Aníbal y Niembro

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Para la corporación mediática y buena parte de los dirigentes de Cambiemos, el affaire de Fernando Niembro es una mera operación de prensa orquestada por los medios alineados al gobierno. Solo Lanata demostró coherencia pidiéndole la renuncia al cargo.

Por Javier Fernando Guevara

Existe un marco común en casi todos los políticos. Analizan los hechos y la difusión de informes como meros “carpetazos”. Para la corporación mediática y buena parte de los dirigentes locales de Cambiemos, el affaire de Fernando Niembro es una mera operación de prensa orquestada por los medios alineados al gobierno. Solo Lanata (Jorge) demostró coherencia pidiéndole la renuncia al cargo para el cual va a ser electo.

Para el resto de la corporación el hecho no era claro, el precio no estaba tan mal, etcétera, etcétera, etcétera.

Pero nadie puede explicar cómo hacía una empresa sin siquiera un empleado para realizar la tarea de bolsero y/o encuestadora de forma tal de facturar una suma cercana a los millones de pesos. Pingüe negocio para el periodista.

Esa corporación pide que actúe la justicia y le parece hasta de ‘mala leche’ difundirlo en el marco de una campaña proselitista.
Ahora, cuando a Aníbal Fernández lo acusaron a través de una denuncia mediática, una semana antes de las PASO, como el autor intelectual del Triple Crimen, eso estaba bien. De hecho estaba muy bien.

Fernández no puede esperar a que la justicia diga nada y –si dice algo contra la opinión formada por los medios- la justicia no es justicia. Y quienes piden que se esclarezca judicialmente, recuerdan que la justicia nunca llega a ninguna conclusión válida cuando quienes están en el banquillo son funcionarios.

La paradoja es que la justicia es siempre la misma. Porque cuando enjuicien a Niembro (si es que lo enjuician) no va a ser en la Corte de Ruanda. Tampoco cuando quien vaya al banquillo sea Aníbal F (si es que alguna vez ocurre ello).

Aníbal y Niembro pueden ser (o no) dos caras de la misma moneda. Con una gran diferencia: a Aníbal lo acusa un hombre con condena perpetua y un ex policía de dudosa credibilidad.
Independientemente de si el affaire Niembro es o no un operativo de prensa, algo si es claro: los contratos millonarios existieron. De hecho Niembro no los negó. Lo que pone en evidencia que no existen diferencias entre la administración Macrista y lo que le cuestionan a la administración kirchnerista por los contratos con el constructor Lázaro Báez. La única diferencia sería el monto…

La lógica antikirchnerista impide ver que lo de Niembro es tan repudiable como lo de Lázaro. Aunque existiría una gran diferencia: las obras están. Las encuestas ¿se habrán hecho?

Lo de Niembro forma parte de otro clientelismo. Uno tan perverso como el clientelismo de las provincias que tantos cuestionamientos han generado por estos días. Y es que en aquellos casos, los ‘clientes’ no tienen opciones. En este caso sí. Niembro sabía, al firmar esos contratos, que eran por lo menos éticamente cuestionables. Y tan cuestionables eran, que no los publicaron en el Boletín Oficial. ¿De qué sirve el sistema más avanzado para control ciudadano si sólo se alimenta con la información que la administración cree relevante?

El accionar de algunos gobernantes no dista mucho de los caudillos del interior que creen que el Estado es suyo y por ello favorecen a sus amigos. La diferencia con aquellos, es que tienen la osadía de decirlo.

Autor: Redacción

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