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Ariel Fusco: “Quiero seguir creciendo como profesional”

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Es reconocido como letrado, forma parte de la dirigencia del Colegio de Abogados y fue funcionario del gobierno municipal • Un recorrido por su historia, su pasión por su trabajo y sus ganas de crecer.

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Por Yesica Landola

Ariel Fusco nació el 17 de abril de 1972 en Mercedes. Estudió en la Escuela Nº 1 y realizó el secundario en el Colegio Normal.

Cuando terminó esta etapa decidió estudiar abogacía en la UBA, y se recibió en 1997.

Fue funcionario del Departamento Ejecutivo entre el 2009 y el 2010, siendo secretario de Control Urbano.

Es padre de dos pequeños: Valentino (8) y Benicio (3), y actualmente se encuentra en pareja con Laureana Acuña Anzorena.

Como letrado es reconocido por su actuación en distintas causas penales que tomaron trascendencia periodística. Tal fue el caso, por ejemplo, de la representación de Manuel Poggi de General Rodríguez en el caso de la efedrina.

Se manifestó satisfecho con su profesión y asegura tener mucho compromiso para con su labor.

¿Por qué elegiste estudiar abogacía?

En un principio había pensado otras cosas. Creo que tuvo mucho que ver que mi tío Mario tenía la vocación de ser abogado. Estudió de grande y se inscribió en la Universidad un año antes que yo. Estaba en plena etapa de decidir qué iba a hacer de mi vida. Y él tenía una gran influencia sobre mí.

En algún momento comenzamos a conversar sobre la posibilidad de tener un estudio jurídico juntos y creo que eso me fue volcando a tomar la decisión.

No sé si tuve vocación de ser abogado. La abogacía maneja temas de interés general. Uno abre el diario y se pone a leer los policiales y se termina poniendo en la piel del que tiene que juzgar, o el que tiene que defender o las argumentaciones de uno u otro lado. Y se pone a hacer análisis, también en las cuestiones legislativas. Todo esto tiene que ver con la profesión del abogado y no es difícil que algún ser humano se vuelque hacia esa carrera porque es de interés general.

Cuando uno estudia y empieza a ejercer la profesión la cosa cambia. Y uno sabe si internamente está preparado para poder ejercerla o no, o si tiene el perfil necesario. Eso te pasa cuando tenés la matrícula en la mano y de ahí los abogados se van volcando a los lugares donde se sienten más preparados o más cómodos. Hay quienes van al Poder Judicial, y quienes salen a la calle porque se sienten preparados para defender conflictos ajenos y ser un auxiliar de la justicia para colaborar en ese terreno, de modo tal que en es conflicto se llegue a la solución más justa.

¿Cuál fue tu caso cuando te recibiste?

Me sentí absolutamente identificado con el ejercicio libre de la profesión. Participé de la actividad gremial que se desarrolla en el Colegio de Abogados que es donde se encuentra el amparo cuando se presentan dificultades en el ejercicio de la profesión. Tal es así que hoy soy vocal titular del Concejo Directivo.

Para mí ser abogado es ser una grande responsabilidad. Representar los intereses de alguien que me trae un conflicto y tratar de dar una solución es una actividad que me atrapa mucho. Uno es un medio en su representación que no puede asegurar un fin y obviamente mi rol no es ganar juicios sino ser un auxiliar de la justicia al auxiliar a alguien. Me lo tomo con mucha responsabilidad y me produce mucha satisfacción; no el hecho de ganar, sino el de ver satisfecha a la persona que confió en mí y brindarle todo lo que tengo.

Además de la capacitación permanente que hago para llevar la satisfacción.

No fue fácil introducirse en el medio, no provengo de una familia de abogados. Me hice de cero y concreté ese sueño con mi tío al principio, aunque después seguimos caminos distintos. Hoy por suerte en el estudio – que se encuentra ubicado en calles 25 y 28 – estamos trabajando muy bien y hemos logrado que muchas personas nos tengan en cuenta a la hora de buscar su representación ante determinados conflictos.

Tuviste una etapa como funcionario municipal ¿Cómo fue esa etapa?

Creo que tengo vocación de servicio a la comunidad. En su momento me llegó la propuesta y ahí tuve que evaluar por primera vez mi tarea, siendo un cargo tan importante y que en ese momento estaba en tela de juicio, y sin ser de la línea política de la que me llegó la propuesta decidí aceptar el desafío. Esa vocación que tenía me parece que podía llegar a rendir sus frutos en ese momento de mi vida.

Suponía que me iba a traer cierta experiencia y que para completarme profesionalmente me podía aportar una experiencia dentro de un ámbito que no era el mío. Y me podía dar cierto desarrollo desde una óptica en la que no me había desarrollado jamás.

Me quedó irme sabiendo que podía haber dado más. Con esto quiero decir que di todo de mí, pero sé que podía haber hecho más cosas. No las pude desarrollar por distintos motivos y quizás en ese momento que me fui, podía comenzar una relación que me permitiera desarrollar las cosas como me las había planteado. Pero en ese momento mi figura se había dilatado un poco, no había sido nunca objeto de cuestionamientos…

Pero me llevé la experiencia, y si me tocara nuevamente creo que estoy preparado para desarrollar la función. No es la función pública un capítulo cerrado en mi vida, pero ahora quiero dedicarme a mi profesión.

¿Cómo fue retornar a tu profesión?

No fue complicado, pero la gestión política hace que el ciudadano te identifique de otra forma. Creo que dejaron de verme como abogado, al ser funcionario. Y lo primero que presume la persona es que al estar en un cargo no voy a tener tiempo de desarrollar mi trabajo. Desde ese punto de vista me perjudicó un poco.

Pero el volver fue una gran satisfacción. Me vi haciendo de nuevo algo que quiero, y con más tiempo para dedicarle. Siempre pasé muchas horas en el estudio, y me dediqué el primer tiempo a recuperar el trato personalizado con mis clientes.

¿Qué objetivos y proyectos tenés para tu vida?

En principio, como abogado, es seguir capacitándome. Tengo pensado hacer una maestría en derecho penal y buscar mayores contenidos para sentirme que tengo todo lo que debo tener para ser un profesional íntegro.

Seguir haciéndome mi lugar dentro del foro local y lograr las bases para que mi estudio sea el que siempre soñé. Es un esfuerzo permanente, y hay momento en lo que uno se encuentra con lo que quiere alcanzar: que el estudio sea la primer opción cuando le surge un conflicto.

Sobre todo quiero seguir creciendo como profesional, y continuar siendo dirigente dentro del Colegio de Abogados. Más que objetivos parecen convertirse en antecedentes algunos logros en mi vida. Y quiero seguir creciendo.

Me siento orgulloso de poder vivir de mi profesión, de aquello para lo cual me capacité. Pero de todas maneras sigo en la búsqueda de alcanzar mayores niveles de calidad profesional.

 

Con la cultura y la música en las venas

Sabido es que el hermano menor de Ariel Fusco, Nahuel, en su momento fue parte de una banda de rock reconocida en la ciudad: Motin. Y actualmente es reconocido como cantor de tango.

Ariel también tuvo y tiene su faceta artística. De muy joven aprendió a tocar la guitarra y pasó por varios grupos de rock.

Su última participación, que tuvo trascendencia fuera de los ensayos “de garaje” fue con la banda “El Tano”. Y hay quienes dicen que podría retornar a esa faceta.

“De chico me gustó siempre la música. Siempre fui de escuchar, estudiar, leer”, asegura.

“Mi primera etapa como músico fue cantando al poco tiempo de volver de capital. Y como anécdota, si bien la banda nunca salió de los ensayo de garaje, la primera vez que nos juntamos a tocar fue la misma fecha en la que se juntó por primera vez Margarita, en una casa a pocos metros de donde estábamos nosotros”, recordó. Pero considera que luego, con El Tano, debió abandonar la música porque con tanto trabajo se le volvía una obligación y no algo para disfrutar.

• ¿Qué hay de cierto de una nueva convocatoria para ser parte de una banda?

No, por ahora no está en los planes. Tengo pensado volver pero para disfrutarlo, no para sentirlo como una obligación. Ya llegarán los tiempos…

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Autor: Redacción

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