, provocó un efecto impensado en el Palacio, cuya actividad pareció paralizarse. Nadie circulaba por los pasillos. Se cerraron todas las puertas y los empleados espiaban por las mirillas.

No había gritos ni actitudes agresivas, pero el plantel parecía aterrorizado por la situación. Pasó el concejal José Cestari como un fantasma. Jorge Guevara se puso a exponer sobre el proyecto de viviendas del Polo Obrero en Gowland, que descansa sin tratamiento en el Concejo. En un momento apareció el concejal Benítez a expresar su disgusto por mi discurso. Hubo un momento de tensión cuando el edil le dirigió palabras insultantes a Gustavo Gutiérrez, pero pasó y finalmente Benítez se puso a dialogar con los vecinos y atendió el reclamo de dos vecinas –Luján Báez y Daniela Ratto– por el desmalezamiento de las vías con glifosato.

 

Un intendente nervioso

La asamblea entró en un estado algo caótico, aunque distendido. Tuve un momento de alegría cuando vi entre los presentes al profesor Hernán Borrajo, que se acercó a saludarme para recordar las épocas en que yo era su alumno en el CENS Nº 6. Hernán, un docente brillante, me contó su preocupación por algunas situaciones de la ciudad.

Finalmente nos anunciaron que el intendente nos recibiría, pero solo a cuatro escogidos de nosotros. Hubo gente disgustada porque quería ser escuchada y no pudo entrar.

La reunión en el despacho del intendente fue inconducente y merece ser olvidada. Un Selva muy nervioso y exaltado hablaba desordenadamente y descalificaba a menudo a sus interlocutores, acompañado por Esteban Rossi y Pablo Vera, que actuaba como un guardaespaldas. El intendente parecía sentirse alterado por la situación, y se mostraba lejos de su habitual habilidad para manejar situaciones de conflicto. Cuando la discusión subió de tono decidí retirarme, ignorando provocaciones.

Doce horas después, un raid nocturno de desconocidos dañó con aerosol 10 carteles de El Nuevo Cronista en puestos de prensa en distintos puntos de la ciudad. Pero ésa es otra historia.

Autor: Redacción

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